Hay castings que encajan tan bien que te das cuenta de lo evidentes que son. Desde el primer tráiler, la nueva Supergirl ha transmitido justo eso: una sensación de “esto tenía que ser así”. Y ahora, con palabras claras y sin rodeos, James Gunn ha confirmado lo que muchos ya pensaban en voz baja.
Desde que James Gunn tomó las riendas creativas del nuevo universo DC, quedó claro que no iba a delegar a ciegas. Aunque este año no dirija directamente todos los proyectos, su sombra creativa sigue ahí, muy presente, especialmente en Supergirl, una película que apunta a algo muy distinto de lo que algunos esperaban.
Durante los últimos meses, la conversación alrededor de Supergirl ha ido creciendo poco a poco, sin ruido excesivo, pero con una curiosidad constante. Y no es casualidad. El tono, la estética y la elección de protagonista parecen ir en una dirección clara: una fantasía espacial con personalidad propia, más emocional que solemne, más visceral que académica.
Una Supergirl que mira al espacio… y no pide permiso
El propio Gunn ha sido claro al describir qué tipo de película es esta nueva Supergirl. No estamos ante una adaptación literal del cómic de Tom King, ni mucho menos ante una copia exacta de lo que ya conocemos. Hay respeto por el material original, sí, pero también libertad creativa, y eso se nota.
Según sus propias palabras, la película se mueve en el terreno de la fantasía espacial, con un espíritu que recuerda más a Guardians of the Galaxy que a un drama superheroico tradicional. Mantiene el núcleo emocional del cómic, pero no lo sigue “religiosamente”. Y, sinceramente, suena a buena noticia.
Gunn lo dejó claro en una declaración a TP que no deja lugar a dudas: “Me encanta Milly Alcock en la película, y creo que es una fantasía espacial, algo similar a ‘Guardianes’ en cierto modo, pero basada en el libro de Tom King. No lo sigue de forma religiosa, pero conserva mucho de su esencia. Estoy deseando que la gente la vea y vea a Millie. Va a ser increíble”.
Supergirl (2026)
Ahí está la clave. Supergirl no quiere ser un ejercicio de fidelidad extrema, sino una experiencia cinematográfica con identidad propia. Y para eso, el casting era crucial. No bastaba con alguien que “funcionara”. Hacía falta alguien que llenara la pantalla desde el primer plano.
Milly Alcock, el corazón del personaje
La elección de Milly Alcock como Supergirl no fue fruto del azar. Gunn fue quien apostó directamente por ella, y ahora reafirma que fue la decisión correcta. Hay algo en su presencia que conecta con el tono que busca la película: fragilidad, rabia contenida y una intensidad que no necesita exagerarse.
Esta Supergirl no parece diseñada para caer bien de inmediato. Y eso es justo lo interesante. Es un personaje que promete conflicto interno, heridas abiertas y una mirada distinta sobre lo que significa tener poder en un universo que no siempre es justo. ¿No te apetece ver algo así en el cine?
Eso sí, Gunn también se ha encargado de dejar algo claro: aunque él esté detrás del casting y de la línea general, la película es “muy claramente” la visión de su director, Craig Gillespie. Y eso también dice mucho del proyecto.
Craig Gillespie y una visión que va más allá del encargo
Muchos podrían pensar que Gunn se fijó en Gillespie por Cruella, pero la realidad es otra. La película que realmente lo convenció fue I, Tonya, un trabajo incómodo, crudo y con muchísima personalidad, protagonizado por Margot Robbie. De hecho, Gunn no se cortó al decir que debería haber ganado el Oscar a Mejor Película.
Esa elección no es casual. Supergirl necesita un director que sepa moverse en terrenos emocionales complejos, que no tenga miedo a mostrar aristas y que entienda a los personajes desde dentro. Gillespie encaja ahí como un guante, y eso eleva las expectativas bastante más de lo habitual.
Supergirl (2026)
Mientras tanto, el contexto alrededor de DC Studios no es precisamente tranquilo. Aunque los contratos de Gunn y Peter Safran se han ampliado hasta 2027, el futuro del estudio está lleno de interrogantes. Y no pequeños, precisamente.
Un futuro en juego para DC Studios
Con Supergirl y Clayface en el horizonte, el rendimiento en taquilla será clave. Más aún cuando Warner Bros. Discovery podría cambiar de manos, con Netflix moviendo ficha para adquirir la compañía. Un movimiento de 82.700 millones de dólares que podría cambiarlo todo.
Gunn, lejos de mostrarse nervioso, ha sido sorprendentemente honesto al respecto. No sabe qué esperar, no tiene grandes esperanzas ni miedos concretos. Lo ve como algo emocionante, pero también incierto. Y después de haber pasado por este tipo de cambios varias veces, prefiere la cautela.
Por ahora, el actual CEO, David Zaslav, parece cómodo dejando que Gunn y Safran trabajen a su manera. La gran pregunta es si Netflix, con su enfoque más comercial, permitiría el mismo grado de libertad creativa, especialmente cuando hay personajes como Batman o la Liga de la Justicia sobre la mesa.
Por qué Supergirl puede marcar un antes y un después
Aquí es donde Supergirl se convierte en algo más que otra película del calendario. Si funciona, si conecta con el público y demuestra que hay espacio para propuestas distintas dentro del género, Gunn y Safran ganarán algo mucho más valioso que dinero: margen creativo.
Una Supergirl diferente, con una protagonista que no responde a clichés y una historia que no teme ensuciarse emocionalmente, puede ser justo lo que DC necesita ahora mismo. No para competir, sino para definirse. Para decir “esto es lo que somos”.
Y ahí es donde el casting de Milly Alcock cobra todo el sentido. No es solo una buena elección. Es una declaración de intenciones. Una apuesta por el riesgo controlado, por el talento y por una visión clara. ¿Te convence esta nueva Supergirl o aún necesitas verla en acción para decidirte?
Sea como sea, el viaje promete. Y nosotros estaremos ahí para contarlo. Cuéntanos qué te ha parecido este enfoque de Supergirl y no olvides seguirnos en Google News… que el espacio DC se está poniendo muy interesante.




