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La película de ciencia ficción de culto que ni Spielberg pudo hacer

La película de ciencia ficción de culto que ni Spielberg pudo hacer

Un solo creador frenó a Spielberg, Seth Rogen y a Hollywood entero durante décadas. Su motivo es inesperado y profundamente personal.
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Nadie se atreve a decirle que no a Spielberg… salvo un hombre. Y ese hombre lleva cuarenta años protegiendo un clásico de la ciencia ficción como si fuera un tesoro capaz de romperse con solo mirarlo. Jonathan R. Betuel no solo rechazó a Spielberg: también dejó fuera de juego a Seth Rogen y a todo Hollywood, que lleva décadas intentando resucitar este clásico de la ciencia ficción de los  ochenta sin conseguir siquiera acercarse a su universo.

Lo más fascinante es que el bloqueo no viene de grandes estudios ni contratos imposibles, sino de una decisión personal: Betuel no quiere que nadie toque su creación. Y esa resistencia casi romántica ha convertido a The Last Starfighter en uno de los títulos imposibles de rehacer… incluso para los titanes de la industria.

Cuando Spielberg llamó a la puerta y la puerta no se abrió

La anécdota parece inventada: Spielberg se interesa por un remake de The Last Starfigther, comenta con ilusión la posibilidad de resucitar la historia y, cuando intenta mover los hilos para conseguir los derechos, descubre que alguien le ha cerrado el paso. No es Warner. No es Universal. No es ningún gigante legal. Es Betuel. Es el propio escritor diciendo: “No”.

Y la cosa toma tintes todavía más curiosos cuando Seth Rogen, después de intentarlo durante años sin éxito, se sincera en redes y confiesa que incluso Spielberg reconoció que tampoco había podido convencer al creador. No hablamos de cualquier director, sino del responsable de E.T., Jurassic Park y media mitología cinematográfica moderna.

Aun así, Betuel se mantuvo inmóvil. Como si temiera que un solo movimiento pudiera desvirtuar la esencia de lo que construyó en los ochenta.

La chispa que encendió la historia: un niño en una recreativa y un mito artúrico

the last starfighter

Betuel ha explicado muchas veces que la inspiración para The Last Starfighter surgió de dos fuentes que, a primera vista, no podrían estar más alejadas entre sí. Una era una estampa cotidiana: un niño concentrado delante de una máquina de arcade, entregado al simple acto de superar su propia puntuación. La otra era la lectura de The Once and Future King, la reinterpretación de la leyenda del Rey Arturo.

De esa combinación nació una idea poderosa: un héroe moderno que no extrae una espada de una roca, sino que activa algo extraordinario al dominar un videojuego. La metáfora funcionaba porque el espíritu del cine fantástico de los ochenta se alimentaba precisamente de esa mezcla de inocencia y aventura, esa sensación de que cualquier chico normal podía convertirse en leyenda si se cruzaba con la historia adecuada.

Y ahí está Alex Rogan, el adolescente que pasa de la rutina del parque de caravanas al puente de mando de un caza interestelar gracias a un high score. Ese salto brusco entre la vida terrenal y la épica espacial es exactamente la clase de fantasía que definió a toda una generación.

Un final que dejaba medio universo preparado para una secuela

Lo curioso es que la película termina con una invitación clarísima a continuar la historia. Alex vuelve a la Tierra para despedirse, Maggie decide unirse a él más allá de las estrellas y Louis, su hermano pequeño, corre hacia la recreativa con esa mirada de “algún día me tocará a mí”. Es el tipo de cierre que pide a gritos que alguien explore lo que viene después.

Sin embargo, el paso del tiempo no trajo continuación alguna. El rompecabezas legal entre estudios nunca ayudó, pero la verdadera barrera era otra.

Betuel no estaba dispuesto a dejar que nadie manejara su universo si no era en los términos que él mismo consideraba adecuados. Y Hollywood, acostumbrado a tomar la iniciativa, chocó una y otra vez contra ese muro invisible.

Rogen insistió, Hollywood tanteó, pero Betuel siguió diciendo que no

película de ciencia ficción de 1984 starfighter

Película de ciencia ficción de 1984 Starfighter

A lo largo de los años, Betuel ha visto desfilar interesados, ofertas, alternativas y propuestas que prometían actualizar la película con tecnología punta y presupuestos capaces de mover montañas. Y sin embargo, la respuesta siempre volvía al mismo punto. No es que no existiera interés. Es que no existía permiso.

Su negativa constante no suena a capricho ni a ego desbordado. Más bien parece una defensa casi visceral de la identidad de la obra. Betuel ha insinuado en varias entrevistas que la idea de una secuela o un remake podría abordarse, pero solo si se mantiene aquello que hacía única a la original: el encanto ingenuo, la emoción juvenil y la magia de los videojuegos como puerta a otros mundos. Y ahí está el verdadero problema. Ese tipo de ingenuidad solo puede nacer en un contexto muy concreto. Intentar recrearla hoy podría sentirse mecánico, incluso forzado.

¿Se puede rehacer un mito ochentero sin romper su hechizo?

Los videojuegos ya no son las máquinas misteriosas que eran en 1984. La épica de una recreativa escondiendo un programa de reclutamiento intergaláctico ya no funciona de la misma manera. Hoy, cualquiera con un mando en la mano entiende perfectamente que sus reflejos podrían servir en un simulador real. La fantasía de The Last Starfighter se apoyaba en la sorpresa, en la idea de que un juego sencillo podía esconder algo imposible.

También hay una cuestión emocional que define a la película: su tono. Aquella mezcla de aventura familiar, ciencia ficción aspiracional y humor ligero es hija directa de su época. Repetirla hoy sin imitarla sería complicadísimo. Y copiarla sin alma sería traicionar lo que fue. Quizá por eso Betuel siente que cualquier intento de rehacerla terminaría por borrar la misma chispa que la hizo especial.

Tal vez lo más valioso es que alguien haya decidido protegerla

En un Hollywood que recicla ideas sin descanso, la existencia de una película que se resiste a ser revivida casi parece un acto de rebeldía poética. Betuel puede estar impidiendo proyectos millonarios, sí, pero también está preservando algo que pocas franquicias consiguen mantener: el aura.

Dejar The Last Starfighter exactamente dónde está no la condena al olvido, sino que la mantiene congelada en el momento perfecto. Allí donde Alex mira hacia las estrellas con esa mezcla de miedo y entusiasmo. Allí donde Grig sonríe como un mentor orgulloso. Allí donde la recreativa brilla esperando al siguiente elegido. Quizá el mayor homenaje posible no es rehacerla, sino recordarla tal como era. Una promesa ochentera encapsulada en luz digital y emoción auténtica.

¿Tú qué harías? ¿La revivirías o la dejarías brillar como ese clásico que nunca necesitó segunda vida? Coméntalo abajo y síguenos en Google News para más viajes nostálgicos al cine que nos hizo soñar.

carlos gallego guzmán

Carlos Gallego Guzmán

Carlos Gallego Guzmán ISNI: 0000 0005 1791 9571 es fundador y director de Cinemascomics.com, medio líder en información de cine, series, cómics y cultura pop en español. Con más de una década de experiencia en el sector digital, ha desarrollado una línea editorial centrada en grandes franquicias como Marvel, DC, Star Wars, ciencia ficción y animación. Su trabajo ha sido referenciado por múltiples plataformas y bases de datos internacionales, consolidando su identidad digital a través de identificadores oficiales como Wikidata e IMDb.

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