Hay muertes que nacen de una decisión creativa y otras que se sellan con algo tan mundano como una llamada telefónica. La de Jason Todd, el segundo Robin, pertenece a esta última categoría. Para quien llegó al cómic años después, el dato suena casi irreal: un Robin murió porque los lectores votaron que así fuera. Y no, no es una exageración ni una leyenda de internet.
Lo que ocurrió a finales de los años 80 es uno de los episodios más extraños, arriesgados y decisivos de la historia de DC Comics. Y también uno de los que más ha marcado al mito de Batman.
Un Robin nacido en el momento equivocado
Jason Todd apareció para ocupar el hueco que dejó Dick Grayson, el Robin original. Y ese ya era un problema de base. Dick no solo era querido, era intocable para muchos lectores. Jason, en cambio, llegó en plena transformación del personaje de Batman, cuando DC apostaba por un tono más oscuro y adulto, influido por obras como The Dark Knight Returns.
Este nuevo Robin no era luminoso ni idealista. Era impulsivo, discutía con Batman y mostraba una violencia que incomodaba a parte del público. Algunos lectores apreciaban ese enfoque más crudo, pero muchos otros lo veían como un error o, peor aún, como un sustituto ilegítimo del “verdadero” Robin. La división era real. Y dentro de DC tampoco reinaba el entusiasmo.
Jim Starlin y una idea peligrosa
En ese contexto aparece Jim Starlin, uno de los principales guionistas de Batman en ese momento. Starlin nunca ocultó que Jason Todd no era un personaje que le apasionara, y fue él quien lanzó una idea tan simple como explosiva: permitir que los lectores decidieran su destino.
La editorial aceptó el experimento, muy alineado con el espíritu de la época. En los años 80, los números telefónicos 1-900 se habían convertido en una herramienta popular para concursos, votaciones y campañas promocionales… y también en una fuente directa de ingresos.
Eso sí, conviene aclararlo: ni Starlin ni DC esperaban realmente que los lectores eligieran la muerte de Robin. La votación se concebía como un golpe publicitario, una forma de generar conversación y participación, no como una sentencia irreversible. Ahí estuvo el error de cálculo.

La votación del 1-900: vivir o morir
DC habilitó dos números de teléfono. Uno para votar que Jason Todd sobreviviera. Otro para que muriera. Los lectores llamaban, pagaban la llamada y dejaban su voto.
El resultado fue tan ajustado que todavía hoy cuesta creerlo. Tras miles de llamadas, la opción de dejar morir a Jason ganó por solo 72 votos. Setenta y dos. Una diferencia mínima que cambió para siempre la historia de Batman.
¿Por qué ganó la muerte? Nadie lo sabe con certeza. Con los años han surgido varias explicaciones. Algunos votantes han reconocido que solo querían comprobar si DC se atrevería a hacerlo de verdad. Otros rechazaban directamente la idea de Robin en un Batman cada vez más oscuro. Y, como suele ocurrir en estos casos, también existen historias apócrifas sobre llamadas repetidas, bromistas organizados o marcadores automáticos desde tiendas de cómics.
Nada de eso se ha demostrado. Lo único verificable es el resultado final. Y DC decidió respetarlo.
A Death in the Family: el golpe definitivo
La historia se publicó en A Death in the Family, y no se anduvo con rodeos. Joker captura a Jason Todd, lo golpea brutalmente con una palanca y lo deja abandonado en un almacén que explota poco después. Batman llega tarde.
No hay trampa narrativa, ni resurrección inmediata, ni revelación sorpresa. Jason Todd muere en pantalla. Y el impacto fue enorme. Por primera vez, un personaje central, joven y teóricamente protegido por el estatus de “sidekick” desaparecía de forma definitiva.
Para Batman, aquello se convirtió en una herida abierta. Para los lectores, en una declaración de intenciones: en Gotham ya no había red de seguridad.

Un punto de inflexión para Batman y el Joker
La muerte de Jason Todd cambió el equilibrio de la serie. Batman se volvió más severo, más culpable y más obsesivo. El Joker dejó de ser solo un villano recurrente para convertirse en una amenaza real y permanente, alguien capaz de provocar consecuencias irreversibles.
A nivel editorial, DC descubrió algo fundamental: el público estaba dispuesto a aceptar decisiones extremas… y a convivir con ellas. El cómic mainstream había cruzado una frontera que ya no tenía marcha atrás.
El regreso que dio sentido a todo
Durante años, Jason Todd fue simplemente el Robin muerto. Un recordatorio constante del fracaso de Batman como mentor. Hasta que DC decidió recuperarlo, pero de una forma coherente con todo lo ocurrido.
Su regreso se articuló a través de eventos cósmicos del universo DC y terminó consolidándose en Under the Hood (2005). Jason volvió convertido en Red Hood, un personaje que ya no cree en las reglas de Batman y que está dispuesto a hacer lo que Bruce nunca se permite.
No fue una resurrección cómoda ni nostálgica. Fue una evolución lógica. La muerte votada por teléfono se convirtió, con el tiempo, en el motor de uno de los arcos más potentes y complejos de la mitología de Batman.

El truco de marketing que cambió la historia del cómic
Mirado con perspectiva, el caso de Jason Todd es mucho más que una curiosidad. Es uno de los primeros grandes experimentos de interacción real entre editorial y lectores, con consecuencias permanentes en la narrativa.
DC aprendió que escuchar al público podía ser peligroso. Batman dejó de ser intocable. Y el lector entendió que, a veces, una llamada telefónica puede matar a un héroe. Todo se decidió así. Por 72 votos.
Una editorial decidió escuchar a sus lectores… y descubrió que algunas decisiones no tienen vuelta atrás. ¿Habrías votado tú? ¿Crees que DC hizo bien en abrir esa puerta? Síguenos en Google news para más curiosidades del


