¿Y si Pandora no fuera tan original como siempre hemos creído? Con Avatar 3 ampliando el universo creado por James Cameron, vuelve a la conversación una comparación que lleva años rondando a los aficionados a la ciencia ficción. Una serie estrenada hace tres décadas comparte con Avatar una premisa tan parecida que resulta difícil no levantar una ceja. Hablamos de Tierra 2 (Earth 2).
No se trata de señalar culpables ni de acusar a nadie de plagio. La pregunta es mucho más sugerente: ¿estamos ante una coincidencia propia del género o ante una inspiración silenciosa que el tiempo ha vuelto a poner sobre la mesa? Para responder, conviene repasar qué contaba aquella serie noventera y por qué hoy, con Pandora más viva que nunca, resulta tan fácil trazar paralelismos.
Un futuro donde la Tierra ya no basta
En Avatar, la humanidad ha llevado su planeta al límite. Los recursos se han agotado y las grandes corporaciones miran al espacio como única salida. En el año 2154, una expedición llega a Pandora, una luna exuberante y peligrosa, habitada por los Na’vi, seres humanoides de piel azul con una conexión profunda —casi espiritual— con la naturaleza que los rodea. El conflicto surge cuando la supervivencia humana choca frontalmente con la de ese mundo.
Tierra 2 planteaba algo muy similar ya en 1994. Ambientada en el año 2192, mostraba una Tierra devastada hasta tal punto que la mayoría de la población vivía en estaciones espaciales. El contacto con un entorno natural se había convertido en un lujo… y también en una necesidad vital. El viaje a otro planeta no era una ambición científica, sino una cuestión de supervivencia.
Dos historias separadas por años y formatos distintos, pero unidas por la misma pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando llegamos tarde a un mundo que ya estaba completo sin nosotros?
¿De qué iba realmente Tierra 2?
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La serie ponía el foco en Devon Adair, una empresaria multimillonaria interpretada por Debrah Farentino, dispuesta a desafiar al propio gobierno para salvar a su hijo Ulysses, encarnado por Joey Zimmerman. El niño sufría una enfermedad conocida como el síndrome, que se creía provocada por crecer en entornos artificiales lejos de la naturaleza. La solución era tan radical como desesperada: el Proyecto Edén, una misión para colonizar el planeta G889, un mundo con condiciones muy similares a las de la Tierra.
Nada sale según lo previsto. El gobierno se opone al plan y sabotea la nave, que acaba estrellándose en el planeta tras un larguísimo viaje. Entre los supervivientes destacan personajes como John Danziger, un militar endurecido interpretado por Clancy Brown, o Alonzo Solace, el carismático piloto al que dio vida Antonio Sabàto Jr.. Junto a ellos, la joven Bess Martin, interpretada por Rebecca Gayheart, aporta una mirada más humana a la misión.
Mientras el grupo avanza hacia Nueva Pacífica, el asentamiento humano planificado, descubren que G889 no está deshabitado. El planeta es el hogar de los Terrianos, una raza nativa con una conexión profunda y casi física con la tierra. Uno de los personajes más inquietantes es Gaal, un Terriano ambiguo y enigmático interpretado por Tim Curry, cuya presencia refuerza esa idea de simbiosis entre especie y planeta.
El contacto con los Terrianos cambia por completo el destino de Ulysses. El niño comienza a curarse y desarrolla habilidades especiales, convirtiéndose en una pieza clave del conflicto. Al mismo tiempo, una autoridad humana conocida como el Consejo planea utilizarlo como herramienta para controlar el planeta, dejando claro que la amenaza no procede solo del entorno alienígena, sino también de la propia humanidad.
Tierra 2 terminó tras una única temporada de 22 episodios, con una cancelación abrupta que dejó muchas tramas abiertas. Aun así, la serie cerró con una idea poderosa flotando en el aire: la convivencia entre humanos y nativos era posible, aunque el precio a pagar estuviera lleno de tensiones, traiciones y decisiones moralmente incómodas.
Similitudes que van más allá del color azul
Es tentador quedarse en lo visual y señalar que tanto los Na’vi como los Terrianos son humanoides de piel azul. Pero las coincidencias estructurales son más profundas. En ambas historias, los humanos llegan como colonizadores a un mundo que no les pertenece. Son tecnológicamente superiores, pero espiritualmente desconectados del entorno. Los habitantes nativos, en cambio, poseen una relación simbiótica con la naturaleza que los humanos no comprenden… y que, en el fondo, envidian.
También se repite un patrón muy claro: el conflicto no es solo entre especies, sino dentro de la propia humanidad. Hay personajes que buscan entender y convivir, y otros que solo ven recursos, poder y control. Esa división interna es tan importante como el enfrentamiento con los nativos.
Incluso el papel del “elegido” aparece en ambos relatos. Ulysses en Tierra 2 y Jake Sully en Avatar actúan como puentes entre dos mundos, figuras capaces de comprender ambas realidades y de cuestionar las decisiones de los suyos.
Las diferencias que marcan el destino de cada historia
Avatar: Fuego y ceniza (2025)
Aun así, conviene no meterlas en el mismo saco. Avatar es una superproducción cinematográfica pensada como saga desde su concepción, con un despliegue visual y narrativo que le ha permitido desarrollar su mundo con enorme detalle. Tierra 2, en cambio, fue una serie de televisión ambiciosa para su época, pero limitada por presupuesto y, sobre todo, por una cancelación prematura.
El enfoque también cambia. Avatar centra gran parte de su relato en la transformación personal de su protagonista y en el choque cultural con los Na’vi. Tierra 2 apostaba por una narrativa más coral, con múltiples personajes, dilemas morales y subtramas políticas que apenas tuvieron tiempo de madurar.
Y, por supuesto, no existe ninguna declaración oficial que confirme que James Cameron se inspirara directamente en la serie. Muchas de las ideas presentes en Avatar —colonialismo, ecología, choque entre progreso y naturaleza— forman parte del ADN de la ciencia ficción desde mucho antes.
Coincidencias curiosas y ecos del género
Hay, eso sí, detalles que alimentan la conversación. Uno de los productores de Tierra 2 fue Billy Ray, que años después aparecería acreditado como guionista de Terminator: Destino oscuro, una película ligada directamente al universo creado por Cameron. No prueba nada, pero añade una de esas coincidencias que tanto gustan a los aficionados al género.
La ciencia ficción siempre ha funcionado como un gran diálogo entre obras. Las ideas viajan, se transforman y reaparecen adaptadas a nuevas sensibilidades y tecnologías. Lo que en los años 90 fue una serie adelantada a su tiempo, hoy puede verse reflejado —con otra escala— en una de las sagas más taquilleras de la historia del cine.
Pandora, G889 y la eterna pregunta
Con Avatar 3 expandiendo aún más el mundo de Pandora, estas comparaciones vuelven a cobrar fuerza. No para restar mérito a la obra de James Cameron, sino para recordar que ninguna gran historia nace en el vacío. Quizá Tierra 2 y Avatar sean dos respuestas distintas a la misma inquietud: qué ocurre cuando la humanidad, tras arrasar su hogar, intenta empezar de nuevo en un lugar que ya tiene su propio equilibrio.
Ahora la pregunta queda en el aire. ¿Crees que Pandora tiene más de G889 de lo que muchos quieren admitir, o todo se reduce a una coincidencia inevitable dentro de la ciencia ficción? Te leemos en comentarios.




