Gore Verbinski llevaba casi una década en silencio cinematográfico… y resulta que no estaba desaparecido, estaba acumulando mala leche. El director de Piratas del Caribe regresa a los cines este 13 de febrero con Good Luck, Have Fun, Don’t Die, una comedia de ciencia ficción tan rara como incómoda, y una entrevista en The Hollywood Reporter donde deja claro que no ha vuelto para quedar bien con nadie. Especialmente con la IA.
Un regreso pequeño, pero muy cabreado
La última película de Gore Verbinski llegó en 2017 (La cura del bienestar). Desde entonces, ha estado desarrollando proyectos que no salieron adelante, incluido un ambicioso musical animado de ciencia ficción que murió en desarrollo. Cuando aquello se vino abajo, Verbinski se volcó por completo en el guion de Good Luck, Have Fun, Don’t Die… y ahí encontró vía libre para soltar todo lo que llevaba años mascando.
La película, protagonizada por Sam Rockwell, mezcla ciencia ficción, acción y comedia para contar la historia de un tipo que entra en un restaurante de Los Ángeles ofreciendo salvar a la humanidad de una IA descontrolada. Todos los grandes estudios dijeron que no. Tres veces se cayó la financiación independiente. Y aun así, salió adelante.
La IA, el gran enemigo (y no por donde crees)
Good Luck, Have Fun, Don’t Die
Gore Verbinski no tiene problema en señalar a la IA como uno de los grandes temas que le obsesionan ahora mismo, pero no desde el miedo clásico a las máquinas, sino desde algo mucho más cotidiano. Le preocupa qué tareas está ocupando. La frase más comentada de la entrevista resume perfectamente su postura: “¿Por qué la IA me está ayudando a escribir una canción o a contar una historia? Eso es justo lo que nos define como humanos. Yo no quiero que la tecnología cree por mí, ni que piense por mí, ni que me quite el placer —y el conflicto— de imaginar.
Quiero que cure el cáncer, que resuelva problemas imposibles, que haga lo que nosotros no podemos o no queremos hacer. Porque cuando la IA empieza a ocupar el espacio de la creatividad, no nos está ayudando: nos está sustituyendo en lo único que realmente nos hace humanos.”
Para Verbinski, la tecnología ha empezado a meterse justo donde no debería: en la creatividad, en la expresión humana, en aquello que define quiénes somos. Y eso, dice, es mucho más inquietante que cualquier robot asesino.
Estamos entrenando a la IA con lo peor de nosotros
Más allá del chiste, el director plantea una reflexión bastante más oscura. Gore Verbinski cree que estos son los años formativos de la IA, y que estamos volcándole encima nuestras peores manías, obsesiones y defectos.
No entra en teorías conspiranoicas, pero sí lanza una pregunta incómoda: si la IA aprende de nosotros, ¿qué tipo de entidad estamos creando realmente? En su película, el villano no es frío ni lógico, sino algo mucho más molesto: una IA que quiere gustarte, que necesita validación constante. Para él, ese es el verdadero terror moderno.
La comedia como arma
Good Luck, Have Fun, Don’t Die
Pese a lo cargado del discurso, Gore Verbinski insiste en que Good Luck, Have Fun, Don’t Die no es un sermón. Es una comedia. Y no por casualidad. Según explica, hacer reír es la mejor forma de colar ideas incómodas. Si el espectador se ríe, baja la guardia. Y ahí es donde entra el mensaje. De hecho, define la película como una experiencia casi terapéutica: verla, reírse, salir a cenar… y luego hablar de lo que acabas de ver.
Hollywood ya no quiere cosas nuevas
Verbinski tampoco se muerde la lengua al hablar de la industria. Reconoce que el estado actual de Hollywood es desolador para el cine original. Si no es una franquicia, no interesa. Y si entra en juego un algoritmo, peor aún.
Por eso celebra haber encontrado refugio en Briarcliff Entertainment, una distribuidora diminuta que aún cree en estrenar en salas. Cinco personas, presupuestos ajustados y muchas ganas. Para él, suficiente.
No vuelve con un blockbuster… y le da igual
Good Luck, Have Fun, Don’t Die no pretende ser el próximo gran evento comercial. Verbinski lo sabe y lo asume. Ha hecho una película rara, incómoda y muy personal. Una de esas que no encajan en el molde actual, pero que dicen mucho de la época en la que vivimos.
Después de casi diez años, Gore Verbinski no ha vuelto para repetir fórmulas. Ha vuelto para pinchar donde duele. Y eso, hoy en día, ya es bastante raro.
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