El frío de Utah no pudo con el calor que se vivió en el estreno de Wicker. La película de Alexander Skarsgård aterrizó en Sundance 2026 y salió con doble ovación bajo el brazo, de esas que te ponen la piel de gallina y te hacen pensar que algo especial acaba de pasar. Y sí, pasó.
No hablamos de un aplauso educado ni de palmas tímidas. Hablamos de dos ovaciones en pie en el mismo pase, una cuando rodaron los créditos y otra cuando el reparto apareció en el escenario del Eccles Theater. El público no quería irse a casa. ¿Tú te irías?
Un cuento romántico extraño… y magnético
La película de Alexander Skarsgård no es lo que muchos esperaban al leer “fantasía romántica”. Wicker apuesta por un tono de fábula retorcida y delicada a la vez, con una historia que parece salida de un susurro nocturno. Una pescadora solitaria manda construir a su marido ideal… literalmente, de paja, tejido por el artesano del pueblo.
Ahí entra Skarsgård, convertido en el Hombre de Mimbre gracias a un impresionante trabajo de Weta Workshop. Prótesis completas, cuerpo cubierto, máscara pegada durante horas. Nada de glamour fácil. Todo muy físico, muy artesanal, muy de cuento que huele a sal, madera húmeda y mar frío.
Un reparto que eleva la fantasía
El reparto acompaña con una elegancia que da gusto. Olivia Colman se roba miradas y corazones, visiblemente emocionada ante la reacción del público. Peter Dinklage, Elizabeth Debicki y Richard E. Grant completan un elenco que no falla una.
Olivia Colman en Wicker
Cuando Colman dijo antes del estreno que “no creerías que se puede hacer a Alexander Skarsgård aún más atractivo”, muchos rieron. Tras la proyección, nadie dudaba. Y sí, más de uno saldrá del cine con sueños raros esa noche.
Dos ovaciones que dicen mucho
El estreno en el Sundance Film Festival fue uno de esos momentos que se recuerdan. La película de Alexander Skarsgård conectó con el público desde la primera escena, con silencios que se podían cortar y miradas que decían más que cualquier diálogo.
La primera ovación llegó con los créditos. La segunda, cuando el reparto subió al escenario. No es habitual, y menos en un festival donde el público ve de todo. Aquí había emoción real, esa que no se puede fingir. Colman, con lágrimas contenidas, lo resumió todo sin decir palabra.
Skarsgård y su elección de riesgo
Skarsgård nunca ha jugado a lo fácil. Igual que otros actores de su generación, huye del papel de galán cómodo. Prefiere personajes incómodos, raros, a veces oscuros. Por eso esta película de Alexander Skarsgård casi no sucede.
El actor confesó que el guion le intimidaba. No había conflicto interno, no había rabia ni sombra. El marido de mimbre es puro, feliz, lleno de amor. Y eso, curiosamente, le daba miedo. ¿Cómo interpretas la bondad sin caer en lo plano? ¿Cómo exageras emociones cuando llevas una máscara completa?
El miedo a la pureza (y a la máscara)
La clave de Wicker está ahí. En un personaje sin cinismo, sin dobleces, que ama sin reservas. Skarsgård explicó que se sentía descolocado. Estaba acostumbrado a fricciones internas, a contradicciones. Aquí no. Aquí todo venía de fuera, del mundo que rodea a esa pareja imposible.
Además, el reto físico era brutal. Prótesis, traje completo, gestos amplificados. No podía ser naturalista. Tenía que ser casi teatral, casi de otro tiempo. Y, por lo visto en Sundance, la apuesta ha salido redonda. La película de Alexander Skarsgård funciona precisamente porque no se parece a nada reciente.
Alexander Skarsgård (cordonpress)
Del mimbre al músculo, sin complejos
Para quien busque al Skarsgård más físico, ese sigue ahí, en otros títulos donde reparte presencia como pocos. Pero aquí hay otra cosa. Hay vulnerabilidad, dulzura, una rareza que desarma. Y eso, en un festival saturado de propuestas, se agradece.
No es casual que el público conectara así. Wicker no intenta gustar a todo el mundo. Va a lo suyo. Y cuando una película se atreve a eso, suele pasar lo que pasó en Sundance: ovaciones sinceras y conversación inmediata a la salida del cine.
¿La gran sorpresa del año indie?
Aún es pronto para hablar de premios o de recorrido comercial, pero la sensación es clara. La película de Alexander Skarsgård ya es uno de los títulos más comentados del festival y apunta a convertirse en esa joya rara de la temporada que empieza en circuitos pequeños y acaba dando guerra todo el año.
Tiene romance, tiene fantasía, tiene incomodidad y tiene corazón. Y, sobre todo, tiene personalidad. De esa que no se olvida fácilmente. ¿No crees que ya apetece verla aunque no sepas muy bien cómo explicarla?
Ahora te toca a ti: ¿te llama esta historia de amor hecha de paja y emociones puras, o te deja con cara de “¿qué acabo de leer?” Cuéntanos qué opinas y no olvides seguirnos en Google News para no perderte la próxima ovación sorpresa.


