Venía de un 2025 absolutamente legendario, de esos que se cuentan con voz épica y música de fondo. Pero 2026 ha empezado con un pequeño golpe en el orgullo. Demon Slayer acaba de encontrarse con su primera gran derrota pública, y sí, duele un poco… aunque no tanto como parece a primera vista.
La noche de los Globos de Oro dejó una imagen curiosa: Demon Slayer nominada, sentada en la mesa de los grandes, pero volviendo a casa sin estatuilla. Algo impensable hace solo unos meses, cuando todo lo que tocaba la franquicia se convertía en récord, trending topic y conversación obligatoria entre colegas.
Una derrota de Demon Slayer esperable
La película Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba – Infinity Castle llegaba a los Globos de Oro con una etiqueta peligrosa: la de favorita emocional. No por encajar en el molde clásico del premio, sino por representar algo más grande. Anime, oscuro, violento, largo y sin pedir permiso a nadie. Eso ya era una victoria silenciosa.
Sin embargo, el premio a Mejor Película de Animación acabó en manos de KPop Demon Hunters, una propuesta mucho más accesible, luminosa y pensada para gustar a todo el mundo desde el primer minuto. Frente a eso, Demon Slayer jugaba otra liga. Más exigente, más intensa, menos complaciente.
KPop Demon Hunters tiene novedades sobre su futuro
Y claro, cuando toca votar, muchos prefieren algo que no te obligue a haber visto varias temporadas previas ni a sentarte casi tres horas en la butaca. ¿Sorprende? Un poco. ¿Es injusto? Depende de cómo lo mires.
El rival era duro y el contexto no ayudaba
El año estaba cargado de títulos potentes. Zootopia 2, Elio, Arco o Little Amélie or the Character of Rain ofrecían propuestas cerradas, amables y fáciles de recomendar. Demon Slayer, en cambio, no se esconde: Infinity Castle es una continuación directa, sin resúmenes ni concesiones.
Además, hablamos de una película con calificación R, algo prácticamente exótico en esta categoría. No es animación para todos los públicos, ni pretende serlo. Sangre, tensión constante y un tono oscuro que no busca sonrisas fáciles. Eso, en una gala como los Globos de Oro, pesa.
Una nominación histórica que dice mucho más de lo que parece
Aquí es donde conviene parar y respirar hondo. Porque más allá de la derrota, lo de Demon Slayer es histórico. No todos los días una película de anime, continuación directa de una serie y con casi tres horas de duración, se cuela entre las grandes producciones de animación occidental.
Infinity Castle dura 155 minutos. Para que nos entendamos, es media hora más larga que Mugen Train y casi una hora más que la mayoría de sus competidoras. No es una experiencia ligera. Es densa, intensa y emocionalmente agotadora. Y aun así, ahí estaba, nominada.
Eso manda un mensaje claro: el anime ya no es “esa cosa rara” que se mira de reojo. Demon Slayer ha conseguido que una franquicia serializada sea tomada en serio en premios pensados históricamente para productos cerrados y familiares. No es poca cosa, ¿no crees?
El anime empieza a jugar en otra mesa
Hasta ahora, las películas japonesas que lograban este tipo de reconocimiento solían ser historias independientes. Suzume, The Boy and the Heron… experiencias completas en sí mismas. Demon Slayer rompe esa barrera y demuestra que una saga larga también puede tener peso artístico fuera de su nicho.
Que Infinity Castle esté ahí significa que los votantes ya no se asustan ante universos complejos o narrativas largas. Y eso abre una puerta enorme para el futuro del anime en premios internacionales. Aunque esta vez no haya premio, el terreno ya está conquistado.
¿Y ahora qué? Demon Slayer no ha dicho su última palabra
Si alguien pensaba que esta derrota marcaba el final del recorrido, va muy mal encaminado. Demon Slayer sigue viva en la temporada de premios. Infinity Castle ya figura en la longlist oficial de los BAFTA a Mejor Película de Animación, y aquí la cosa cambia bastante.
Demon Slayer se pasa a la ciencia ficción
Para empezar, KPop Demon Hunters no compite en los BAFTA, lo que elimina al rival más fuerte. A cambio entran otros títulos como The Bad Guys 2, pero el panorama está mucho más abierto. Y sí, las opciones de Demon Slayer crecen automáticamente.
Además, el gran elefante en la habitación sigue ahí: los Oscar. Las nominaciones se anunciarán el 22 de enero, y aunque nadie se atreve a lanzar campanas al vuelo, el simple hecho de estar en la conversación ya es un logro enorme para la franquicia.
Una derrota que sabe más a punto y seguido que a final
Mirándolo con perspectiva, esta “derrota” tiene poco de fracaso. Demon Slayer ha demostrado que puede competir en escenarios donde antes ni soñaba con entrar. Ha perdido un premio, sí, pero ha ganado algo más importante: legitimidad.
Y eso, a largo plazo, pesa mucho más que una estatuilla dorada. Porque cuando una saga así empieza a normalizar su presencia en grandes premios, el camino queda abierto para lo que venga después. Y lo que venga después, viendo el historial, no suele ser pequeño.
Así que ahora te toca a ti: ¿te parece justa la decisión de los Globos de Oro o crees que Demon Slayer merecía llevarse el premio? Cuéntanoslo en comentarios y no olvides seguirnos en Google News, que aquí la batalla acaba de empezar.


