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Los Goonies nunca dicen “muerto”

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Treinta años después de su estreno, ‘The Goonies‘ (1985) sigue siendo un referente del cine de los 80 y un gran legado que dejarle a las futuras generaciones para aprender a luchar por nuestros sueños. Hoy, desde Cinemascomics queremos rendirle tributo a este grupo de jóvenes que nos robó, nos roba y siempre nos robará el corazón.

Finales de la década de los 90. El mundo se preparaba para cosas tan inverosímiles como ‘El club de la lucha‘ o ‘Matrix‘, y la “Generación X” que parecía muerta desde el disparo de Kurt seguía más viva que nunca. La sociedad se rompía por el miedo al nuevo siglo y a lo que vendría después; los unos por ausencia de fe, los otros por amor a las conspiraciones.

Por aquel entonces, yo volvía de Barcelona sentado detrás del asiento del conductor en un Citröen Xsara gris, matrícula 1455BP, brillante por la reciente adquisición de una familia de clase media. Me había tirado todo el viaje discutiendo y peleando con mi hermano, cosa usual, mientras sonaba de fondo la música de Estopa o de Amaral o de La Oreja de Van Gogh… No lo recuerdo. Como siempre tras la peregrinación familiar, pedimos unas pizzas a domicilio al llegar a casa para librar a “la jefa” de un cabreo inminente. La oferta incluía una pelicula en formato VHS y escogimos una que tenía dibujada una calavera blanca de pirata sobre fondo negro con el título ‘The Goonies‘. Pensábamos que sería de miedo, tenía su gracia. Lo que no sabía es que en mis manos tenía la semilla de una de mis innumerables pasiones: el cine.

Una de las portadas de 'The Goonies' (1985).

El capitalismo que quiso arrasar con los Muelles de Goon.

The Goonies‘ (1985) es una historia mágica, desde el principio hasta el final. Contada desde ese punto de vista tan característico de los años 80 y con un aroma de nostalgia de las buddy movies al uso. ¿Quién iba a pensar que la aventura de unos adorables muchachitos perdidos en un pueblo de la mano de Dios sería tan embriagadora y gratificante?

Los Goonies son un grupo de jóvenes habitantes de los Muelles de Goon cuya vida se va a ver completamente transformada por la compra de los terrenos donde ellos conviven. El objetivo es hacer unos campos de golf, hasta ahí todo correcto. Una metáfora del voraz capitalismo que arrasa con todo. Es entonces cuando el azar lleva a este grupo a descubrir la historia de Willy “el Tuerto”, un pirata casi mitológico que escondió un tesoro en las profundidades de ese territorio. Enloquecido por la avaricia, Willy se encerró en sí mismo y poco a poco fue degradándose hasta tal punto que desconfió de su propia sombra. El dinero se lo llevó, pero el oro se mantuvo intacto.

La transformación del adolescente y el miedo al fluir del tiempo.

El grupo de lugareños se embarca entonces en una travesía al ritmo de Cindy Lauper, una odisea por los temores de la adolescencia y el miedo al paso del tiempo, al cambio. Con la familia Fratelli como telón de fondo y un tierno Sloth para representar la igualdad de la raza humana, el grupo de Goonies avanza inexorablemente hacia la gran verdad de la vida. Superando trampas (¡eso he dicho, trampas!), obstáculos, un pozo de los deseos y un terrorífico piano, el grupo formado por Mikey, Bocazas, Brand, Data, Andy y Stef (con el cómico dúo Sloth-Gordi alimentándose a base de choooo-coooo-laaaaa-teeee) atraviesan el umbral de lo desconocido para sumergirse en el nuevo agua, donde un transporte los espera: el barco.

Después de la lucha de fuerzas entre los Goonies y los Fratelli, los muchachos escapan sin nada del botín, a excepción de unos diamantes que significarán la salvación del pueblo. El clásico final hollywoodiano donde todos los protagonistas acaban felices y los malos reciben su castigo suena a tópico, pero esconde algo más. No es el sueño americano de la comedia o la aventura al uso, es la esperanza de unos jóvenes que luchan por su vida y su futuro porque es el tiempo que les ha tocado vivir. El triunfo de los valores más puramente existenciales y la simple metáfora que grita a los cuatro vientos “no dejes que el mundo te arrolle si puedes hacerlo tú primero“.

Fotograma de la última escena de 'The Goonies' (1985).

Goonies: Never say die.

Todo esto es ‘The Goonies‘. Un regalo, sin duda; una lección. El aprendizaje que me llevo será el legado que dejaré en el futuro, y aunque no nací en los 80 ni tampoco formo parte de esa quinta social que creció con ellos puedo afirmar sin ningún temor que yo también soy “Generación Goonie“. ¿Que por qué lo soy? Muy simple, porque los Goonies nunca dicen muerto.

Curiosidades:

Sean Astin (Mikey) se llevó como recuerdo el mapa del tesoro que emplean en la búsqueda de Willy “el Tuerto”. ¿Sabes qué fue de él? ¡Su madre lo tiró por error pensando que era un trozo de papel viejo e inútil!

– El director de la película, Richard Donner, participa en ‘The Goonies‘ haciendo un cameo al final de la trama. ¿Sabes quién es? ¡El sheriff canoso de la última escena!

– El maquillaje de John Matuszak (Sloth) era tan difícil de conseguir que se empleaban en él hasta cinco horas de trabajo. ¡Incluso su ojo deforme era manejado por control remoto y el actor tenía que seguir una cuenta atrás mental para parpadear simultáneamente con ese aparato!

– Richard Donner intentó sorprender al reparto de ‘The Goonies‘ sin mostrarles el barco hasta el rodaje de la escena. La sorpresa fue tan impactante y el barco tan extremadamente realista que los jóvenes intérpretes comenzaron a soltar tacos y a desvariar y tuvieron que rodar la escena íntegramente de nuevo.

– En la ingeniosa mecánica que Mikey idea para abrir la puerta de su casa se puede leer “Rube G.“, ¿sabes a qué hacer referencia? Es una mención a Rube Goldberg, prestigioso dibujante e ingeniero ganador de un Premio Pulitzer y experto en diseñar dispositivos y máquinas.

– Curiosamente, el grupo musical La Oreja de Van Gogh tituló uno de sus discos como ‘El viaje de Copperpot‘, en referencia explícita el explorador Chester Copperpot que fue detrás del tesoro de Willy “el Tuerto” sin encontrar éxito.

– Damas, caballeros: ¡abróchense los cinturones! La anécdota que Gordi les cuenta a los Fratelli sobre la vomitina en el cine fue real. ¿Protagonista? El mismísimo Steven Spielberg, productor del film.

– ¿Dispuesto a arruinar tu infancia? ‘The Goonies‘ tiene una versión porno de la película que lleva el título ‘The Poonies‘.

– ‘The Goonies‘ estuvo a punto de tener una serie de animación para televisión desarrollada por Cartoon Network durante los años 90. Gracias a Dios, la idea se ahogó de la misma manera que la siguiente curiosidad.

Dibujos ideados para la serie 'The Goonies' de Cartoon Network.

ATENCIÓN: En una de las escenas eliminadas, los Goonies se tienen que enfrentar a una especie de pulpo gigante que se oculta cerca del barco de Willy “el Tuerto”. No te pierdas la escena con Data haciendo de las suyas.