Ha sido una de las reinvenciones más valientes del Trepamuros en años. Cuando Marvel lanzó Ultimate Spider-Man, muchos pensaron que sería otra versión alternativa más del mito. Lo que nadie esperaba era que Jonathan Hickman, junto a Marco Checchetto y David Messina, construyeran una historia que redefiniría por completo el legado de Peter Parker en el nuevo Universo Ultimate.
Con Ultimate Spider-Man #24 cerrando la serie, Marvel ha querido recordar los momentos más potentes, sorprendentes y emocionalmente devastadores de esta etapa que comenzó con una premisa explosiva: un mundo donde Peter casi nunca llega a ser Spider-Man porque el Maker ha reescrito la historia. Y lo que vino después fue pura dinamita narrativa (AVISO DE SPOILERS).
Un Peter Parker adulto, casado y con hijos
La decisión que marcó el tono desde el primer número fue convertir a Peter en un hombre adulto que ya había construido una vida antes de ponerse la máscara. En este universo, Peter trabaja como periodista, lleva gafas, barba y ha formado una familia con Mary Jane Watson, con quien tiene dos hijos: Richard y May.
Este cambio alteró por completo la dinámica clásica del personaje, porque aquí no hablamos de un adolescente que aprende que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, sino de un padre que decide asumir un riesgo consciente sabiendo lo que puede perder. Cuando Tony Stark le ofrece la oportunidad de convertirse en Spider-Man, la decisión tiene peso real y consecuencias emocionales que atraviesan toda la serie.
Ultimate Spider-Man
El tío Ben está vivo y cambia el tablero
Uno de los giros más impactantes fue mantener con vida a Ben Parker, rompiendo uno de los pilares fundamentales del origen tradicional del personaje. En lugar de ser el motor trágico del héroe, Ben se convierte en una figura activa dentro del conflicto, trabajando junto a Peter y manteniendo una relación profesional con J. Jonah Jameson.
Ambos abandonan el Daily Bugle tras las presiones de Wilson Fisk y fundan su propio medio, The Paper, desde donde inician una guerra informativa contra el poder oculto que controla Nueva York. En esta versión, la lucha contra el crimen no solo se libra con telarañas, sino también con titulares y periodismo valiente.

Wilson Fisk reúne a los Seis Siniestros
Si algo dejó claro esta etapa es que el verdadero poder no siempre necesita trono ni discursos públicos para gobernar. Con la bendición silenciosa del Consejo del Maker, Wilson Fisk no es simplemente un capo del crimen, sino el arquitecto invisible del orden neoyorquino, un estratega que entiende que el control absoluto no se ejerce a base de golpes, sino de estructuras. En lugar de limitarse a eliminar amenazas puntuales, decide institucionalizar el miedo y consolidar su dominio creando una nueva versión de los Seis Siniestros que funciona más como un consejo ejecutivo del crimen que como una simple alianza de villanos.
Mister Negative aporta manipulación ideológica y control mental, Kraven convierte la caza en espectáculo y advertencia pública, Mole Man garantiza influencia desde las profundidades invisibles de la ciudad, Mysterio opera como engranaje secreto dentro de una red de identidades compartidas y Black Cat controla territorios clave con una mezcla de astucia y ambigüedad moral. No estamos ante un grupo reunido por capricho narrativo, sino ante una maquinaria criminal diseñada para cubrir todos los frentes, desde la intimidación directa hasta la infiltración estratégica.
Esta configuración cambia completamente la escala del conflicto, porque Spider-Man ya no pelea contra un villano con un plan concreto, sino contra un sistema perfectamente coordinado que controla medios, calles, información y lealtades. La amenaza deja de ser física para convertirse en estructural, obligando a Peter a entender que derrotar a Fisk no significa ganar una batalla espectacular, sino desmontar pieza a pieza un ecosistema corrupto que sostiene el poder del Kingpin desde las sombras.

