Durante unos pocos años, Kingsman fue exactamente lo que el cine de espías necesitaba: irreverente, violenta, elegante y con una personalidad propia que se alejaba tanto del clasicismo de James Bond como del músculo tecnológico de Misión Imposible. Pero más de una década después de su debut, la franquicia protagonizada por Taron Egerton parece atrapada en un limbo creativo del que le está costando salir. Y, siendo sinceros, ya va siendo hora de que vuelva.
De fenómeno sorpresa a saga estancada
Cuando Kingsman: Servicio secreto llegó a los cines en 2014, pocos esperaban que se convirtiera en uno de los grandes éxitos del año. Su mezcla de acción desatada, humor gamberro y estética de cómic funcionó como un tiro, presentando a Eggsy como un nuevo tipo de héroe y consolidando a Matthew Vaughn como uno de los directores más creativos del género.
El problema llegó con Kingsman: El círculo de oro. Estrenada en 2017, la secuela optó por subirlo todo al máximo: más exceso, más personajes, más locura… y menos control. Para muchos espectadores, el resultado fue una película divertida pero deslavazada, con decisiones narrativas discutibles y un tono que rozaba la autoparodia. El desgaste fue inmediato y la franquicia quedó en pausa indefinida. Desde entonces han pasado casi diez años. Demasiado tiempo para una saga que aspiraba a convertirse en un universo cinematográfico propio.

El público sigue queriendo Kingsman 3
A pesar de ese tropiezo, hay algo que sigue siendo evidente: Kingsman todavía interesa. Eggsy continúa siendo un personaje querido, y Taron Egerton se ha consolidado como una estrella solvente, demostrando su versatilidad en proyectos como Rocketman o thrillers recientes alejados del género de espías.
A eso hay que sumar que el estilo de Vaughn —cámaras imposibles, coreografías extremas y violencia estilizada— sigue siendo prácticamente único en Hollywood. En una era en la que muchas franquicias tienden a homogeneizarse, Kingsman conserva algo que hoy vale oro: identidad.
Por eso resulta tan frustrante que Kingsman: The Blue Blood, la esperada tercera entrega, lleve años retrasándose sin una explicación clara.
Demasiados frentes abiertos, pocas certezas
Parte del problema es que el universo Kingsman no ha estado completamente parado. En 2021 se estrenó The King’s Man, una precuela ambientada en los orígenes de la organización, protagonizada por Ralph Fiennes. Aunque interesante sobre el papel, su recepción fue tibia y no logró reactivar el entusiasmo general por la saga.
Además, hay varios proyectos orbitando alrededor de la marca: una secuela directa de The King’s Man, una serie para Disney+ centrada en la agencia estadounidense Statesman —introducida en El círculo de oro— e incluso conexiones inesperadas con Argylle, otro filme dirigido por Vaughn que juega a insinuar vínculos con el universo Kingsman.
El resultado es una sensación de dispersión. Mucha idea, mucho anuncio… y poco avance real en lo que el público lleva años esperando: el regreso de Eggsy y Harry Hart.
The Blue Blood y el reloj en contra
Sobre el papel, Kingsman: The Blue Blood sigue en desarrollo y apunta, al menos oficialmente, a un estreno en 2027. Tanto Taron Egerton como Colin Firth estarían de vuelta, lo que ya de por sí es una gran noticia para los fans.
El problema es el tiempo. El rodaje se ha retrasado varias veces y, si no entra pronto en producción, ese objetivo de 2027 empieza a parecer optimista. Para cuando llegue a los cines, el salto temporal con El círculo de oro será de una década completa. Un intervalo peligroso para cualquier franquicia que no haya mantenido una presencia constante.
Kingsman no tiene margen para seguir esperando indefinidamente. El interés existe ahora, pero no será eterno.
Los cómics tienen la respuesta

Uno de los grandes errores de la segunda película fue alejarse demasiado del material original. La saga está basada en los cómics de Mark Millar, y ahí sigue habiendo historias potentes por adaptar. Tramas ya probadas, con el tono irreverente y político que definió el espíritu inicial de Kingsman.
Volver a los cómics no solo sería una forma de reconectar con la esencia de la franquicia, sino también de evitar repetir los excesos que lastraron El círculo de oro. Menos fuegos artificiales y más precisión.
Ahora o nunca
Kingsman nació como una alternativa fresca al cine de espías tradicional. Hoy, en plena saturación de franquicias, sigue teniendo algo que muchas han perdido: personalidad. Pero esa ventaja se diluye con cada año que pasa sin una nueva película.
The Blue Blood no debería ser solo una tercera parte por inercia. Debería ser el relanzamiento definitivo de la saga, el recordatorio de por qué Kingsman fue especial en primer lugar. Porque si se deja pasar más tiempo, la pregunta ya no será cuándo vuelve… sino si alguien seguirá esperando. Si no es ahora, puede que ya sea demasiado tarde.
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