Durante años, desde que la franquicia dio el salto definitivo a la era del streaming con Star Trek: Discovery, una parte importante del fandom llevaba repitiendo la misma queja con resignación: las nuevas series tenían presupuesto, ambición y continuidad épica, pero habían perdido algo esencial que definió a la saga durante décadas. Ahora, Star Trek: Starfleet Academy acaba de demostrar que ese espíritu no estaba muerto, solo necesitaba el momento adecuado para volver (AVISO DE SPOILERS).
El episodio 7 de la primera temporada, titulado “Ko’Zeine”, no es el capítulo más explosivo, ni el que redefine la mitología galáctica, ni el que introduce una amenaza existencial para la Federación. Y precisamente por eso es tan importante. Porque por fin Star Trek ha vuelto a respirar.
El problema que trajo el streaming a Star Trek
Cuando la franquicia estaba bajo el mando de Rick Berman entre 1987 y 2005, las temporadas contaban con entre 22 y 26 episodios. Eso permitía algo que hoy parece casi impensable: capítulos de menor escala centrados en los personajes, en sus conflictos internos, en sus relaciones y en sus decisiones morales lejos de grandes guerras galácticas.
Con la llegada de Star Trek: Discovery y posteriormente Star Trek: Picard, Paramount+ apostó por temporadas de diez episodios altamente serializadas, donde cada capítulo era una pieza de una narrativa mayor que debía empujar constantemente la trama principal hacia adelante. El resultado fue intenso, ambicioso y cinematográfico, pero también eliminó lo que muchos llamaban despectivamente “episodios de relleno”, que en realidad eran el corazón emocional de la franquicia.
Episodios como “Family” o “Captain’s Holiday” en Star Trek: The Next Generation, “In the Cards” en Deep Space Nine o “Message in a Bottle” en Voyager no estaban diseñados para salvar la galaxia, sino para entender mejor a sus protagonistas. Y esa pausa era necesaria.
“Ko’Zeine”: menos explosiones, más humanidad

Tras el dramático ataque de Nus Braka en el episodio anterior, Starfleet Academy podría haber seguido aumentando la tensión. En lugar de eso, opta por algo mucho más valiente: bajar el ritmo y centrarse en las consecuencias emocionales.
Jay-Den Kraag acompaña a Darem Reymi a su planeta natal para asistir a su boda concertada. Lo que podría haber sido una simple trama secundaria se convierte en una exploración profunda del conflicto entre deber y vocación. Darem está dispuesto a cumplir con la tradición de su mundo, aunque eso signifique abandonar su sueño de formar parte de la Academia. Jay-Den, al comprender el sacrificio que eso supone, interviene de manera inesperada y logra que la prometida de Darem entienda que dejarlo marchar es el acto más noble posible.
No hay batallas espaciales en esta trama. Hay amistad, lealtad y decisiones difíciles. Y eso es profundamente Star Trek.
Mientras tanto, Caleb Mir y Genesis Lythe protagonizan una historia paralela dentro de la Academia prácticamente vacía. Genesis intenta recuperar su solicitud de ingreso para ocultar una verdad que la avergüenza, y lo que comienza como una pequeña misión clandestina termina fortaleciendo el vínculo entre ambos. Lejos de amenazas cósmicas, lo que está en juego es algo mucho más reconocible: el miedo a no estar a la altura.
El regreso del “episodio de personaje”

Lo que hace especial a “Ko’Zeine” no es su argumento, sino su estructura. Es un episodio que se permite ser pequeño dentro de una serie que ya había demostrado que podía ser espectacular. Es un capítulo que entiende que el desarrollo de personajes no es una distracción de la trama principal, sino el motor que la sostiene.
En cierto modo, Starfleet Academy está recuperando el formato episódico clásico que ya abrazó Star Trek: Strange New Worlds, donde cada historia tiene su propio conflicto, aunque los arcos personales sigan evolucionando en segundo plano. No se trata de abandonar la continuidad, sino de equilibrarla.
La lección es clara: no hacen falta 26 episodios por temporada para crear capítulos de respiro. Lo que hace falta es voluntad narrativa.
Por qué este tipo de capítulos importan más de lo que parece
Los llamados “filler episodes” nunca fueron relleno real. Eran espacios donde la tripulación dejaba de ser un conjunto de rangos y uniformes para convertirse en personas. Permitían explorar culturas alienígenas con más matices, examinar dilemas éticos sin prisas y fortalecer dinámicas que luego harían que los grandes sacrificios dolieran de verdad.
Sin capítulos como “Family”, la recuperación de Picard tras su asimilación por los Borg no habría tenido el mismo peso emocional. Sin momentos íntimos en Deep Space Nine, la guerra del Dominio habría sido simplemente otra sucesión de batallas.
“Ko’Zeine” entiende esa tradición y la adapta a la era del streaming. No es una ruptura con el modelo moderno, sino una evolución consciente que demuestra que Star Trek puede ser serializada y episódica al mismo tiempo.
Una señal esperanzadora para el futuro de la franquicia
El éxito de este enfoque es también una señal de madurez por parte de la producción. Tras años de apostar por tramas épicas y amenazas de escala cósmica, la franquicia parece haber comprendido que su mayor fortaleza no son los efectos especiales, sino sus personajes.
Starfleet Academy ha mostrado inteligencia al permitir que sus cadetes afronten las secuelas emocionales del ataque anterior en lugar de saltar inmediatamente a la siguiente crisis. Esa decisión no solo humaniza la serie, sino que la acerca a la esencia filosófica que convirtió a Star Trek en algo más que ciencia ficción.
En una era dominada por narrativas aceleradas y temporadas comprimidas, ofrecer un episodio que simplemente deja respirar a sus protagonistas es casi un acto de rebeldía creativa.
Star Trek siempre fue esto
Si algo demuestra “Ko’Zeine” es que la franquicia no necesita reinventarse constantemente para seguir siendo relevante. Lo que necesita es recordar quién es. Y cuando lo hace, el resultado conecta tanto con veteranos que crecieron con Picard y Sisko como con nuevos espectadores que descubren ahora la Academia.
Puede que no haya sido el episodio más espectacular de la temporada, pero sí es uno de los más importantes. Porque confirma que Star Trek puede evolucionar sin perder su alma, y que incluso en la era del streaming todavía hay espacio para historias íntimas, humanas y profundamente trekkies. Y eso, para quienes llevaban años pidiéndolo, es casi tan emocionante como ver una nueva nave entrar en órbita por primera vez.
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