La Ahorcada ya está en cines y, más allá de ser uno de los estrenos más llamativos del 22 de abril, marca un punto de inflexión claro en la carrera de Miguel Ángel Lamata. Porque no estamos ante un director que simplemente cambia de género, sino ante alguien que llevaba tiempo queriendo contar una historia como esta.
Conocido por títulos como Nuestros amantes o Tensión sexual no resuelta, Lamata siempre ha jugado en terrenos más cercanos a la comedia o al romance con cierto tono irónico, pero en La Ahorcada da un giro hacia un terror mucho más emocional, más incómodo y, sobre todo, más personal de lo que podría parecer a primera vista. Y después de hablar con él, queda claro que este salto no es casual.
En el vídeo que acompaña a este artículo puedes ver la conversación completa con Miguel Ángel Lamata, donde profundiza en su relación con el terror, el origen del proyecto y la forma en la que ha construido esta historia.
De qué va La Ahorcada, la película que ya está en cines
La película parte de una premisa sencilla pero cargada de intención: una cantautora se suicida en el jardín de su amante después de ser abandonada, pero su historia no termina ahí. Su presencia permanece en la casa, y lo que empieza como una historia de fantasmas evoluciona hacia algo más oscuro, donde la obsesión, la manipulación y las emociones no resueltas convierten la vida de esa familia en un entorno cada vez más inquietante.
El personaje de Rosa, interpretado por Amaia Salamanca, se convierte en el eje de ese conflicto, mientras que Fran, al que da vida Eduardo Noriega, representa ese pasado que intenta seguir adelante sin cerrar del todo lo ocurrido. En medio de todo aparece Patti, interpretada por Cosette Silguero, que actúa como punto de conexión entre ambos mundos, permitiendo que la historia avance desde un lugar más inquietante que espectacular.
Un director que siempre ha tenido el terror en la cabeza
Lo interesante es que, aunque el público lo asocie a otro tipo de cine, Lamata reconoce que el terror siempre ha estado ahí. Durante la entrevista lo explica sin rodeos, tirando de recuerdos que van mucho más atrás de su carrera como director: “Mucha gente me ha dicho que La Ahorcada tenía que haber sido mi primera película”.
Lejos de ser una frase promocional, tiene sentido cuando empieza a hablar de sus referencias, de su infancia rodeada de monstruos y de cómo el cine y la literatura de terror formaron parte de su imaginario desde muy pequeño. “Desde que era un enano el cine de terror me ha maravillado… el cine, la literatura, los cómics”.
Ese vínculo temprano explica por qué el tono de La Ahorcada no se siente impostado, sino natural dentro de su evolución como narrador.
Stephen King, el origen de muchas cosas
Si hay una influencia que aparece con fuerza en la conversación es Stephen King, al que Lamata menciona como una referencia constante desde joven. No como un guiño superficial, sino como alguien que marcó su forma de entender el género. “Yo esperaba con verdadera ansia la siguiente novela del maestro Stephen King”. Ese tipo de relación con el terror es lo que permite que La Ahorcada funcione más allá de sus elementos sobrenaturales, porque conecta con algo más emocional.
La Ahorcada: terror, sí… pero sobre todo relaciones
Uno de los puntos más interesantes de la charla es cómo define la película. Porque insiste en que el terror es importante, pero no es lo único. “Era una historia… una inmersión en el terror, pero también una pequeña exploración psicológica sobre nuestras áreas oscuras”. Ahí está la clave de la película.
La Ahorcada no funciona solo por lo que ocurre, sino por lo que representa: relaciones que se rompen mal, emociones que no se gestionan y esa mezcla de orgullo y egoísmo que puede acabar contaminándolo todo: “El orgullo y el egoísmo estropean a veces algo tan noble como enamorarse de alguien”. Ese enfoque es lo que le da personalidad dentro del género.
El terror como una forma de llevar la historia más lejos
En un momento especialmente interesante, Lamata plantea una idea que define perfectamente el concepto de la película. Lo hace comparando la historia con otros relatos conocidos, pero llevándolos a un terreno más extremo: “¿Qué pasa si de repente el fantasma se queda ahí… y decide que todavía puede reivindicarse un poco más?”. Esa pregunta es el corazón de La Ahorcada.
Porque el terror aquí no es una excusa, es una herramienta para amplificar el conflicto emocional: “No me suicido por amor… me suicido porque como ente sobrenatural voy a tener más influencia”. Esa idea cambia completamente la forma en la que se percibe al personaje y la historia.
Cómo llegó Lamata a esta historia
El proyecto tampoco surge de forma casual. Lamata ya conocía el trabajo de Mayte Navales y estaba pendiente de su siguiente obra, así que cuando leyó el primer borrador de La Ahorcada lo tuvo claro desde el principio: “Cuando leí el primer draft dije: quiero los derechos de esto”.
Esa reacción directa explica el tono de la película, que se siente más cercana a una necesidad creativa que a una decisión calculada.
Una película que llevaba tiempo queriendo hacer
Levantar el proyecto no ha sido fácil, como suele ocurrir en el cine español, pero el resultado responde a algo que el propio Lamata define de forma bastante clara. “Para mí esta película es una pesadilla hecha realidad… una linda pesadilla”. Y esa definición encaja perfectamente con lo que propone La Ahorcada. No es una película cómoda. No busca gustar a todo el mundo. Pero tiene claro lo que quiere contar.
Puedes completar la experiencia con nuestra crítica completa de la película y el repaso a los estrenos del 22 de abril, donde La Ahorcada ya está disponible en cines.
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