Parecía que el virus de la rabia cinematográfica había vuelto para quedarse… pero la cosa se ha complicado. La trilogía de 28 años después podría quedarse sin su capítulo final justo cuando todo estaba preparado para el gran cierre. Y sí, hay números de taquilla de por medio.
Lo curioso es que nadie discute la calidad. 28 años después recibió críticas muy potentes, aplausos por su valentía y por atreverse a hacer algo diferente dentro del cine post-apocalíptico. El problema es que los aplausos no siempre pagan facturas, y aquí los balances empiezan a dar miedo.
Buenas críticas, números tibios y un estudio con dudas con 28 años después
La primera entrega de esta nueva etapa, dirigida por Danny Boyle, consiguió alrededor de 151 millones de dólares en todo el mundo con un presupuesto cercano a los 60 millones. No es un desastre, claro que no, pero tampoco el pelotazo que un gran estudio espera cuando reactiva una saga tan reconocida.
Lo interesante es que Boyle no quiso repetir la fórmula exacta de 28 Days Later. Aquella era un thriller de supervivencia más clásico dentro del subgénero “zombi”. 28 años después, en cambio, se metía en terrenos más raros, más incómodos, más autorales. Y eso, aunque mola mucho, no siempre arrastra masas.
SONY
Después llegó 28 Years Later: The Bone Temple, esta vez con Nia DaCosta tomando el relevo en la dirección. Para muchos fue incluso mejor que la anterior. Más arriesgada, más intensa, más perturbadora. Pero en taquilla la cosa bajó considerablemente: apenas 57 millones frente a un presupuesto estimado de 63.
Ahí es donde empieza el sudor frío en las oficinas de Sony Pictures. Porque cuando la segunda parte recauda menos que la primera, y no precisamente poco menos, la palabra “trilogía” empieza a sonar menos segura.
El regreso de Cillian Murphy… ¿insuficiente?
Uno de los grandes reclamos de esta etapa era el regreso de Cillian Murphy como Jim. Su aparición al final de 28 años después: The Bone Temple fue el típico momento que te hace enderezarte en la butaca. Ese “ah, ahora sí” que deja la puerta abierta a algo grande.
Cillian Murphy en 28 años después: The Bone Temple
La idea era que la tercera película girara en torno a él y al personaje de Spike, interpretado por Alfie Williams. Un cierre generacional, emocional y, si todo salía bien, épico. Pero claro, una cosa es lo que se planifica en una entrevista y otra lo que aprueba un comité financiero.
Desde el principio, Boyle dejó claro que el tercer capítulo no estaba garantizado. No era una trilogía blindada desde el contrato inicial. Se rodaron dos películas prácticamente seguidas, así que al menos una secuela estaba asegurada. La tercera dependía de cómo respondiera el público.
Y la respuesta ha sido… tibia.
Netflix llama a la puerta, pero Boyle quiere cines
Aquí la historia se pone interesante. Según varios rumores del sector, Netflix habría mostrado interés en adquirir la tercera entrega de 28 años después. Vamos, lo típico: si el estudio duda, la plataforma entra en escena con el talonario.
Pero Danny Boyle no estaría por la labor. Quiere estreno en salas. Quiere pantallas grandes, sonido envolvente y público conteniendo la respiración en la oscuridad. Y se entiende. 28 años después nació en el cine, no en el salón de casa.
El problema es que Sony no parece tener prisa. Aunque en diciembre se anunció el desarrollo del tercer capítulo, ahora mismo no hay señales claras de que el proyecto esté avanzando a toda máquina. Más bien lo contrario.
De hecho, las cuentas oficiales de la saga en redes sociales han empezado a vender The Bone Temple como “el final que estabas esperando”. Eso puede ser simple marketing… o una forma elegante de decir que, por ahora, la historia se queda ahí.
Una saga valiente que no jugó sobre seguro
Parte del bajón en taquilla puede explicarse por lo arriesgado de estas secuelas. 28 años después no se limitó a repetir infectados corriendo y ciudades vacías. Se fue a terrenos extraños, casi surrealistas en algunos momentos. Hubo decisiones narrativas que no buscaban el aplauso fácil.
Eso le dio personalidad, pero también la alejó del público más mainstream. No era simplemente “más de lo mismo”. Era algo más incómodo, más raro. Y cuando una franquicia se vuelve demasiado peculiar, hay espectadores que se bajan del tren.
Aun así, la propuesta tenía algo que la hacía especial: seguía hablando de la humanidad, de cómo el verdadero peligro no siempre son los infectados, sino nosotros mismos. Esa idea, que ya estaba presente en 28 Days Later, aquí se llevaba a extremos más filosóficos y menos comerciales.
Y quizá ahí está el dilema. ¿Prefieres una tercera parte domesticada para asegurar taquilla? ¿O un cierre fiel al tono inquietante y arriesgado que ha marcado esta nueva etapa?
Ahora mismo, la trilogía de 28 años después está en un limbo extraño. No está oficialmente cancelada, pero tampoco parece una prioridad inmediata. El virus no está muerto… pero tampoco corre como antes.
¿Tú qué harías? ¿Te lanzas a por el tercer capítulo aunque el riesgo sea alto o dejas la historia tal cual, con ese final ambiguo que huele a despedida provisional? Pásate por comentarios y cuéntanoslo, y ya que estás, síguenos en Google News para que no se te escape ninguna infección cinematográfica más.