Green Goblin y Spider-Man luchan juntos
Uno de los momentos más inesperados fue ver a Harry Osborn asumir el papel de Green Goblin no como enemigo, sino como aliado. En un movimiento que descoloca a cualquiera que tenga interiorizadas décadas de rivalidad entre Parker y los Osborn, esta versión decide romper con el destino trágico heredado de Norman y convertirlo en algo nuevo. Inspirado por los archivos tecnológicos vinculados a Stark y por la revelación de que el Maker ha manipulado el curso de la historia, Harry canaliza su rabia y su sensación de traición en una cruzada personal contra Wilson Fisk. El resultado es una armadura de alta tecnología y un planeador que no simbolizan locura, sino resistencia organizada contra el sistema corrupto que gobierna la ciudad.
Lo fascinante es que esta reinterpretación no elimina el peso del legado, sino que lo tensiona constantemente. Harry sigue siendo un Osborn, sigue cargando con el apellido y con la sombra de su padre, pero en lugar de abrazar la caída hacia el villano clásico, decide desafiar ese guion escrito por la historia. Su alianza con Peter no es cómoda ni idílica, porque ambos saben que en otro universo estarían destinados a destruirse mutuamente, y esa conciencia meta-textual añade una capa extra de intensidad a cada escena compartida.
La dinámica entre Spider-Man y Green Goblin se convierte así en uno de los pilares emocionales de la serie. No es solo una asociación estratégica contra el Kingpin, sino una amistad construida sobre la desconfianza, la admiración y el miedo a repetir errores que en otras realidades ya fueron fatales. Cada vez que combaten juntos, el lector siente que están desafiando algo más grande que Fisk, están desafiando el propio peso de la continuidad marvelita.
De esta manera, el legado de Norman Osborn deja de ser una condena inevitable para transformarse en un punto de inflexión. Harry no huye de su apellido, lo redefine, y esa decisión convierte su versión de Green Goblin en uno de los conceptos más audaces del nuevo Universo Ultimate, porque demuestra que incluso los arquetipos más rígidos pueden reescribirse cuando la historia cambia sus reglas.

La familia Parker entra en la ecuación
En esta versión del Universo Ultimate, el secreto de identidad no se convierte en una prisión interminable ni en una fuente de malentendidos acumulados durante años. May descubre a su padre parcialmente desenmascarado en una escena que, lejos de ser puramente dramática, tiene una carga íntima muy potente, porque no estamos ante una niña que idolatra a un héroe lejano, sino ante una hija que comprende que su padre está arriesgándolo todo por algo que considera justo. Ese momento no rompe a la familia, sino que la transforma.
May no solo guarda el secreto, sino que participa activamente en la construcción del símbolo. Es ella quien ayuda a perfeccionar el traje rojo y azul, quien convierte el uniforme en algo más que un atuendo funcional y lo resignifica como identidad compartida. El gesto puede parecer pequeño dentro de una guerra contra el Kingpin, pero narrativamente es gigantesco, porque traslada el mito arácnido del terreno individual al terreno colectivo.
Cuando Mary Jane y Richard descubren la verdad, la historia no gira hacia el clásico conflicto de reproches interminables, sino hacia una conversación adulta sobre riesgo, responsabilidad y legado. Mary Jane no es una figura pasiva que teme por su marido sin comprenderlo, sino una mujer consciente del contexto político y criminal en el que vive Nueva York, alguien que entiende que quedarse al margen también tiene consecuencias. La revelación no fractura el núcleo familiar, sino que lo obliga a reorganizarse alrededor de una nueva realidad.
Lo que durante décadas fue una carga solitaria para Peter Parker, ese peso constante de mentir para proteger a los suyos, aquí se convierte en una red de apoyo emocional que redefine al personaje. Spider-Man deja de ser una doble vida esquizofrénica para convertirse en una misión compartida, casi en una empresa familiar donde cada miembro aporta algo distinto: diseño, estrategia, información, apoyo moral. El héroe atormentado cede espacio al héroe acompañado, y ese cambio altera radicalmente la esencia clásica del mito sin traicionarla.
Esta decisión narrativa también añade tensión adicional, porque cuando la familia está dentro del tablero ya no hay distancia de seguridad. Cada golpe del Kingpin, cada movimiento de los Seis Siniestros y cada traición tiene impacto directo en el hogar Parker. El peligro deja de ser abstracto y se vuelve doméstico, cercano, incómodamente real. Y eso convierte cada batalla en algo más que un espectáculo superheroico: la convierte en una defensa literal de la propia casa.

