Especial zombies (I): Crítica de 'Zombies Party' Especial zombies (I): Crítica de 'Zombies Party'
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Especial zombies (I): Crítica de ‘Zombies Party’

Cartel de 'Zombies Party' (título original, 'Shaun of the dead')
Cartel de ‘Zombies Party’ (título original, ‘Shaun of the dead’)

Con motivo del estreno en cines de ‘Memorias de un zombie adolescente’, en ‘Cinemascomics.com’ analizamos destacadas películas del subgénero. Comenzamos el ‘Especial zombies’ con el análisis de la británica ‘Zombies Party’.

Fue un visto y no visto en las carteleras españolas, al menos en el cine que recuerdo que se estrenó, pues quise verla una semana y a la siguiente ya no estaba. Es curioso, pero pese a su fugaz paso por taquilla, no recuerdo ahora mismo otra película que haya tenido mejor boca-oreja en los últimos tiempos, y es que ‘Zombies Party’ (‘Shaun of the dead’, 2004) es una auténtica gozada a reivindicar.

Si algo tiene ‘Zombies Party’ son pocas pretensiones de ser una película importante, y es que tanto el director Edgar Wright como sus dos protagonistas Simon Pegg & Nick Frost, eran unos completos desconocidos para prácticamente todo el mundo, y tan solo en el Reino Unido eran medianamente conocidos por una serie de televisión titulada ‘Spaced’ (muy recomendable), por lo que el hecho de reunirse para filmar su primera película se convirtió en una reunión de amigos, algo que se nota sobremanera en el mejor sentido de la palabra, ya que durante toda la cinta son evidentes tanto las ganas de hacer las cosas bien como el ‘feeling’ de los actores y el nervio del director, una chispa que se perdería a mi parecer en su siguiente encuentro, pero que aquí brilla de manera espectacular.

La película deja clara su postura desde el principio y es que el prólogo del bar nos dice que es una comedia, y los títulos de crédito, que habrá zombies. La vuelta de tuerca al género viene dada de la mano de Shaun, nuestro protagonista principal y su anodina vida, que es lo que hará diferente el relato: un treintañero al que le acaba de dejar la novia, que no es respetado en su trabajo, que tiene un padrastro que preferiría olvidar y un mejor amigo que sigue en la adolescencia, sin mayor responsabilidad que la de pasarse la siguiente pantalla de algún videojuego. Con todo ese caos que se le presenta y su afán por recuperar el amor, se verá todavía más desbordado cuando un par de zombies invadan su jardín.

Los 99 minutos de película se pasan en un visto y no visto y son llevados con un ritmo trepidante, con escenas que son recordadas con una sonrisa y unos planos que ya son muy identificables en el cine posterior de su director. Bien es cierto que los últimos 20 minutos de la cinta son los menos inspirados, ya que el guión cambia de tercio y se convierte en una película más al uso en este género, pero también es correcto decir que muchas de las películas de zombies, desearían tener en su metraje minutos como los finales de ‘Shaun of the dead’ (título por cierto, mucho más acertado que el español).

Otro de los aciertos que desde mi punto de vista hace de ‘Shaun of the dead’ una de las mejores películas de su género es el maquillaje, plenamente acertado, como si se tratase de una película de puro terror y no de una parodia, pues eso confiere al conjunto un halo de autenticidad del que rehúsan otras películas deseosas de jugar con la comedia. Bien pensado diría que sí, que la clave de todo esto es la autenticidad que Edgar Wright dota a su conjunto, tomándoselo en preproducción muy seriamente, sobre todo en lo relacionado con los muertos vivientes, para después en el rodaje pasárselo pipa, desinhibirse por completo y rodar como si fuese un chico pequeño con su juguete.

Por otro lado es evidente que tanto Wright como Pegg han visto muchas películas de género, y muchas serán las referencias que encuentre el aficionado más avispado, sobre todo en lo referente al cine de Romero y Fulci, el ‘Abierto hasta el amanecer’ de años antes o al Jackson más gamberro.

Queda clara también la postura crítica de Wright con respecto a la sociedad inglesa, con la que juega desde el principio. El personaje de Pegg no es más que un zombie viviente que no reconoce una invasión debido a que su vida y lo que ocurre a su alrededor es tremendamente insustancial y carente de interés, como el resto de los ingleses, que durante los primeros 10 minutos apenas parecen tener sangre en las venas. Será a partir de la invasión real cuando paulatinamente nuestro ‘héroe’ despierte de su letargo para poco a poco luchar por las cosas que le importan, tomando las riendas de la situación y afrontando los hechos que le han tocado vivir.

Una película que obtuvo dos nominaciones a los Bafta y que pese a no ganar, sí que fue el espaldarazo para que Hollywood se hiciera eco de este trío gamberro, que repetirían en ocasiones venideras y que nos regaló una de las mejores cintas del género zombie de la década pasada, una película que ha ganado mucho con el paso de los años y que siempre es un placer revisar de vez en cuando para ya de paso, tomarse algo en el Winchester.