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Crítica de ‘Star Wars: El Despertar de la Fuerza’ (Libre de Spoilers)

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J.J. Abrams ha conseguido que Star Wars vuelva a ser lo que siempre fue; diálogos solventes, personajes bien dibujados en una trama justificada, y acción envuelta en el paradigma de los efectos especiales.

Star Wars ha vuelto. Ha vuelto una historia realizada con talento, reposo y trabajo. Ha vuelto una trama que le da el espaldarazo merecido al guión. Ha vuelto una trama donde la acción y las revelaciones avivan el fuego interno. Ha vuelto un amplio elenco de personajes con fuerza y refresco; algunos históricos, otros futuros. Ha vuelto, como bien dice el título, a despertar la fuerza de la saga del sci-fi por excelencia. J.J. Abrams coge el testigo de Irvin Kershner, Richard Marquand y George Lucas, lo moldea a su gusto y fabrica una pieza asombrosa. Sin carencias, más que la trama pueda sonar al espectador en demasiados detalles. Detalles que, sin embargo, sabe esconder tras la máscara de una fotografía (Daniel Mindel) propia de Emmanuel Lubezki, giros argumentales y nuevos personajes que le otorgan una nueva dimensión al Episodio VII.

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La apariencia a blockbuster de fábrica permanece, sin embargo, dicha fórmula para el entretenimiento no afecta para que The Force Awakens consiga cubrir el amplio espectro de acción de una sci-fi con todas sus letras. Se respira el aroma de la trilogía original, el aroma de un guión bien trabajado que no deja cabos sueltos, pero permite la entrada de los siguientes episodios sin necesidad de echar atrás la vista para comprobar que todo está en orden. Parece ser que J.J. Abrams, después de dirigir las últimas dos cintas de Star Trek (2009 y 2013), ha encontrado su especialidad; regenerar el apartado del space opera en favor de un espectáculo visual con buen contenido y gran forma. Y todo ello, con una dificultad añadida; superar las películas pretéritas y fabricar una membrana que respete el clásico, pero con visos al futuro. Que el efectismo y la acción son los valores heredados por el cineasta no suena extraño, pero sí el perfilado de personajes que drenan, con humor, la carga del diálogo entre ataque y replica, entre láser y bláster, entre la Resistencia y el Lado Oscuro. Mantiene la tensión durante los 135 minutos, y la mantiene gracias a un clímax continuo, donde el espectador puede apreciar toda la artillería de efectos especiales, imágenes asombrosas y el resurgimiento de nuevos personajes que, como nombra el Episodio III, serán la nueva esperanza de los Jedi. A pesar de generar emoción, evidente tras diez años de espera, no se entretiene en ello, sino que la pieza traza una trayectoria con total normalidad, sin tremendismos, sin evocar a la lágrima fácil. También es cierto que Abrams se ve obligado a introducir personajes que sólo se encargan de provocar una regresión en el espectador, pero poco aportan a una obra que se sustenta como el renacer de la fuerza, aunque de ella se haga un uso demasiado forzado. Y, como acostumbra, todo ello acompañado de un John Williams al que parece no afectarle la edad; brillante composición, brillante el estimulo que genera mientras el espectador se arruga ante tan magnas persecuciones, enfrentamientos y nuevas apariciones. Un regreso inmejorable.

Aunque la reaparición de ciertos personajes, como Han Solo o Leia, no haya resultado del todo satisfactoria, dado su pobre arco narrativo, en The Force Awakens se experimenta esa nueva esperanza gracias a las actuaciones de John Boyega, Daisy Ridley, Adam Driver, Domhnall Gleeson y Oscar Isaac. Las cinco puntas del nuevo templo galáctico. Las cinco puntas que sustentarán la nueva y definitiva trilogía (a falta de los episodios VIII y IX). En particular, merece mención la interpretación de Gleeson, quien parece haber sido diseñado para encarnar al General Hux, sin necesidad de actuar. Perfectamente creíbles en cada uno de sus papeles, los nuevos estandartes de la empresa creada por George Lucas, ayudan a generar la nueva savia que reenganche a los seguidores acérrimos, y a los que todavía no conocen un mundo repleto de ascensiones al poder, descensos íntimos y una lucha interminable entre ambos.

La historia es familiar, el montaje similar y los personajes vuelven a tomar el poder narrativo que perdieron en las últimas películas, sin embargo, J.J. Abrams ha conseguido que Star Wars vuelva a ser lo que siempre fue; diálogos solventes, personajes bien dibujados en una trama justificada, y acción envuelta en el paradigma de los efectos especiales. Episodio VII es, si no la mejor, una de las dos mejores piezas de la saga. Hasta la fecha.