Hay lugares que te rompen por dentro. Y luego está Gotham. Una ciudad que no solo te pone a prueba, sino que te define, te moldea y, cuando cree que ya no puede hacerte más daño, vuelve a hacerlo. En Poison Ivy Nº 40, Pamela Isley regresa a casa sabiendo exactamente eso… y aun así decide quedarse.
Porque para Ivy, Gotham no es solo un escenario. Es una herida abierta.
Volver a Gotham nunca es una buena idea… pero Ivy lo hace igual
Desde fuera, la decisión parece absurda. ¿Qué hace una eco-terrorista, conectada cada vez más profundamente con la naturaleza, regresando a una ciudad de asfalto, contaminación y corrupción? La respuesta es tan sencilla como devastadora: porque Gotham es parte de ella.
En el número 40 de la serie, escrita por G. Willow Wilson, Ivy pone palabras a una relación de amor y odio que define toda su trayectoria. Gotham es el lugar donde escuchó por primera vez el grito de la Tierra. Donde se enamoró. Donde derramó tanta sangre que el asfalto parece formar parte de su propio cuerpo.
No es un hogar cómodo. Es un hogar que duele.
Una serie que no debía existir… y ahora es imprescindible
La colección Poison Ivy nació en 2022 como una miniserie de seis números. Ese era el plan. Pero lo que Wilson ha construido desde entonces es algo muy distinto: un drama serializado con alma de televisión de prestigio, lleno de capas emocionales, traiciones y evolución constante del personaje.
Número a número, la serie ha crecido hasta convertirse en uno de los títulos más interesantes que publica DC actualmente. No por grandes eventos, sino por algo más difícil de lograr: coherencia emocional. Y Poison Ivy Nº 40 es un punto clave de ese viaje.
Pamela Isley contra la ciudad que la creó

En este nuevo arco, Ivy vuelve a Gotham con una intención sorprendentemente conciliadora. Intenta negociar una especie de alto el fuego con Vandal Savage, ahora convertido en comisario. A cambio de su libertad, acepta colaborar para hacer más ecológicos los sistemas de inteligencia artificial de la ciudad.
Durante unos instantes, parece posible. Gotham, por una vez, podría escuchar.
Pero la ilusión dura poco. Ivy descubre que el programa no solo explota a la comunidad, sino también a la naturaleza. Gotham vuelve a traicionarla. Savage la engaña. Y Pamela revive una sensación que conoce demasiado bien: la de confiar… y pagar el precio.
La traición como constante vital
Aquí es donde el trabajo de Wilson se vuelve especialmente potente. Esta no es una traición aislada. Es una más en una vida definida por la manipulación. Su antiguo mentor, Jason Woodrue, la traicionó y la convirtió en Poison Ivy. Durante años, Ivy revivió ese mismo dolor cada vez que Harley Quinn regresaba al Joker. Más recientemente, sufrió la traición de Janet Mitchell, una herida que la dejó emocionalmente devastada en Poison Ivy Nº 38.
Incluso la naturaleza —el Green, el Grey, Bog Venus— ha jugado con ella. Ivy llegó a ser embajadora entre fuerzas primordiales, solo para descubrir que ni siquiera la naturaleza está libre de manipulación.
Cuando Ivy dice que la parte de ella que podía ser herida ahora está cubierta de espinas, no es una pose. Es un mecanismo de supervivencia.
¿Qué pasa cuando incluso la naturaleza te falla?

Esta es la gran pregunta que atraviesa la serie. Si Gotham te traiciona. Si los humanos te traicionan. Si la propia naturaleza te utiliza… ¿qué te queda? Durante un tiempo, Ivy respondió alejándose de la humanidad. Abrazando una versión radical de sí misma. Pero en Poison Ivy Nº 39 ocurre algo inesperado: Pamela perdona. Perdona a Janet. Se permite volver a abrir el corazón. Y eso cambia todo. De repente, las espinas no parecen tan afiladas. La coraza empieza a resquebrajarse. No porque Ivy sea débil, sino porque decide no rendirse al cinismo absoluto.
Gotham como último ancla humana
Hay una lectura especialmente interesante en este regreso a Gotham. A medida que la conexión de Ivy con el Green se intensifica, la ciudad parece convertirse en uno de los últimos vínculos con su humanidad. El lugar donde todavía es Pamela Isley, no solo un avatar de la naturaleza.
Gotham la hiere, sí. Pero también la define. Y abandonar la ciudad sería, en cierto modo, abandonar una parte esencial de sí misma.
Por eso vuelve. Aunque sepa cómo va a terminar.
Un cómic que entiende a su protagonista
El mérito no es solo del guion. El arte de Davide Gianfelice refuerza constantemente esa tensión interna. Ivy nunca aparece completamente en paz. Gotham pesa sobre ella incluso en silencio. Cada viñeta transmite la sensación de estar en un lugar que no perdona.
La ciudad no es un fondo. Es un antagonista más.
Poison Ivy sigue siendo impredecible
Si algo ha demostrado esta etapa es que nunca conviene dar por sentada a Ivy. Cuando parece completamente cerrada, sorprende con empatía. Cuando parece dispuesta a quemarlo todo, intenta dialogar. Y cuando Gotham vuelve a fallarle, no reacciona de la forma que esperarías.
Poison Ivy Nº 40 no ofrece respuestas fáciles. Pero sí deja claro que este personaje está en constante transformación. Y que su historia está lejos de agotarse.
Una de las mejores series actuales de DC
Mientras otros títulos buscan impacto inmediato, Poison Ivy apuesta por la acumulación emocional. Por las consecuencias. Por dejar que las heridas cicatricen… o se infecten.
Es una serie que entiende que el verdadero conflicto de Ivy no es Batman, ni Harley, ni Gotham. Es la traición. Y lo que haces con ella cuando ya no puedes seguir huyendo.
Así que, si aún no te has subido a este viaje, vas tarde. Porque Pamela Isley sigue creciendo. Y Gotham, como siempre, está lista para ponerla a prueba otra vez.
¿Crees que Gotham acabará rompiendo a Ivy otra vez o será capaz de perdonar sin perderse a sí misma? Te leemos y síguenos en Google News para no perderte lo mejor de DC.


