El arranque de 2026 en cines ya tiene su primera gran película polémica. We Bury the Dead, el nuevo thriller de terror protagonizado por Daisy Ridley, ha conseguido algo que no es nada habitual: poner de acuerdo a los críticos… y enfrentarlos directamente con el público. El resultado es una de las mayores brechas recientes entre valoración profesional y reacción de los espectadores en Rotten Tomatoes.
Un estreno que prometía consenso… y acabó dividiendo al público
Presentada en el festival SXSW en marzo de 2025, en España pudimos verla en la pasada edición de Sitges, We Bury the Dead llegó rodeada de buenas sensaciones. La crítica especializada abrazó su propuesta con rapidez, destacando su enfoque distinto dentro del género zombi y elevando su nota hasta un sólido 86% en Rotten Tomatoes tras algo más de medio centenar de reseñas. Todo apuntaba a que la película de Zak Hilditch iba a convertirse en uno de los primeros títulos fuertes del año.
Pero cuando el público general ha podido verla en salas, el panorama ha cambiado de forma drástica. El marcador de audiencia se ha desplomado hasta un 50%, un contraste tan llamativo que ha convertido a la película en tema de debate inmediato. No es una diferencia menor ni anecdótica: es una fractura clara entre lo que buscan los críticos y lo que muchos espectadores esperaban encontrar.
Una historia de zombis… que no quiere comportarse como tal
Parte de esta división nace de su propio planteamiento. We Bury the Dead no es un festival de vísceras ni una carrera constante por la supervivencia. La historia sigue a Ava, el personaje de Daisy Ridley, que viaja a Tasmania tras un desastre militar que ha arrasado la isla con cientos de miles de muertos. Su objetivo no es salvarse, sino encontrar el cuerpo de su marido entre los fallecidos.
El giro llega cuando algunos cadáveres empiezan a mostrar signos de “actividad”. No como hordas descontroladas, sino como presencias inquietantes, casi silenciosas, que obligan a la protagonista a enfrentarse a una pregunta devastadora: ¿qué pasaría si la persona a la que ama vuelve… pero ya no es la misma?
Esta aproximación más reflexiva, centrada en el duelo, la culpa y la imposibilidad de cerrar heridas, ha sido aplaudida por la crítica como una forma de renovar un subgénero agotado. Para buena parte del público, sin embargo, ese mismo tono se traduce en una experiencia lenta, irregular y alejada de lo que esperan cuando entran a ver una película de zombis.
Daisy Ridley, el gran consenso en medio de la tormenta
Si hay un punto en el que casi todos coinciden es en el trabajo de Daisy Ridley. Lejos de los grandes focos de Star Wars, la actriz vuelve a un registro más contenido y físico, sosteniendo gran parte de la película con miradas, silencios y una carga emocional constante. Su Ava no es una heroína clásica, sino una mujer rota que avanza casi por inercia en un mundo que ha dejado de tener sentido.
Las críticas destacan precisamente esa contención, subrayando cómo Daisy Ridley logra transmitir el horror sin necesidad de grandes discursos. Incluso quienes han salido decepcionados de la sala suelen señalar su interpretación como uno de los elementos más sólidos de la película, capaz de elevar un guion que, para muchos, no termina de rematar sus ideas.
Un riesgo creativo que no todo el mundo está dispuesto a aceptar

El director Zak Hilditch ya había coqueteado antes con el terror atmosférico y aquí apuesta por una mezcla de drama íntimo, ciencia ficción y horror existencial. Visualmente, la película aprovecha los paisajes devastados de Tasmania para crear imágenes poderosas, casi bellas, en contraste con la tragedia humana que se narra.
El problema, según las reacciones de audiencia, es que esa ambición no siempre encuentra un equilibrio claro. El último tramo, más cercano a una road movie con elementos de terror, ha sido señalado como el punto donde la historia pierde fuerza y cae en terrenos más convencionales, justo cuando muchos esperaban una resolución más contundente.
Una división que dice mucho del estado del cine de género
Que We Bury the Dead haya generado esta reacción tan polarizada no es casualidad. El cine de zombis lleva años buscando nuevas formas de reinventarse, y cada intento que se aleja del camino conocido corre el riesgo de dejar parte del público por el camino. Aquí, la película ha preferido incomodar y reflexionar antes que entretener de forma directa.
Para algunos, eso la convierte en una propuesta valiente y necesaria. Para otros, en una oportunidad desaprovechada con un concepto potente que no termina de explotar. En cualquier caso, el debate está servido, y eso ya la sitúa como uno de los títulos más comentados de este inicio de año.
¿Experimento fallido o reinvención necesaria?
We Bury the Dead no es un desastre, pero tampoco la película de zombis definitiva que algunos esperaban. Es una obra irregular, ambiciosa y emocionalmente exigente, que pide al espectador algo más que dejarse llevar por la acción. Ahí está su mayor virtud… y también su principal obstáculo.
Ahora la pregunta es clara: ¿prefieres un terror que te haga pensar y te deje mal cuerpo, o sigues buscando la adrenalina clásica del género? La respuesta, como demuestran las notas, depende mucho de quién se siente en la butaca.
¿Te pondrías del lado de la crítica o del público? Cuéntanos qué tipo de cine de terror te funciona a ti y síguenos en Google News para no perderte las películas que más debate están generando.




