Marvel lleva más de una década construyendo un universo gigantesco, colorido y perfectamente reconocible. Superhéroes carismáticos, humor medido, épica accesible. Pero hay un género que siempre ha tratado con cuidado extremo, casi con miedo: el terror puro. Y ahí es donde Blade se convierte en una anomalía incómoda.
Desde el principio, el personaje nunca ha encajado del todo en el molde del UCM. Vampiros, sangre, rituales y violencia física no son precisamente los ingredientes habituales de una franquicia pensada para todos los públicos. Quizá por eso, cada vez que Marvel se ha acercado al horror, lo ha hecho con el freno de mano puesto.
Un universo que coquetea con el miedo… pero no se entrega
El UCM ha jugado muchas veces con elementos de terror, pero casi siempre como adorno. Momentos puntuales, atmósferas concretas, escenas aisladas. Nunca como eje central. Incluso cuando parecía que iba a dar el paso, algo se quedaba a medio camino.
Ahí está Doctor Strange en el multiverso de la locura, con Sam Raimi aportando pinceladas reconocibles de cine de terror… suavizadas justo cuando empezaban a incomodar. O Moon Knight, que prometía oscuridad psicológica y terminó refugiándose en una aventura más convencional de lo esperado. Marvel insinúa el miedo, pero rara vez se atreve a abrazarlo.
Por qué Blade siempre ha sido un problema para Marvel

Blade no es un superhéroe luminoso. No salva gatos de los árboles ni hace chistes para rebajar la tensión. Es un cazador de monstruos en un mundo donde la noche manda. Su mitología exige violencia, pérdida y decisiones desagradables. Y eso choca con el ADN del UCM.
La versión cinematográfica que muchos recuerdan, la de Wesley Snipes, funcionaba precisamente porque no pedía permiso. Era cine de acción con terror, sangre y un tono adulto que no buscaba gustar a todo el mundo. Integrar algo así en el engranaje actual de Marvel nunca iba a ser sencillo.
Cuando Mahershala Ali fue anunciado como el nuevo Blade, la sensación fue de ilusión… y de duda. ¿Hasta dónde iba a dejarle llegar Marvel? ¿Cuánta oscuridad real estaba dispuesta a tolerar?
El terror que Marvel teme perder el control
El problema del terror no es solo estético. Es narrativo. El miedo exige silencio, incomodidad, finales amargos. Exige aceptar que no todo acaba bien. Y eso va contra una estructura diseñada para mantener personajes, franquicias y futuros crossovers.
Un Blade verdaderamente terrorífico no encaja fácilmente en una película coral, ni en una escena postcréditos pensada para generar aplausos. Funciona mejor como historia cerrada, como tragedia personal, como descenso a la oscuridad. Exactamente lo que el MCU suele evitar.
Por eso la filtración de aquel guion ambientado en los años 20 resultó tan reveladora. No solo por su ambientación, sino porque abrazaba el terror sin pedir disculpas. Brujería, vampiros diurnos, sacrificios y un final melancólico. Demasiado poco “Marvel” para sobrevivir intacto.
Cuando el miedo deja de ser rentable
Blade anda suelto en la ciudad
Marvel no rehúye el terror por incapacidad creativa. Lo hace por cálculo. El miedo divide, incomoda y no siempre garantiza repetición. No todos lo disfrutan. No todos vuelven. Y el UCM se ha construido durante años sobre la idea de evento global, de cine que se comparte sin fricción, apto para públicos muy distintos y fácil de integrar en una maquinaria de franquicia.
El terror verdadero funciona justo al revés. Exige silencio, tensión y momentos incómodos. Hace que el espectador se retuerza en la butaca y salga del cine con sensaciones extrañas, incluso amargas. Y eso es lo contrario de una experiencia pensada para el consumo masivo y continuo. Por eso Marvel suele quedarse en el amago, en la estética, en el susto puntual… pero rara vez se entrega de verdad al género.
Esta resistencia de Marvel a abrazar el horror explica también por qué Blade ha sido un proyecto tan problemático desde el principio. No se trata solo de retrasos o cambios creativos: el conflicto es más profundo. De hecho, la filtración de su guion original ambientado en los años 20 revela hasta qué punto el estudio llegó a plantearse una versión mucho más oscura, violenta y melancólica del personaje, antes de dar marcha atrás.
Aquella historia no jugaba a asustar de forma puntual ni utilizaba el terror como simple adorno. Apostaba por vampiros, brujería, sacrificios y un tono trágico que colocaba a Blade más cerca del cine de horror clásico que del blockbuster superheroico moderno. Un enfoque con personalidad, riesgo y consecuencias reales, pero también difícil de encajar dentro de una maquinaria pensada para agradar a todos.
Blade, tal y como debería ser, encaja mucho más en ese modelo que en el del héroe luminoso. Es un personaje que pide noches largas, violencia directa y consecuencias irreversibles. Una figura que no se presta a camisetas de colores ni a bromas virales. Y precisamente por eso siempre ha sido un cuerpo extraño dentro del UCM.
¿Y si Blade fuera la excepción necesaria?
Paradójicamente, ahí podría estar su verdadero valor. En un universo cada vez más saturado de conexiones, guiños y promesas de futuro, una película de terror puro podría devolver a Marvel algo que ha ido perdiendo: sensación de riesgo. No todo tiene que conectar con todo. No todo necesita continuidad inmediata ni una escena postcréditos diseñada para generar aplausos.
Un Blade que abrace el horror podría funcionar como isla creativa, como experimento controlado. No para marcar el camino del UCM, sino para demostrar que todavía puede sorprender, que todavía puede incomodar cuando hace falta. El éxito de propuestas como Marvel Zombies, una serie animada que se lanzó sin suavizar violencia ni tono y en la que Blade tiene un protagonismo claro, refuerza esa idea: cuando Marvel deja de pedir perdón por ser oscura, el público responde.
Quizá por eso el proyecto de Blade ha sido tan problemático desde el inicio. Porque no es solo una película más. Es una pregunta incómoda para Marvel Studios: ¿hasta dónde está dispuesta a llegar cuando el género deja de ser cómodo, cuando el miedo deja de ser una herramienta estética y se convierte en el corazón de la historia?
El miedo sigue esperando en la sombra
Blade sigue en desarrollo, sigue cambiando, sigue siendo una incógnita. Y mientras tanto, el terror auténtico sigue esperando su momento dentro del UCM. No como adorno. No como guiño. Como protagonista absoluto. Tal vez Marvel nunca termine de atreverse. O tal vez Blade sea la grieta por la que se cuele, por fin, la oscuridad de verdad.
Porque a veces, el mayor miedo no es el monstruo… sino dejarlo salir.


