Hay películas que sabes exactamente lo que van a ofrecerte desde el primer minuto. Y luego está War Machine, que empieza como si fuera un drama militar tipo El único superviviente… para terminar convirtiéndose en una especie de caza humana contra un robot extraterrestre gigante en mitad del bosque. Sí, es tan loco como suena.
La nueva producción de acción de Netflix protagonizada por Alan Ritchson intenta jugar en dos ligas muy distintas. Primero adopta la estética del cine militar moderno con entrenamiento extremo, trauma de guerra y soldados llevados al límite. Pero cuando aparece el verdadero enemigo, la película cambia de registro y se lanza sin complejos a un thriller de supervivencia muy inspirado en Predator. El resultado es irregular, a veces absurda, pero también bastante entretenida si sabes a lo que vienes.
Un arranque militar muy familiar
La historia arranca con un prólogo en Afganistán que deja claro el trauma que arrastra el protagonista. El personaje de Alan Ritchson, conocido únicamente como “81”, decide ingresar en la exigente academia de los Army Rangers para cumplir el sueño que su hermano no pudo completar tras morir durante una misión fallida.
Durante el primer tramo de la película, War Machine parece seguir el manual clásico del cine de entrenamiento militar. Hay ejercicios brutales, reclutas compitiendo por sobrevivir al proceso de selección y un sargento dispuesto a romper psicológicamente a cada aspirante. Todo recuerda inevitablemente a películas como Full Metal Jacket o a ese tipo de relatos de superación física y mental donde el ejército convierte a los personajes en máquinas.
Pero incluso en ese primer acto se nota que algo extraño se está cocinando. Pequeños detalles, como noticias sobre un misterioso objeto espacial que se aproxima a la Tierra, anticipan que la película no va a quedarse en un simple drama militar. Y cuando la historia salta al bosque durante una misión de entrenamiento… todo cambia.
Cuando la película se transforma en otra cosa

El momento clave llega cuando los reclutas descubren en mitad del bosque una enorme máquina alienígena diseñada para matar. A partir de ahí, War Machine abandona el tono de película militar y se convierte en un juego de supervivencia contra un depredador mecánico que recuerda muchísimo al clásico de John McTiernan.
La comparación con Predator es inevitable. Un grupo de soldados entrenados se encuentra en territorio hostil con una criatura tecnológicamente superior que los va eliminando uno a uno. La tensión nace de esa sensación de que el enemigo es prácticamente invencible.
La diferencia es que aquí el monstruo no es una criatura extraterrestre invisible, sino un robot gigantesco armado con sensores, rayos destructivos y tecnología capaz de bloquear comunicaciones y desorientar a sus presas.
La máquina funciona casi como un T-Rex tecnológico que aparece de repente para arrasar con todo. En varias escenas incluso se utiliza un recurso visual parecido al de Jurassic Park: los instrumentos se vuelven locos cuando la criatura se aproxima, anunciando que el desastre está a punto de comenzar.
Alan Ritchson, puro músculo en modo supervivencia
Si hay algo que funciona en la película es la presencia física de Alan Ritchson. El actor de Reacher interpreta a 81 como un soldado silencioso, endurecido por el trauma y obsesionado con demostrar que merece estar entre los mejores. No es un personaje especialmente complejo, pero su presencia encaja perfectamente con el tipo de historia que propone la película.
Ritchson pasa buena parte del metraje corriendo, peleando, arrastrándose por el bosque o intentando mantener con vida a su escuadrón, y se nota que la película está diseñada alrededor de su físico imponente.
El reparto secundario incluye nombres como Dennis Quaid y Esai Morales, que interpretan a los responsables de la academia militar. Aunque su presencia en pantalla es breve, ayudan a darle cierta autoridad al contexto militar antes de que la historia se convierta en puro caos.
El resto de los reclutas funcionan más como piezas dentro del juego de supervivencia que como personajes realmente desarrollados. En realidad, su función es bastante clara: ser perseguidos por la máquina mientras el grupo intenta encontrar una forma de escapar.
Acción desatada y violencia sin complejos

Cuando la persecución comienza, la película deja claro que no pretende ser sutil. Las escenas de acción son brutales, con explosiones, cuerpos destrozados, miembros rotos y soldados arrasados por los rayos del robot. El director Patrick Hughes, conocido por The Expendables 3 o las películas de El otro guardaespaldas, apuesta por un espectáculo muy físico y directo.
Hay secuencias especialmente intensas, como una persecución en un río desbordado o una huida desesperada por el bosque mientras la máquina va cerrando el cerco. En esos momentos la película consigue transmitir una sensación bastante efectiva de peligro constante. Además, la fotografía aprovecha bastante bien los paisajes naturales, mostrando a los personajes diminutos frente a un enemigo gigantesco que parece surgir de cualquier parte.
Un guion predecible, pero divertido
El mayor problema de War Machine está en su guion. La historia sigue muchos de los clichés del cine de acción y ciencia ficción. El arco del protagonista es bastante evidente desde el principio y la trama no intenta ocultar demasiado hacia dónde se dirige. Los diálogos tampoco ayudan demasiado, con algunas frases que parecen sacadas directamente de un manual de películas de acción de los años noventa.
Sin embargo, cuando la película abraza su lado más exagerado —esa mezcla entre ciencia ficción militar y cine de monstruos— termina funcionando mejor. Es en esos momentos cuando deja de intentar ser una historia seria sobre soldados traumatizados y se convierte en una aventura de supervivencia pura y dura.
Una película de acción para ver sin pensar demasiado
War Machine no es una película que vaya a revolucionar el género. No tiene la tensión ni la construcción narrativa de Predator, ni la intensidad emocional de películas militares como El único superviviente. Pero cuando decide dejarse llevar por su premisa absurda —soldados contra un robot alienígena gigante— ofrece exactamente lo que promete. Explosiones, persecuciones, un enemigo casi imparable y un protagonista enorme repartiendo golpes mientras intenta sobrevivir.
En definitiva, una película de acción sencilla, algo tonta, pero sorprendentemente entretenida si te apetece algo directo y lleno de adrenalina.
Si eres fan del cine de acción ochentero o de los thrillers de supervivencia militar, probablemente encuentres aquí justo el tipo de diversión que Netflix pretende ofrecer para una noche de sofá y palomitas. Síguenos en Google News para no perderte nuestras críticas y estrenos.
War machine (2026)
NOTA
TOTAL
War Machine mezcla cine militar con ciencia ficción en una historia donde un grupo de reclutas de los Army Rangers acaba enfrentándose a un robot alienígena en mitad de una misión de entrenamiento. La película arranca como un drama de soldados al estilo El único superviviente, pero pronto gira hacia un thriller de supervivencia que recuerda claramente a Predator. Alan Ritchson funciona bien como héroe físico en una propuesta llena de persecuciones, explosiones y acción desatada. Aunque el guion es bastante predecible y los personajes secundarios apenas se desarrollan, la película termina siendo un entretenimiento directo y sin complejos para quienes buscan adrenalina, monstruos mecánicos y una noche de cine de acción sin demasiadas complicaciones.


