Durante años fue el eterno Ron Weasley. Ahora, Rupert Grint abraza definitivamente su vena más inquietante. El actor británico presenta en la Berlinale su nueva película, Nightborn, y confirma algo que muchos ya sospechaban: sin darse cuenta, se ha convertido en una especie de “scream king” moderno.
Y todo empezó… por unas marionetas.
Del fenómeno Harry Potter al terror más incómodo
Durante una década, Rupert Grint fue uno de los rostros más reconocibles del planeta gracias a la saga Harry Potter. Entre 2001 y 2011 encarnó a Ron Weasley junto a Daniel Radcliffe y Emma Watson, formando parte de uno de los mayores fenómenos cinematográficos de todos los tiempos.
Tras el final de la franquicia, lejos de repetir fórmula, el actor optó por un camino más discreto y mucho más oscuro. Sus colaboraciones con M. Night Shyamalan en la serie Servant y en la película Knock at the Cabin ya apuntaban hacia ese territorio inquietante donde se siente cómodo.
Según el propio Grint, casi todo lo que ha hecho después de Hogwarts ha orbitado, de una forma u otra, alrededor del horror.
Un bebé inquietante y folklore finlandés

En Nightborn, dirigida por Hanna Bergholm, interpreta a Jon, un británico que se muda con su mujer a una casa aislada en los bosques de Finlandia. Lo que comienza como el sueño de una familia perfecta se convierte en una pesadilla cuando su recién nacido empieza a mostrar comportamientos… nada normales.
Folklore finlandés, satanismo, depresión posparto y una atmósfera opresiva se mezclan en un relato que juega constantemente con la percepción de la realidad. Y sí, el bebé es una de las grandes piezas del terror de la película.
Rupert Grint confesó que uno de los grandes atractivos del proyecto fue el uso de efectos prácticos y marionetas en lugar de depender exclusivamente del CGI. Para él, trabajar con elementos físicos en el set aporta algo orgánico que el cine actual a veces pierde.
Terror, paternidad y algo muy personal
La historia también tocó una fibra íntima. Rupert Grint acababa de descubrir que iba a ser padre cuando leyó el guion. La película explora el miedo a que algo no vaya bien, la ansiedad de los primeros meses y esa sensación de aislamiento que puede acompañar a la llegada de un hijo.
Rupert Grint ha reconocido que esos temores son reales y que el terror funciona especialmente bien cuando conecta con experiencias humanas profundas. En ese sentido, Nightborn no solo busca asustar, sino incomodar emocionalmente.
El personaje de Jon vive una dualidad constante: intenta sostener su matrimonio mientras sospecha que el peligro puede estar dentro de su propia casa. Ese conflicto interno es, según el actor, lo más interesante del papel.
¿Un nuevo “rey del grito”?
Aunque no fue una estrategia calculada, su carrera reciente parece dibujar un patrón. Casas aisladas, amenazas invisibles, bebés perturbadores… y siempre un componente psicológico fuerte. Grint admite que el género le ofrece un lienzo creativo más amplio, donde puede exagerar emociones y explorar zonas más extremas.
Entre sus referentes recientes menciona Beau Is Afraid de Ari Aster, dejando claro que no le asusta moverse en territorios incómodos.
Eso sí, también reconoce que le apetecería algo más ligero. Curiosamente, su próximo proyecto va en esa dirección: interpretará a Bob Cratchit en Ebenezer: A Christmas Carol, adaptación dirigida por Ti West y protagonizada por Johnny Depp. Un clásico navideño con sello autoral que promete no ser la versión más convencional del cuento de Dickens.
El eterno problema de verse en pantalla
Hay un detalle curioso que humaniza aún más a Grint: no le gusta verse actuar. Confiesa que rara vez mira el monitor en rodaje y que le cuesta disfrutar de sus propias películas porque tiende a analizar cada gesto y cada línea.
Incluso de Harry Potter solo podría soportar —quizá— la primera entrega. El resto prefiere dejarlo en el recuerdo colectivo antes que revisarlo.
Ahora, con el estreno de Nightborn en el Festival de Berlín, vuelve a enfrentarse a esa experiencia incómoda de verse en pantalla. Y aunque bromea con la posibilidad de “escaparse” antes de que termine la proyección, reconoce que es una película que le acompañará durante mucho tiempo.
Rupert Grint ya no es solo el chico pelirrojo de Hogwarts. Entre marionetas perturbadoras, terror psicológico y personajes al borde del colapso, está construyendo una segunda etapa mucho más arriesgada. Y si sigue así, el mundo del horror puede haber ganado oficialmente a su nuevo scream king inesperado.
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