Inicio Cómics ‘Riesgo suicida’: ¿por qué los buenos se vuelven malos?

‘Riesgo suicida’: ¿por qué los buenos se vuelven malos?

1640
Portada Riesgo Suicida
Portada Riesgo Suicida

En ‘Riesgo suicida’, Mike Carey ofrece una nueva vuelta de tuerca sobre el mundo de los superhéroes. Muy en la moda actual, el británico plantea un mundo real en el que hay un fenómeno que crea criaturas poderosas, hasta el punto de que se trafica con los poderes como si fueran una droga más. Pero las incógnitas planteadas sobre este efecto y sus resultados van más allá de las que su simple argumento presenta.

Editado recientemente por Aleta, el cómic remarca el carácter del sello de Basalo, que sigue apostando por material menos conocido en nuestro país pero cuyos autores o ideas son siempre un sinónimo de trabajo e ideas nuevas. Mike Carey, quien convirtió ‘Lucifer’ en cabecera de Vértigo y desarrolló una etapa X-Men que merece la pena recuperar, nos lleva a un mundo en el que, por alguna razón desconocida, parece que todos los superhéroes acaban volviéndose villanos.

Con un planteamiento lineal común (un humano normal se adentra en el mundo de los poderes de forma repentina), Carey muestra un mundo creíble y unas situaciones centradas en el elemento humano y en el interrogante en torno a los motivos del cambio de bando, elementos que mueven las primeras páginas del relato. No obstante, cumpliendo la máxima de DeMille, el terremoto deja paso a algo más grande, de forma que la historia sufre un giro drástico. No se puede contar mucho más, ya que una pista destrozaría la lectura de esta primera entrega.

La historia no es la mas original y parece que no puede dar mucho mas de sí, pero el aficionado al cómic se acerca a Riesgo suicida debido a su confianza en un guionista que siempre sorprende o por lo menos cumple con todo lo que se espera. Heredera en ciertas cuestiones del ‘Powers’ de Bendis y Oeming, la obra se despega rápidamente de esa estela y empieza a caminar por senderos propios. Carey opta por plantear algo que es interesante para después dar una bofetada al lector y cambiar todo en pocas páginas. El citado giro hace que lo planteado antes se vea como una distracción, pero el británico ha demostrado en muchas ocasiones que nunca añade detalles a la ligera, por lo que tendrán su explicación en futuros números.

El dibujo de Elena Casagrande se adapta bien y resulta dinámico, aunque le falta espectacularidad. En los tramos más superheroicos maneja un ritmo que anima a la lectura y completa la narración de forma adecuada. Imita un poco los planos de la cámara al hombro propios del cine, tendencia habitual entre muchos dibujantes italianos que han desembarcado en Estados Unidos, lo que le añade un cierto tono documental. Impulsada por su trabajo en series independientes como ‘Hack/Slash’ y en encargos mayores (como Hulk para Marvel), la italiana demuestra que contar una historia va más allá de dibujar lo que te pasan escrito; importa mucho cómo se muestra lo que se cuenta.

En definitiva, Riesgo suicida es un cómic muy recomendable dentro del saturado panorama del mundo superheroico, ya que atrapa y sorprende. Habrá que ver hasta dónde puede llevar Carey un cómic en el que la sorpresa, una vez asimilada, puede lastrar la historia. Esperemos que tampoco se convierta en una montaña rusa de sorpresas que acaben por atragantar al lector.

Artículo anteriorGrant Morrison, verdugo de superhéroes
Artículo siguienteJulianne Moore: una actriz de bella madurez
José Carlos Royo
Desde que tengo memoria he leído cómics. Mi madre me compró el primero antes de aprender a leer bien, alguien le contó a la pobre que ayudaba a los niños a acercarse a la lectura. Aún busca a la persona que se lo dijo para agradecérselo apropiadamente, con un garrote. Apasionado del mundo de la viñeta devoro todo cómic que se me pasa por delante. El americano es mi predilección pero el japonés y el europeo también llena mis estanterías. Si le añades los libros, las series de tv y las películas soy lo que hoy día llaman friki, y estoy orgulloso de serlo. Periodista con tendencias televisiva,s cuando me lo permiten hasta escribo. No me caso con nadie y ya sea aburrido, trepidante, intenso o un gasto de papel, un cómic hay que leerlo y comentarlo para que este de verdad vivo.