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Cine de culto: ‘Mystery Train’ (1989) y el poder del tiempo

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Hoy os hablamos de ‘Mystery Train’, película de culto dirigida por Jim Jarmusch en 1989. ¿Qué podemos hacer frente al poder del tiempo?

Memphis. Finales de los años 80. Dos extraños observan las solitarias calles de una ciudad perdida en el tiempo. Uno de ellos admira la distancia que le separa de su punto de partida, mientras el otro, una mujer que apenas puede dejar de hablar para respirar, calcula si en ese preciso momento está teniendo lugar el inicio de un nuevo viaje. La sombra de las farolas se recorta sobre el asfalto y el silencio se rompe cuando un enorme tren atraviesa Memphis como una fina línea negra sobre el horizonte. Ambos retiran la mirada. No les da tiempo a ver esa furgoneta roja que lleva a tres hombres ebrios en la que, probablemente, sea la peor noche de sus vidas. Nadie diría que están conectados, pero lo están. Todos comparten el mismo tren, aunque sentados en distintos vagones.

Mystery Train (1989)

Como si fueran Los cuentos de Canterbury, Jim Jarmusch realiza en ‘Mystery Train‘ un ejercicio de introspección propio de la generación perdida. Tres historias que poco o nada tienen que ver entre sí. Pero que se entrelazan en el telón de fondo de una Memphis sumergida en el pasado. La cámara de Jarmusch se asocia con la guitarra de John Lurie para dibujar una ciudad que solo es capaz de evocar los éxitos de un mundo que ya no le pertenece. El retrato de Elvis Presley que cuelga en cada habitación de un hotel de negros -pagado por blancos- solo es la agonía de un entorno exento de vida real. Memphis es el fantasma de Elvis Presley. El mismo que, dicen, ha recogido cada habitante de cada casa de cada calle de Memphis. La misma historia. Pero siempre el pasado.

Ninguno de los protagonistas va a llegar a un punto cuando acabe la película. Pero no importa.

Mystery Train‘ es un bello film sobre el tiempo. Jim Jarmusch no resulta ser de esos cineastas que escogen el leitmotiv de su historia y lo colocan en todas las capas de la cinta. Con mucho mimo y cuidado, Jarmusch ofrece tres historias de tres grupos de personajes en una sola noche. Una amalgama de vidas que, en tan solo 45 minutos de cada bloque, son desarrollados con precisión milimétrica. Lo que podría ser una historia de clichés en una polvorienta ciudad de recuerdos acaba dando como resultado una serie de episodios muy bien definidos.

Mystery Train (1989)

El espectador va comprendiendo, conforme acepta el denso ritmo propuesto por Jarmusch en el primer arco argumental, que no hay propósito alguno con todo esto. Y no le importa. Ninguno de esos personajes va a ser formulado con los arquetipos clásicos del audiovisual. Aquí no hay un inicio, un cambio y un final para todos ellos. No van a llegar a ningún punto cuando acabe la película. Pero no importa. Para cuando uno quiere darse cuenta, ya conocemos Memphis. Y simplemente queremos ver cómo trata la ciudad de las leyendas olvidadas a personas que o bien empiezan a formar recuerdos, o bien pretenden olvidar el pasado o, directamente, ser olvidadas.

Conclusiones sobre ‘Mystery Train’. El olvido y otras formas de dejar atrás el pasado. Si es que hay o ha habido alguna vez esa posibilidad.

Mystery Train (1989)

Memphis. Finales de los años 80. Una pareja de japoneses discuten en un tren sobre quién de los dos es mejor, Elvis Presley o Carl Perkins. La discusión es interrumpida por una mujer, nerviosa por saber si está en el tren correcto. Fuego. Esa es la respuesta. El tren arranca. El pasado queda atrás, en Memphis. Pero tres hombres, uno de ellos herido de bala, arrancan una furgoneta roja cuando el sonido de las sirenas de policía se atenúa. Para unos, la historia acaba de empezar; otros seguirán sumidos en el pasado, como los ancianos de ‘Cowboy Bebop‘. Al final, solo los más agudos son realmente conscientes de que luchar contra el tiempo es una absoluta pérdida de esfuerzo. Como poner las manos para frenar un tsunami. O como pensar que soñar es perder el tiempo mientras se está vivo, sin darse cuenta de que, una vez muerto, ya nunca más podremos abrazarnos a ello.

Porque el futuro, al final, pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.

El poder del tiempo. ¿Qué hacer cuando todo se vuelve una imprecisa locura de hojas del calendario que van sucediéndose, una tras otra, sin pararse a respirar? ¿Cómo combatir a un enemigo inexistente?

¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Pero si tuviese que explicárselo a alguien no sabría como hacerlo“. San Agustín dejó escrito esto hace cientos de años. A día de hoy, sigue siendo una de las mejores respuestas para definir qué es el tiempo. Siempre hemos concebido el tiempo como un enemigo. Como algo que se va agotando inexorablemente a cada paso que damos. Cada suspiro. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Y si el tiempo no fuera nuestro enemigo? ¿Y si fuera nuestro amigo?

Pasamos media vida esperando algo que va a suceder y la otra media esperando algo que nunca sucederá. El presente se agota. En este mismo momento en que me estás leyendo estás más cerca del final. El segundo que precede al siguiente se ha ido. Y nunca volverá. No importa cuántas veces sueñes con la idea de volver atrás. El mismo ahora se convierte en pasado una vez se pronuncia. Por eso no tenemos que luchar contra un enemigo que no existe. Simplemente abrazar el hecho de existir. De estar vivos en este instante.

Malgasté el tiempo. Ahora el tiempo me malgasta a mí“. Lo dijo William Shakespeare. Y ahora lo comparto con vosotros, de la misma forma que Jim Jarmusch lo hizo en ‘Mystery Train‘, la película con la que reabrimos la sección de cine de culto. Lo que hay que tener claro es que ninguno de nosotros debería perder nada de nuestro tiempo. Sí, probablemente los hubo más bellos. Pero este es el nuestro.


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David Lorao

Graduado en Periodismo. Concibo el cine como la fábrica de sueños que forjó George Méliès y vivo a medio camino entre el Asilo de Arkham y la Cocina del Infierno. Devorador de cómics y adicto a la literatura y las series de televisión. Admiro por encima de todo la obra de Alan Moore, Frank Miller y Neil Gaiman, aunque no le daría la espalda a nada que haya salido de los lápices creativos de Ibáñez. Generación ‘Goonie’ y pasión por la escritura. “Nunca abandones tus principios, ni siquiera en presencia del apocalipsis”. También puedes leerme en twitter como @goonielor.