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Lee Cronin reinventa The Mummy como terror familiar extremo y deja una película tan impactante como irregular
critica la momia de lee cronin

Lee Cronin reinventa The Mummy como terror familiar extremo y deja una película tan impactante como irregular

Pocas decisiones hay más arriesgadas que coger un icono del cine clásico y convertirlo en algo que prácticamente reniega de su propia esencia. La momia de Lee Cronin se lanza de cabeza a ese abismo y lo hace con una idea muy clara: abandonar la aventura y convertir el mito en una experiencia incómoda, física y profundamente perturbadora.

No es una reinterpretación suave ni un guiño moderno. Es un golpe directo al espectador.

Una momia que no quiere entretenerte, quiere incomodarte

Desde el primer momento, Lee Cronin deja claro que su referencia no está en el cine de aventuras que popularizó The Mummy ni en el blockbuster más reciente de The Mummy. Aquí el ADN está mucho más cerca de The Exorcist o Hereditary.

La premisa funciona como un disparo seco. Una niña desaparece en circunstancias extrañas y, años después, regresa a casa… pero lo que vuelve no es exactamente la hija que sus padres recuerdan. A partir de ahí, la película se convierte en un descenso progresivo hacia un horror doméstico que explota uno de los miedos más primarios: que aquello que amas se convierta en algo irreconocible.

Cronin entiende perfectamente ese punto de partida y lo exprime con mala leche. El problema es que no siempre sabe cómo sostenerlo.

Entre el misterio sobrenatural y el horror más físico

Uno de los grandes conflictos de la película está en su identidad. Durante buena parte del metraje intenta jugar a dos bandas: por un lado, construir un misterio sobre qué ocurrió realmente con la niña; por otro, entregarse sin filtros al body horror más explícito. Y ese choque se nota.

Cuando la historia apuesta por el misterio, genera tensión. Hay una sensación constante de que algo no encaja, de que hay piezas que faltan y de que la explicación puede ser incluso peor que lo que estamos viendo. Pero en el momento en el que decide sobreexplicar y verbalizar lo que ocurre, la película pierde parte de su fuerza.

En cambio, cuando se lanza al terror físico, es cuando realmente cobra vida. Hay escenas que son directamente incómodas de ver, no tanto por lo que muestran, sino por cómo lo hacen. La degradación del cuerpo, los sonidos, los pequeños detalles… todo está diseñado para generar rechazo.

Ahí es donde se nota la herencia de Evil Dead Rise. Cronin domina ese tipo de horror, lo controla y lo ejecuta con precisión quirúrgica. El problema es que recurre tanto a él que termina saturando.

El exceso como arma… y como debilidad

la momia de lee cronin fotograma

La película no tiene miedo a cruzar límites. De hecho, parece disfrutar haciéndolo. Hay momentos que rozan lo grotesco de una forma casi creativa, con una energía que recuerda al cine más desatado de Sam Raimi o incluso al primer Peter Jackson. Secuencias en las que el horror se mezcla con un humor negro muy retorcido y que funcionan precisamente porque rompen la tensión de forma inesperada. El problema es que esos momentos no son la norma, sino la excepción.

La mayor parte del metraje apuesta por una acumulación constante de estímulos: más violencia, más incomodidad, más deformidad. Y lo que al principio impacta, termina perdiendo efecto. El espectador se acostumbra, se protege, y el terror deja de escalar.

En lugar de ir a más, se queda estancado en un mismo nivel de intensidad.

Un drama familiar que nunca termina de explotar

Sobre el papel, el conflicto central es potentísimo. Una familia que ha perdido a su hija y que, cuando la recupera, descubre que esa vuelta es peor que la pérdida. Es una idea que podría sostener toda la película. Pero no lo hace.

Laia Costa intenta construir esa desesperación desde un lugar emocional muy creíble, pero el guion no le da suficiente espacio para desarrollarla. Las decisiones de su personaje se entienden, pero no siempre se sienten.

Por su parte, Jack Reynor queda en una posición más desdibujada, con una interpretación que parece desconectada del horror que le rodea, como si estuviera en otra película distinta.

El resultado es que el drama nunca termina de pesar. Está ahí, se intuye, pero no se convierte en el motor emocional que debería ser.

Un ritmo que juega en contra

la momia de lee cronin fotograma

Si hay un elemento que termina de romper el equilibrio de la película es su duración. Con más de dos horas de metraje, la sensación de desgaste es inevitable. No porque no pasen cosas, sino porque la estructura no ayuda. Hay tramos que se alargan innecesariamente y otros que pasan demasiado rápido, generando una narrativa irregular que nunca encuentra su ritmo.

La investigación paralela, que podría haber aportado contexto y profundidad, acaba resultando más un lastre que un complemento. Interrumpe la tensión en lugar de reforzarla y contribuye a esa sensación de que la película no termina de decidir qué quiere ser.

Entre la brillantez y el agotamiento: el gran dilema de la película

Lo que deja La momia de Lee Cronin es una sensación muy concreta: estamos ante una película con ideas muy potentes, pero sin el control necesario para convertirlas en algo realmente sólido.

Cuando funciona, es salvaje. Hay imágenes, sonidos y momentos que se quedan grabados, que demuestran que Cronin tiene una voz propia dentro del género y que no tiene miedo de arriesgar.

Pero cuando falla, se vuelve repetitiva, pesada y, en algunos tramos, incluso predecible dentro de su propia locura.

No es una mala película, ni mucho menos. Tampoco es la gran reinvención que podría haber sido. Es un experimento irregular, a medio camino entre el terror familiar y el body horror extremo, que apunta alto pero se queda a las puertas.

Si te interesa el género y buscas algo distinto, merece la pena darle una oportunidad. Pero conviene entrar sabiendo que no vas a encontrar una experiencia redonda, sino una propuesta que divide tanto como impacta.

Y si estás pensando en pasar por el cine este fin de semana, puedes completar el plan con nuestro repaso a los estrenos del 17 de abril, donde encontrarás opciones muy diferentes que quizá encajen mejor con lo que buscas.

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The Mummy de Lee Cronin reinventa el terror clásico con una propuesta salvaje y muy irregular
6.5

Veredicto

Una propuesta de terror intensa y visualmente potente que no logra mantener el equilibrio durante todo el metraje.

carlos gallego guzmán

Carlos Gallego Guzmán

Carlos Gallego Guzmán ISNI: 0000 0005 1791 9571 es fundador y director de Cinemascomics.com, medio líder en información de cine, series, cómics y cultura pop en español. Con más de una década de experiencia en el sector digital, ha desarrollado una línea editorial centrada en grandes franquicias como Marvel, DC, Star Wars, ciencia ficción y animación. Su trabajo ha sido referenciado por múltiples plataformas y bases de datos internacionales, consolidando su identidad digital a través de identificadores oficiales como Wikidata e IMDb.

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