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Eduardo Noriega se enfrenta a su personaje más incómodo en La Ahorcada: “Todos tenemos algo de él, aunque no queramos verlo”

Eduardo Noriega se enfrenta a su personaje más incómodo en La Ahorcada: “Todos tenemos algo de él, aunque no queramos verlo”

Eduardo Noriega explica cómo ha construido su personaje en La Ahorcada, una figura incómoda y contradictoria en una historia que va más allá del terror.
eduardo noriega en la ahorcada

La Ahorcada ya está en cines y, más allá del salto al terror de Miguel Ángel Lamata, hay un elemento que termina pesando más de lo que parece cuando sales de la sala: el personaje de Fran, interpretado por Eduardo Noriega, que no es precisamente fácil de digerir, pero sí de los que se quedan rondando después.

Porque la película funciona como thriller sobrenatural, con ese juego de atmósferas, presencias y tensión que va creciendo poco a poco, pero en realidad lo que la sostiene es algo bastante más incómodo y reconocible: una historia de amor mal gestionada, de heridas que no se han cerrado y de alguien que intenta seguir adelante sin enfrentarse a lo que ha dejado atrás. En el caso de Fran, se traduce en un personaje que no puedes simplificar en buenos y malos sin perder lo interesante.

Un hombre que huye de sí mismo sin darse cuenta

Durante la entrevista Eduardo Noriega comparte que ha construido el personaje desde un lugar más complejo de lo que podría parecer en una primera lectura, porque no se limita a interpretarlo como alguien que ha hecho daño, sino como alguien que no ha sabido enfrentarse a lo que le pasa.

Él mismo lo define de una forma bastante clara, alejándose de etiquetas fáciles: “Es un personaje complejo, alguien con un miedo atroz a envejecer, a perder, a no volver a vivir ese gran amor, y lo encontramos en un momento en el que está muy sobrado, saltando de flor en flor y pasando un poco de todo el mundo… seguramente por desamor.”

Ese matiz cambia completamente la lectura del personaje, porque no lo convierte en alguien frío sin más, sino en alguien que está reaccionando mal a algo que no ha sabido gestionar. Y ahí es donde empieza a resultar incómodo.

Eduardo Noriega: Construir un personaje que no busca caer bien

Uno de los retos evidentes para Eduardo Noriega en La Ahorcada era evitar que el espectador se desconectara de él demasiado pronto, porque en cuanto un personaje se percibe como completamente ajeno, la historia pierde fuerza.

Noriega lo tiene muy claro y lo explica desde el propio trabajo actoral, insistiendo en la necesidad de encontrar contradicciones reales dentro del personaje: “No era fácil de defender, porque tienes que hacer un personaje contradictorio, con defectos pero también con virtudes, para que el público pueda identificarse con él, porque si solo haces un cabrón, el espectador se distancia automáticamente.”

Ese equilibrio es precisamente lo que permite que la película funcione a otro nivel, porque obliga al espectador a convivir con alguien que no le resulta cómodo, pero al que tampoco puede rechazar del todo.

El pasado está ahí, aunque no se diga en voz alta

rodaje de la ahorcada

Hay algo que se percibe durante toda la película y que no se verbaliza constantemente, y es el peso del pasado en el personaje. Le preguntamos por cómo se trabaja esa carga sin necesidad de explicarla de forma directa, y su respuesta apunta a algo que va más allá del guion: “El trabajo del actor es aproximarse al personaje buscando dentro de sí mismo qué cosas le resuenan, qué similitudes hay, porque todos tenemos una gran persona dentro, pero también podemos ser ruines y miserables.”

Esa idea es probablemente una de las claves del personaje, porque evita que Fran se convierta en algo externo al espectador y lo acerca peligrosamente a algo reconocible. No porque el espectador se identifique con lo que hace, sino porque entiende de dónde puede venir.

Vivir con algo que no sabes nombrar

Uno de los elementos más interesantes de La Ahorcada es que, durante buena parte de la historia, el personaje de Noriega se mueve en una especie de incertidumbre constante. Sabe que algo no encaja, que hay algo fuera de lugar, pero no es capaz de identificar qué está pasando realmente. Y eso genera una tensión distinta a la del terror más directo, porque no se apoya en lo visible, sino en lo que se intuye. “Fran empieza a sentir que algo está pasando, pero no sabe identificar qué, no cree en fantasmas ni en presencias, no puede imaginar que haya alguien en la casa.” Esa negación no es solo narrativa, también es psicológica, porque aceptar lo que ocurre implicaría aceptar algo más profundo.

La normalidad como refugio

la ahorcada fotograma

En ese contexto, el personaje intenta mantener una apariencia de control que, poco a poco, se va desmoronando. No tanto por lo que sucede fuera, sino por lo que no quiere reconocer dentro: “Él intenta normalizar todo para calmarse y para calmar a sus hijas, se niega a comprender que todo esto lo ha provocado él o que hay alguien que viene a por él.” Y ahí es donde la película conecta con algo que va más allá del terror, porque esa necesidad de sostener la normalidad cuando todo indica lo contrario resulta bastante cercana.

Un terror que juega con la mente del espectador

Más allá del personaje, Noriega también señala algo que define muy bien el tono de la película, y es la forma en la que se relaciona con el espectador. No se limita a contar una historia, sino que juega con la percepción. “Es una película que manipula la percepción del espectador, igual que hay un personaje que interviene en los sueños, la película también juega con la mente del público.” Ese planteamiento hace que la experiencia sea más activa, porque obliga a estar atento, a interpretar y a cuestionar lo que se está viendo.

Amor, obsesión y consecuencias

Al final, todo vuelve a lo mismo. El terror es la forma, pero el fondo está en otro sitio. “Habla de amor, de desamor, de cómo el amor mal entendido se convierte en obsesión y acaba siendo autodestructivo.” Esa lectura es la que termina dándole sentido a todo lo demás. Porque lo que ocurre en la película puede ser extremo, puede ser sobrenatural, pero parte de algo que no lo es tanto.

Un personaje que no ofrece respuestas fáciles

Antes de terminar, le planteamos una duda que surge viendo la película, que es si su personaje llega realmente a entender lo que le está pasando. Y su respuesta no cierra nada, pero precisamente por eso encaja con el tono de la historia: “No sé si en algún momento llega a enterarse realmente de lo que ha sucedido con su vida… la venganza es lenta, pero potente y dolorosa.” Y esa sensación de no tener todas las respuestas es lo que hace que la historia no se cierre del todo cuando termina. Porque hay cosas que no desaparecen simplemente porque quieras que lo hagan.

Si te interesan entrevistas así y quieres entender mejor a los personajes que sostienen las historias, síguenos en Google News y no te pierdas lo próximo.

carlos gallego guzmán

Carlos Gallego Guzmán

Carlos Gallego Guzmán ISNI: 0000 0005 1791 9571 es fundador y director de Cinemascomics.com, medio líder en información de cine, series, cómics y cultura pop en español. Con más de una década de experiencia en el sector digital, ha desarrollado una línea editorial centrada en grandes franquicias como Marvel, DC, Star Wars, ciencia ficción y animación. Su trabajo ha sido referenciado por múltiples plataformas y bases de datos internacionales, consolidando su identidad digital a través de identificadores oficiales como Wikidata e IMDb.

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