Hay eventos que prometen cambiarlo todo, pero pocos se atreven de verdad a cruzar la línea y dejar que el villano gane. DC K.O. #4 no solo lo hace, sino que construye ese desenlace con una tensión creciente que convierte este penúltimo capítulo en uno de los momentos más intensos que ha vivido el Universo DC en mucho tiempo. Lo que empieza como un enfrentamiento espectacular entre versiones alternativas de los héroes termina transformándose en algo mucho más inquietante: la posibilidad real de que el mundo quede en manos de quien nunca debería gobernarlo (AVISO DE SPOILERS).
Desde el primer momento, la amenaza es clara. La batalla por convertirse en King Omega no es solo un torneo de poder, sino un conflicto que definirá qué tipo de realidad existirá después de la caída de Darkseid. El concepto ya era ambicioso desde el arranque del evento, pero en este número alcanza un nuevo nivel cuando aparecen Absolute Batman, Absolute Wonder Woman y Absolute Superman como los Tres Jinetes de Apokolips, no como salvadores, sino como instrumentos de destrucción moldeados por la energía Omega.
Versiones corruptas que no son simples reflejos
Lo más interesante de estas versiones Absolute no es únicamente que sean más jóvenes o que posean habilidades ligeramente distintas a las que conocemos, sino que están profundamente alteradas por la influencia de Darkseid. No se trata de una simple variante estética ni de un experimento narrativo para jugar con el multiverso, sino de una reinterpretación que muestra qué ocurre cuando los ideales de estos personajes son retorcidos desde la raíz. Son héroes sin libre albedrío, convertidos en piezas dentro de un tablero cósmico que no controlan.
El enfrentamiento entre las versiones clásicas y sus equivalentes corrompidos está cargado de simbolismo. No es solo una pelea de fuerza bruta, sino una confrontación ideológica entre lo que representan estos personajes y lo que podrían llegar a ser si su brújula moral desapareciera. El combate se desarrolla con una espectacularidad visual notable, gracias al trabajo artístico de Javi Fernández y Xermánico, que imprimen dinamismo y contundencia a cada impacto sin perder claridad narrativa.
La resolución del conflicto llega cuando Superman logra romper el control Omega al golpear a un Booster Gold poseído, liberando así a los héroes Absolute de la influencia directa de Darkseid. Este giro permite que la historia evolucione hacia una alianza inesperada, creando un escenario fascinante donde seis versiones de la llamada “Trinidad” comparten espacio y propósito. Las interacciones entre los dos Bruce Wayne aportan un tono más humano y casi metanarrativo, especialmente cuando se lanzan reproches que parecen guiños conscientes al propio debate del fandom sobre símbolos, estilos y versiones.

El Joker nunca cambia, solo se adapta
En medio de este caos, Joker demuestra que su esencia permanece intacta incluso cuando el universo entero está en juego. No hay redención ni epifanía moral, sino supervivencia pura. Cambia de bando cuando le conviene y acepta mejoras de poder si eso le garantiza seguir respirando un día más. Es una decisión coherente con su naturaleza y refuerza la idea de que, en este evento, no todos los personajes buscan salvar el mundo por convicción.
La respuesta de Batman ante esta traición resulta especialmente significativa, ya que adopta una postura más dura y menos indulgente de lo habitual. La sensación es que el margen para la compasión se ha agotado y que las circunstancias exigen decisiones drásticas. Este enfoque aporta un filo emocional que eleva el tono del número y evita que el conflicto se diluya en un espectáculo vacío.
El golpe final que cambia las reglas
Sin embargo, el verdadero impacto llega en el desenlace. Tras la derrota definitiva de Darkseid, la historia no se resuelve con un discurso inspirador ni con una imagen de esperanza restaurada. Los únicos que quedan en pie son Superman y Lex Luthor, y el resultado es tan lógico como perturbador. Luthor aprovecha el momento de debilidad de su eterno rival para lanzar el golpe final y asegurarse el título de King Omega.
Este giro no solo sorprende, sino que redefine el sentido del evento. La amenaza ya no es una fuerza externa como Darkseid, sino la visión del mundo que puede imponer Lex Luthor con poder absoluto. Un planeta regido por su inteligencia, su ambición y su obsesión por demostrar que siempre tuvo razón podría convertirse en una utopía tecnológica sin espacio para la empatía ni para la disidencia. La posibilidad de que resucite a Superman no por altruismo, sino para seguir enfrentándose a él, añade una dimensión psicológica inquietante que profundiza en la relación simbiótica entre ambos personajes.

Dos mundos posibles, dos filosofías enfrentadas
A lo largo del evento hemos visto destellos del mundo ideal de Superman, una sociedad luminosa, cooperativa y cercana al espíritu de Krypton. El contraste con la visión de Luthor no podría ser más evidente. Mientras uno imagina un futuro basado en la confianza y la solidaridad, el otro concibe un orden estructurado bajo su control, donde la eficiencia se impone sobre la libertad. Esa oposición filosófica convierte la batalla final en algo más que un choque de poderes, transformándola en un debate sobre qué tipo de liderazgo merece la humanidad.
El trabajo conjunto de Scott Snyder y Joshua Williamson demuestra una clara intención de arriesgarse narrativamente, evitando la solución cómoda y apostando por un final que obliga al lector a replantearse el equilibrio tradicional entre héroes y villanos. La sensación que deja este cuarto número es la de estar ante un punto de no retorno que prepara el terreno para un cierre potencialmente devastador en el siguiente capítulo.
En definitiva, DC K.O. #4 ofrece acción contundente, diálogos cargados de intención y un desenlace que se atreve a romper expectativas. No es solo un episodio de transición hacia el final, sino un capítulo que cambia la dinámica del evento y coloca el foco en las consecuencias de otorgar poder absoluto a quien siempre ha ansiado demostrar su superioridad. Ahora la pregunta no es únicamente quién puede derrotar a Lex Luthor, sino qué precio tendrá recuperar un mundo que ya ha empezado a moldearse bajo su sombra.
Ahora que el poder absoluto ha cambiado de manos y el futuro del Universo DC pende de un hilo, la gran pregunta es inevitable: ¿crees que DC mantendrá este giro hasta el último número o veremos una última jugada que lo cambie todo? Cuéntanos en los comentarios qué mundo preferirías ver desarrollado, el ideal de Superman o la visión implacable de Luthor, y sigue atento a Cinemascomics en google news para no perderte nuestro análisis del desenlace definitivo de DC K.O. cuando llegue el combate final.


