Si creías que ya lo habías visto todo en eso de saltar por líneas temporales, prepárate para que te cambien el menú. Una película de ciencia ficción dirigida por un viejo conocido del cine espectáculo promete darle la vuelta al género con mala leche, humor y un restaurante de carretera como epicentro del caos. Sí, has leído bien: el futuro del mundo depende de una cafetería.
Detrás del invento está Gore Verbinski, el cineasta que convirtió una atracción de parque temático en una saga millonaria con Piratas del Caribe. Ahora regresa con Good Luck, Have Fun, Don’t Die, una película de ciencia ficción que mezcla viajes en el tiempo, lógica de videojuego y sátira social sin pedir permiso a nadie.
Un viaje en el tiempo… con café recalentado y mucha mala suerte se mezclan en esta película de ciencia ficción
La premisa ya te pone una sonrisa torcida en la cara. El protagonista, interpretado por Sam Rockwell, es un viajero temporal atrapado en un bucle absurdo: lleva 117 intentos fallidos de salvar el futuro. ¿La clave para arreglarlo todo? Encontrar la combinación perfecta de personas dentro de un Norms diner. Nada de laboratorios futuristas ni grandes corporaciones: aquí el destino del mundo se decide entre tartas y café aguado.
Lo mejor es que la película de ciencia ficción no se limita a repetir el típico esquema de “viajo, fallo, vuelvo a intentarlo”. Cada salto deja residuos, pequeñas rarezas cósmicas que se acumulan como polvo bajo la alfombra del universo. Botellas que no deberían estar ahí, objetos fuera de lugar, sensaciones raras. Detalles que hacen que cada intento sea un poco más extraño que el anterior.
Verbinski lo explica con una idea muy clara: su película funciona casi como un videojuego. Hay niveles, frustración, errores que se arrastran y enemigos que aparecen cuando menos te lo esperas. No todo se explica, y esa es parte de la gracia. ¿Qué es una línea temporal? ¿Qué es una simulación? ¿Pueden coexistir? El director no quiere darte todas las respuestas mascadas, y se agradece.
Gore Verbinski lo explica así a TD:
«Creo que en nuestra película hay mucha lógica de videojuego. Hay una sensación clara de niveles, de intentos. Me encantaría ver qué pasó en el intento número 37 de Sam para llegar al diner. ¿Qué salió mal ahí? ¿Qué frustraciones aparecen? ¿En qué momento el antagonista empieza a lanzarle cosas? Es como si fuera acumulando pequeñas pelusas cósmicas por el camino.
No creo que puedas hacer 117 viajes a través de un portal temporal sin llevarte encima cosas raras. Igual acabas con una botella de Cholula que no debería estar ahí, o con pequeños detalles fuera de lugar. Tienes que prestar atención a esas discrepancias que lo rodean. Y hay preguntas que, sinceramente, no quiero responder en una entrevista.
Pero piensa en esto: ¿qué es realmente una línea temporal y qué es una simulación? ¿Cuál es la diferencia? ¿Pueden existir ambas cosas a la vez? Para mí es ese tipo de película que apetece ver más de una vez».
Good Luck, Have Fun, Don’t Die
Un reparto que convierte el caos en puro disfrute
Acompañando a Rockwell hay un reparto que parece sacado de una lista de deseos bastante bien afinada. Haley Lu Richardson, Michael Peña, Zazie Beetz, Juno Temple y Asim Chaudhry se suman a esta película de ciencia ficción con pinta de locura controlada. Cada uno aporta una energía distinta, lo que hace que el famoso “grupo perfecto” nunca termine de encajar del todo.
Y ahí está la gracia. No se trata solo de salvar el mundo, sino de soportarse los unos a los otros mientras todo se desmorona. Las conversaciones, los silencios incómodos y los choques de personalidad son tan importantes como los saltos temporales. ¿No te suena más real así? Al final, incluso con viajes en el tiempo, seguimos siendo humanos bastante caóticos.
Verbinski también deja claro que trabajar con alguien como Rockwell implica no atarlo en corto. El actor aporta una imprevisibilidad que el director abraza en lugar de domesticar. Esa sensación de descubrimiento constante se nota, y hace que la película de ciencia ficción respire frescura en un género que a veces se toma demasiado en serio.
Sátira, entretenimiento y un espejo incómodo del presente
Además del juego temporal, Good Luck, Have Fun, Don’t Die tiene colmillo. Mucho. La película de ciencia ficción pinta un futuro que da risa… hasta que deja de darla. Hay sátira social, pero no te la lanza a la cara como un sermón. Está ahí, mezclada con el humor, esperando a que la pilles si te apetece.
Verbinski lo define como “la medicina y el pastel”. Puedes entrar solo a divertirte, o puedes salir del cine dándole vueltas a lo que has visto mientras te sientas en un diner a seguir la conversación. La película no te obliga a reflexionar, pero te deja la puerta abierta. Y eso, hoy en día, es casi un lujo.
Lo interesante es cómo equilibra esa relevancia sin pasarse de frenada. No quiere que el mensaje pese más que el entretenimiento. Primero te engancha, luego, si quieres, piensas. Esa combinación hace que la película de ciencia ficción funcione a varios niveles, y que incluso invite a un segundo visionado para cazar esos detalles que se te escaparon a la primera.
Gore Verbinski revela:
«Al final estás hablando de la medicina y el pastel, ¿no? Hay un punto claro de sátira social en la película. Puedes ir al cine simplemente a disfrutarla, o puedes verla, pensar un poco más, ir luego a un Norms a comerte una tarta y seguir la conversación. Igual hasta te unes a la revolución.
Cuando te metes en una película, iteras constantemente. Juegas, pruebas cosas, conspiras un poco para crear algo que resulte atractivo. Muchas veces ese equilibrio surge entre lo que tenías planeado y lo que vas descubriendo sobre la marcha.
Y especialmente cuando trabajas con alguien como Sam Rockwell, no quieres encerrarlo demasiado. Hay que dejar espacio para el descubrimiento, porque él va a traer una energía propia y cosas inesperadas. Y eso siempre suma».
Good Luck, Have Fun, Don’t Die
Una película que pide ser vista más de una vez
El propio director lo sugiere: esta no es una historia de usar y tirar. Entre los pequeños fallos del continuo espacio-tiempo, los objetos fuera de sitio y las decisiones que cambian ligeramente cada intento, hay material para revisitarla. Cada visionado puede revelar algo nuevo, una pista, una broma escondida o una contradicción deliciosa.
En un panorama saturado de secuelas y fórmulas repetidas, se agradece una película de ciencia ficción que juegue con las reglas en lugar de obedecerlas. No pretende reinventar el cine, pero sí sacudir un poco al espectador. Y oye, si además sales del cine con ganas de debatir qué demonios has visto, misión cumplida.
Good Luck, Have Fun, Don’t Die llegará a los cines el 3 de abril de 2026, y promete ser uno de esos estrenos que generan conversación desde el primer día. ¿Te mola esta forma gamberra de entender los viajes en el tiempo o prefieres lo clásico? Cuéntanos qué te parece y no olvides seguirnos en Google News, que aquí el bucle temporal es volver a leerte mañana 😉


