Ahora, justo cuando se cumplen casi 50 años del golpe que cambió Hollywood, llega una película que cuenta cómo nació la leyenda de Rocky… desde dentro del vestuario, con sudor, dudas y un cabezazo directo al sistema.
La nueva cinta se titula I Play Rocky y no va de combates imposibles ni de montajes musicales épicos, sino de cómo la película de 1976 estuvo a punto de no existir. O peor: de existir sin Sylvester Stallone dentro del ring.
Rocky vuelve al ring… pero esta vez detrás de las cámaras
Amazon MGM Studios ya ha puesto fecha al estreno de I Play Rocky, una película que se estrenará en cines el 20 de noviembre tras un lanzamiento limitado el día 13. La jugada no es casual: el Rocky original llegó a las salas el 21 de noviembre de 1976. Medio siglo después, el círculo se cierra con una historia que explica por qué todo salió adelante contra todo pronóstico.
I Play Rocky (2026)
La película está dirigida por Peter Farrelly, el mismo cineasta que ha hecho mucha comedia pero que sorprendió a medio mundo con Green Book, y se centra en un momento clave: cuando Stallone no era nadie, pero estaba convencido de que esta historia no podía existir sin él interpretando a Rocky Balboa. Nadie le creía. Él sí. Y apostó todo.
Anthony Ippolito interpreta a un joven Stallone que recibe portazos constantes mientras intenta sacar adelante un guion que nadie quiere producir… si no acepta quedarse fuera como actor. Y ahí es donde esta historia se vuelve tan Rocky como el propio personaje.
Anthony Ippolito (cordonpress)
Cuando te dicen “no” y sigues avanzando
La película no disimula su espíritu de historia de superación. Y no hace falta. Stallone se negó a vender el guion por 350.000 dólares si no podía ser el protagonista, incluso cuando tenía apenas 106 dólares en el banco y estaba intentando vender a su perro porque no podía alimentarlo. Sí, Butkus, el mismo perro que luego aparece en Rocky, era suyo de verdad.
Los productores Irwin Winkler y Robert Chartoff aceptaron el trato, pero con condiciones durísimas: Stallone cobraría como actor de escala mínima y seguiría escribiendo gratis. Cuando United Artists entró en juego, el presupuesto se redujo a un millón de dólares y los propios productores hipotecaron sus casas para cubrir los últimos 100.000. El coste final fue de 1,1 millones. A veces, la épica empieza con una calculadora temblando.
El resultado final en taquilla fue monstruoso, ya que recaudó más de 225 millones de dólares. Se convirtió en la película más taquillera de ese año y tanto el personaje, como Sylvester Stallone se convirtieron en leyenda.
Un rodaje tan salvaje como honesto
Gran parte del rodaje de Rocky fue casi ilegal. Las escenas de Rocky corriendo por Filadelfia se filmaron sin permisos, sin extras y con la gente mirando como si alguien hubiese perdido una apuesta muy rara. El famoso momento del mercado, con el vendedor lanzándole una naranja, fue completamente improvisado. Nadie sabía que se estaba rodando una película.
1976
La famosa subida de las escaleras del museo nació gracias a Garrett Brown, inventor de la Steadicam. Usó esas escaleras para demostrar su invento y acabó creando una de las imágenes más icónicas del cine. Curiosamente, las dos escenas de las escaleras se rodaron con apenas dos horas de diferencia: una antes de amanecer, otra ya con el sol alto. Magia de montaje.
Golpes reales, errores visibles y decisiones valientes
El combate final entre Rocky y Apollo Creed no fue nada fácil. Sylvester Stallone acabó con las costillas magulladas y Carl Weathers con la nariz dañada. Durante el casting, Weathers golpeó de verdad a Stallone y se quejó de no estar actuando con un “actor real”. Cuando el director le dijo que Stallone era el actor y el guionista, respondió: “Bueno, quizá mejore”. Fue contratado en ese instante.
Incluso los errores se convirtieron en parte del encanto. El póster del combate muestra a Rocky con pantalones incorrectos. No había dinero para arreglarlo, así que Stallone improvisó una línea señalándolo en la película. La bata demasiado grande también se quedó… y se comentó en pantalla. Nada se escondía.
El legado de Rocky sigue creciendo
Rocky fue la película más taquillera de 1976 y dio inicio a una saga que parecía cerrada hasta que Rocky Balboa (2006) devolvió el personaje a lo grande. Después llegaron Creed y su expansión, con Michael B. Jordan y la dirección de Ryan Coogler, revitalizando el universo sin traicionar su esencia.
Creed (2015)
Curiosamente, Fruitvale Station, la ópera prima de Coogler, también fue una historia pequeña que lo cambió todo. De ahí saltó a Black Panther y más recientemente a Sinners, una película que ha hecho historia con 16 nominaciones al Oscar. Todo conectado. Como si el espíritu de Rocky siguiera empujando desde algún rincón del cine.
I Play Rocky no es solo una película sobre una película. Es un recordatorio de que algunas historias existen porque alguien decidió no rendirse cuando todo parecía perdido. Y eso, hoy en día, sigue siendo tan poderoso como un gancho de izquierdas bien dado.
Ahora te toca a ti: ¿te apetece volver al origen de Rocky y revivir cómo se forjó la leyenda? Cuéntanos qué te parece y síguenos en Google News, que aquí siempre suena la campana del último asalto. 🥊


