La Ahorcada ya está en cines y, más allá de su propuesta dentro del terror, hay un elemento que termina destacando por cómo está construido: el personaje de Patti, interpretado por Cosette Silguero, que consigue escapar de un arquetipo muy reconocible dentro del género para convertirse en algo bastante más orgánico y, sobre todo, más activo dentro de la historia.
Lo interesante es que, sobre el papel, Patti podría haber sido ese recurso clásico que tantas veces hemos visto, la niña que percibe lo que los demás no ven y que funciona como puente entre el espectador y lo sobrenatural, pero en este caso la sensación es distinta, porque el personaje no se queda en esa función, sino que evoluciona y toma decisiones, lo que cambia completamente la forma en la que se desarrolla la trama.
Durante la charla con la actriz se percibe que esa diferencia no es casual, sino que viene de un proceso bastante personal a la hora de construir el personaje, alejándose de soluciones rápidas y apostando por algo más trabajado desde dentro.
Pensar el personaje antes de rodarlo
Uno de los detalles que más llama la atención es la forma en la que aborda la preparación, porque no habla de técnicas complejas ni de referencias académicas, sino de algo mucho más cotidiano que, precisamente por eso, termina funcionando mejor en pantalla.
Explica que aprovecha los trayectos diarios para imaginar cómo sería el personaje, probando ideas, dándole vueltas a pequeñas decisiones y construyendo poco a poco una personalidad que luego traslada al rodaje, lo que hace que el resultado tenga una naturalidad que se aleja bastante de lo forzado.
Ese tipo de proceso encaja especialmente bien con un personaje como Patti, que necesita sentirse real incluso cuando está rodeado de elementos sobrenaturales.
Inspirarse sin copiar
Evidentemente, dentro del género hay referentes inevitables, y ella misma reconoce que El sexto sentido estuvo presente como punto de partida, aunque la clave está en cómo lo utiliza.
No se trata de replicar ese tipo de personaje, sino de entenderlo y llevarlo a otro terreno, dándole un enfoque propio que encaje con la historia de La Ahorcada, lo que se traduce en una Patti que no responde al miedo constante, sino a una relación más consciente con lo que ocurre a su alrededor.
Ahí es donde empieza a marcar diferencias.
Una relación que sostiene la película
Si hay algo que define el desarrollo de la historia es la relación entre Patti y el personaje de Rosa, interpretado por Amaia Salamanca, porque es a través de ese vínculo donde la película encuentra su ritmo.
Lo curioso es que, lejos de construirse desde el conflicto directo, esa conexión nace desde algo mucho más cercano, apoyado en la confianza y en una dinámica que se percibe natural desde el principio, algo que la propia actriz atribuye al ambiente de rodaje y a la relación con Amaia, que facilita que todo fluya sin necesidad de forzar situaciones.
Esa naturalidad es fundamental, porque permite que lo inquietante llegue poco a poco, sin necesidad de subrayarlo.
Cambiar el tono sin perder la comodidad
Otro de los aspectos interesantes es el salto entre registros, porque, aunque el público la haya visto en proyectos más ligeros, en este caso entra de lleno en un terreno mucho más oscuro, algo que podría haber supuesto un reto mayor si no fuera porque, según cuenta, lo afronta desde una cierta facilidad para adaptarse a distintos tonos.
Habla del rodaje en invierno, del frío, de una energía completamente distinta a la de otros trabajos, pero también de un ambiente que sigue siendo cercano, lo que facilita que el cambio de género no se convierta en un obstáculo, sino en una oportunidad para explorar otro tipo de personaje.
Trabajar con lo que no está presente
Como ocurre en muchas películas de este tipo, hay momentos en los que el actor tiene que reaccionar a elementos que no están físicamente en el set, algo que en su caso resuelve desde lo práctico, apoyándose en la coordinación con el resto del equipo y en tener claro por dónde se mueve aquello que no se ve.
No se trata de imaginarlo todo desde cero, sino de entender el espacio, los tiempos y la interacción con los demás actores, algo que termina siendo más técnico de lo que parece, pero que en pantalla se traduce en una sensación bastante fluida.
Una diferencia clave dentro del género
Probablemente el punto más interesante llega cuando define qué hace diferente a su personaje dentro del cine de terror, porque ahí marca una línea bastante clara respecto a otros referentes.
Mientras que muchas veces este tipo de personajes funcionan desde el miedo a lo que ven, Patti se mueve desde la conciencia de lo que puede hacer, lo que le da una posición distinta dentro de la historia y cambia completamente la dinámica con lo sobrenatural. Esa diferencia es lo que evita que el personaje se quede en algo ya visto.
Un recorrido que evoluciona con la historia
Sin entrar en detalles que puedan estropear la experiencia, también deja caer que el personaje no se mantiene en un mismo punto durante toda la película, sino que evoluciona a medida que avanza la historia, pasando de una cierta inocencia inicial a una mayor comprensión de lo que ocurre a su alrededor.
Ese recorrido es lo que le da peso dentro del relato, porque no se limita a reaccionar, sino que termina formando parte activa de lo que sucede.
Una mezcla que va más allá del terror
Al final, lo que queda claro es que La Ahorcada utiliza el terror como vehículo, pero no se limita a eso, algo que la propia actriz resume como una mezcla entre thriller y terror psicológico que evita caer en lo explícito para centrarse más en lo que genera inquietud.
Esa combinación es la que permite que la película funcione tanto para quienes buscan el género como para quienes buscan algo más en la historia.
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