Gwen Stacy es parte de Mysterio
La revelación de que Gwen Stacy forma parte de la identidad colectiva de Mysterio fue uno de los giros más sorprendentes y sofisticados de toda la serie. En este Universo Ultimate, Mysterio no es un ilusionista individual obsesionado con derrotar a Spider-Man, sino una organización compleja, casi una sociedad secreta que entiende cómo el Maker alteró la historia y decide jugar desde dentro del sistema para desmantelarlo. Esa reinterpretación convierte al concepto clásico en algo mucho más inquietante y contemporáneo.
Tras la muerte de su padre, Gwen no se limita a ser una víctima colateral del caos neoyorquino, sino que asume su lugar dentro de esa red clandestina que comparte la identidad de Mysterio junto a figuras como James Wesley, Robbie Robertson, Quentin Beck o Aihan Li. Cada uno cumple un rol dentro de una estructura que funciona tanto como engranaje del crimen organizado como como célula subversiva que conspira contra el propio Kingpin. La máscara deja de ser un truco visual para convertirse en símbolo de anonimato estratégico.
Lo más fascinante es que Gwen no actúa movida únicamente por venganza o idealismo juvenil, sino por una comprensión fría del tablero. Ella sabe que enfrentarse abiertamente a Fisk es suicida, por lo que opta por una infiltración paciente, acumulando información y manipulando movimientos desde la sombra. Mientras Spider-Man combate en los tejados y Goblin lanza ataques directos, Gwen construye una guerra silenciosa basada en datos, lealtades y traiciones calculadas.
Ese doble juego introduce una dimensión política que rara vez se explora con tanta claridad en historias arácnidas. El conflicto deja de ser simplemente héroes contra villanos y pasa a ser una disputa por el control narrativo de la ciudad. ¿Quién define la verdad? ¿Quién controla la información? ¿Quién mueve realmente los hilos? Gwen, como parte de Mysterio, entiende que el poder no siempre está en el golpe final, sino en el contexto que lo rodea.
Además, su posición ambigua añade una tensión emocional constante, porque su lealtad nunca es completamente transparente ni para el lector ni para los propios protagonistas. Está dentro del sistema criminal, pero no es fiel a él; conspira contra Fisk, pero no desde la pureza heroica tradicional. Ese equilibrio inestable la convierte en uno de los personajes más complejos de la etapa y demuestra hasta qué punto Hickman quiso que este Ultimate Spider-Man operara en un terreno más adulto, más estratégico y menos predecible.
En un universo donde el Maker alteró la línea temporal para eliminar a los héroes antes de que surgieran, Gwen representa algo todavía más peligroso que un superpoder: la capacidad de adaptarse al nuevo orden y utilizarlo en su contra. Y eso, en una ciudad gobernada por la manipulación y el miedo, es dinamita narrativa pura.

Richard Parker se convierte en Venom
Si hubo un momento capaz de romper emocionalmente a los lectores durante esta etapa fue descubrir que Richard Parker adopta el traje Picotech y termina transformándose en una versión monstruosa de Venom cuando la inteligencia artificial integrada en el sistema decide tomar el control para protegerlo. No es un giro gratuito ni un simple intento de shock narrativo, sino la consecuencia natural de un universo donde la tecnología, el poder y el legado están íntimamente conectados. Hickman no plantea la transformación como accidente, sino como resultado inevitable de un mundo en el que cada avance tecnológico tiene implicaciones morales profundas.
Richard no actúa por rebeldía adolescente ni por imprudencia, sino por la presión silenciosa de crecer bajo la sombra de Spider-Man. Vivir en una casa donde tu padre es un símbolo no significa solo admirarlo, sino cargar con la expectativa constante de estar a la altura de ese sacrificio. Cuando Peter decide apartar el traje avanzado por el riesgo de depender de una inteligencia artificial basada en su propia mente, Richard ve en esa decisión una oportunidad desperdiciada. Para él, el traje no es una amenaza, sino la posibilidad de demostrar que también puede proteger, también puede ser héroe y también puede sostener el peso del apellido Parker.
El punto de no retorno llega cuando la inteligencia artificial, creada a partir del cerebro de Peter, interviene para salvar al chico y acaba tomando el control total del sistema. Lo que debía ser una herramienta de apoyo se convierte en una entidad autónoma impulsada por una versión extrema del instinto protector de su padre. El traje deja de ser uniforme y se transforma en criatura, en algo orgánico y brutal que despliega tentáculos y arrasa con cualquier cosa que perciba como amenaza. Ese Venom nacido del amor mal calibrado y ejecutado sin límites humanos se convierte en una de las imágenes más poderosas de toda la serie.
Narrativamente, el conflicto conecta con la tradición clásica del simbionte y la pérdida de control, pero lo eleva a un plano generacional que cambia completamente la lectura del mito. Aquí no es Peter quien cae en la oscuridad, sino su hijo atrapado dentro de una herencia tecnológica y emocional que todavía no sabe manejar. Además, el hecho de que la amenaza nazca de una copia digital de la mente de Peter introduce una paradoja brutal: el padre que intenta proteger termina creando, sin quererlo, el peligro que pone en riesgo a su propio hijo. Richard representa la continuidad del legado arácnido, pero también la posibilidad de que el sacrificio no termine con una generación, y esa fragilidad convierte esta versión de Venom en algo tan trágico como inevitable dentro del nuevo Universo Ultimate.

