Chris Pratt te mira a cámara como si acabara de salir de una pesadilla tecnológica. No hay abogados, no hay margen de error y, en lugar de un juez humano, quien decide su destino es una inteligencia artificial. Así arranca Mercy, titulada en España como Sin piedad, el thriller de ciencia ficción que llega a los cines el viernes 23 de enero de 2026.
La premisa parece un golpe directo al estómago: despertarte atado a una silla, acusado de asesinato, con 90 minutos para demostrar que no lo hiciste… o morir. En ese futuro cercano que la película sitúa en 2029, el detective Chris Raven (Pratt) se enfrenta al “Tribunal Mercy”, un sistema en el que la IA actúa como juez, jurado y verdugo, y donde cada cámara, cada móvil y cada rastro digital puede salvarte o hundirte.
“Me trajeron el guion… lo leí y me encantó”: así llegó Chris Pratt a Sin piedad
En la entrevista, Chris Pratt cuenta que todo empezó de manera muy directa: el proyecto le llegó de la mano del director Timur Bekmambetov y del productor Charles Roven, y el flechazo fue inmediato. No era solo “otra peli más”. Era una idea diferente, con un enfoque formal que le permitía jugar con el thriller, el misterio y la acción en una misma pieza.
Chris Pratt venía además con un ingrediente emocional añadido: el reencuentro con Bekmambetov, con quien ya trabajó en Wanted (Se busca). En sus propias palabras (y con esa mezcla de entusiasmo y respeto que se le nota cuando habla de colegas de oficio), volver a coincidir con Timur era parte del atractivo. El director, por su parte, define la película como un thriller “intenso y trepidante” y, sobre todo, como un paso más en su exploración del formato screenlife.
Y es que Sin piedad no se limita a “mostrar pantallas”. La historia se apoya en esa lógica de nube, cámaras y rastros digitales para construir tensión narrativa: casi 24 horas de grabaciones, versiones enfrentadas de lo ocurrido, y una jueza IA, Maddox (Rebecca Ferguson), que desmonta coartadas con material de vigilancia y vida online.
Rodar contra una IA: “No actuaba frente a ella… la oía por un pinganillo”
Uno de los momentos más jugosos de la conversación aparece cuando Chris Pratt explica cómo se rodó esa interacción constante con Maddox. En pantalla, parece un duelo cara a cara. En la realidad, fue un reto técnico: gran parte del trabajo se hizo dentro de un “volumen” de producción virtual, con paredes y techo LED proyectando el propio tribunal. Es decir: un escenario que “estaba ahí”, pero construido con luz, pantallas y proyección.
Eso obligó a separar físicamente a los actores. Pratt relata que, él no tenía a Ferguson delante. Ella estaba en otro plató, con micrófono, y ambos se escuchaban en directo mediante audio. El efecto final es curioso: la reacción que ves en Pratt no nace de mirar a su compañera, sino de responder a una voz, como si estuviera realmente atrapado en un sistema que solo “te habla” desde la tecnología.
Esa decisión encaja con el propio ADN del proyecto: el tribunal Mercy no es humano. Es un dispositivo. Una interfaz. Un algoritmo con presencia. Y el rodaje buscó que esa sensación se filtrara también en la actuación, como si la película te obligara a sentir la distancia fría entre persona y máquina.
¿Minority Report? Pratt lo ve posible… pero “complicado”
Chris Pratt stars as Chris Raven in MERCY, from Amazon MGM Studios. Photo credit: Justin Lubin © 2025 Amazon Content Services LLC. All Rights Reserved.
Cuando la entrevista entra en el terreno más inquietante, sale inevitablemente la comparación con Minority Report: un sistema que no espera a que la justicia llegue, sino que la acelera hasta el extremo. Pratt responde con cautela. No desea un mundo en el que tengamos que “demostrar que somos inocentes”, pero admite que la IA, por su velocidad, podría utilizarse como herramienta para agilizar procesos: acceso a registros, análisis de evidencias, procesamiento masivo de datos… todo eso suena “útil” en abstracto.
Y ahí coloca el gran asterisco: la otra cara es la privacidad. Las libertades civiles. El riesgo de que el remedio sea peor que la enfermedad. La película, de hecho, está construida justo sobre ese filo: un sistema que promete eliminar error y sesgo humano, pero que necesita tragarse tu vida entera para funcionar.
En Sin piedad, ese dilema se convierte en una cuenta atrás. Raven debe bajar su probabilidad de culpabilidad para sobrevivir, mientras la jueza IA evalúa cada nueva “prueba” en tiempo real y decide si lo que él muestra le favorece o lo hunde.
Una pesadilla con nombre propio: Mercy, Maddox y la “silla” que no perdona
Más allá del concepto, hay una historia que quiere apretar fuerte: un detective acusado de matar a su esposa Nicole (Annabelle Wallis), intentando contactar con su hija Britt (Kylie Rogers) y tirando de aliados como su compañera JAQ (Kali Reis) o su amigo y padrino de AA Rob Nelson (Chris Sullivan). Todo esto ocurre mientras Maddox, fría e imponente, pone en duda lo que Raven cree recordar… porque, para rematar, él no tiene claro qué hizo la mañana anterior.
La gracia (y el escalofrío) es que el mundo de la película no está a siglos de distancia. Está a un par de decisiones tecnológicas mal tomadas. El propio equipo insiste en que la historia dialoga con el presente: con cómo cedemos datos sin pensar, con cómo confiamos en respuestas automáticas, y con lo fácil que sería convertir una “herramienta” en un sustituto de lo humano.
Sin piedad llega a cines el 23 de enero de 2026, con Bekmambetov dirigiendo y un reparto que junta a Pratt y Ferguson en un duelo muy poco habitual: uno de carne y hueso, otro digital… y los dos, en el fondo, peleando por quién define la verdad.
Ahora te toca a ti: ¿te atrae la idea de un thriller judicial con IA como juez, o te da más miedo que curiosidad? Cuéntanoslo en comentarios y no te pierdas nuestras próximas noticias siguiéndonos en Google News.