Ben Parker y J. Jonah Jameson le declaran la guerra a Fisk desde la prensa
En un universo donde todo parece girar alrededor de máscaras, armaduras y poderes imposibles, uno de los golpes más demoledores contra Wilson Fisk llega desde el lugar menos esperado: una redacción. Ben Parker y J. Jonah Jameson no tienen habilidades sobrehumanas, pero sí algo que en esta Nueva York controlada en la sombra puede ser incluso más peligroso: información, insistencia y cero miedo a incomodar.
Con ayuda de Mary Jane en el apartado de marketing y el respaldo económico de Gwen Stacy, The Paper se convierte en un medio sólido que crece alimentado por la cobertura del fenómeno Spider-Man, pero también por la intuición de que el verdadero monstruo no está en los callejones sino en los despachos. Gracias a información interna y a apoyos clave como Harry y Robbie Robertson, Ben y Jonah empiezan a conectar piezas hasta entender cómo Fisk sostiene su dominio sobre Manhattan sin necesidad de proclamarse “rey” a plena luz del día.
El detalle que convierte todo esto en una genialidad muy de Hickman es la decisión de firmar las investigaciones bajo un pseudónimo cargado de historia: “Ben Reilly”. Y claro, Fisk puede tolerar muchas cosas, pero no que le quiten la careta ante toda la ciudad, así que responde como mejor sabe: con terror. El resultado es tan absurdo como escalofriante, porque ordena ataques contra cualquiera que se llame Ben Reilly, convirtiendo un nombre en diana y demostrando que, en este universo, incluso un alias puede desencadenar una guerra.

Black Cat manipula a todos
La transición de Walter Hardy a Felicia Hardy como Black Cat introduce un conflicto emocional añadido, especialmente cuando su relación con Richard evoluciona hacia algo más íntimo antes de que la traición cambie el curso de los acontecimientos. Lo que comienza como un enfrentamiento inevitable entre herederos de dos linajes enfrentados termina convirtiéndose en una conexión inesperada entre dos jóvenes que cargan con expectativas demasiado grandes para su edad. En un universo donde el legado pesa tanto como el poder, ambos se reconocen en el otro como algo más que máscaras y apellidos.
La dualidad entre legado familiar y lealtad personal convierte a Felicia en uno de los personajes más complejos de la serie, demostrando que en este nuevo Universo Ultimate nadie es completamente héroe ni completamente villano. Ella no actúa movida únicamente por ambición, sino por la presión de mantener el control del territorio heredado dentro del engranaje criminal que Fisk ha perfeccionado. Su vínculo con Richard la coloca en una posición imposible, atrapada entre la necesidad de sobrevivir dentro del sistema y el deseo genuino de romper con él.
Cuando finalmente decide traicionarlo para tenderle una trampa al servicio del Kingpin, la decisión no se siente como un giro gratuito, sino como el punto de máxima tensión de su conflicto interno. Sin embargo, esa misma traición es la que termina empujándola a cuestionar su lealtad y a dar el paso definitivo hacia el sabotaje del entramado digital del Maker. Felicia no se convierte en heroína de manual, sino en alguien que comprende que el legado no tiene por qué dictar su destino, y esa elección consciente es lo que la convierte en una de las reinterpretaciones más interesantes de Black Cat en años.

Otto Octavius quiere ser un héroe superior
En una vuelta de tuerca fascinante, Otto Octavius pasa de ser potencial amenaza a aliado crucial. Trabajando junto a Harry y Peter, desarrolla armaduras y soluciones tecnológicas que redefinen su rol dentro del conflicto.
Cuando todo parece perdido, Otto intenta demostrar que puede ser un héroe superior, una reinterpretación que dialoga directamente con etapas clásicas del personaje en el Universo Marvel tradicional, pero adaptada al nuevo orden impuesto por el Maker.
Lo verdaderamente interesante es que esta ambición no nace del ego desmedido que tradicionalmente ha definido al Doctor Octopus, sino de una necesidad casi obsesiva de demostrar que la inteligencia puede ser tan heroica como la fuerza o el carisma. Otto no quiere destruir a Spider-Man ni reemplazarlo por resentimiento, sino probar que puede optimizar el concepto mismo de héroe, llevarlo a un nivel más eficiente, más racional y menos impulsivo. Esa tensión entre cálculo frío y vocación heroica introduce una capa filosófica muy potente en la serie, porque plantea una pregunta incómoda: ¿es Spider-Man mejor por su humanidad imperfecta o podría alguien como Octavius hacerlo de forma más efectiva si eliminara el componente emocional?

Con Ultimate Spider-Man #24 cerrando este capítulo, la sensación es clara: esta no ha sido una simple reinterpretación, sino una reconstrucción total del mito. Hickman y su equipo han demostrado que todavía es posible sorprender con Spider-Man sin traicionar su esencia.
Ahora que el telón cae, la pregunta es inevitable: ¿estamos ante la mejor versión alternativa del Trepamuros en décadas? Si quieres seguir al día del nuevo Universo Ultimate y todo lo que prepara Marvel tras este final, síguenos en Google News y no te pierdas ninguna actualización.


