Marty Supreme no es una película. Es un ataque de nervios con raqueta. Una especie de pesadilla screwball que dura 149 minutos y que te deja el cuello girando como si hubieras estado siguiendo una pelota invisible a velocidad de misil. Josh Safdie dirige como si alguien le hubiera dicho que el mundo se acaba al terminar el metraje. Y, sinceramente, se lo creemos.
Esto no va de tenis de mesa. Va de ansiedad, ego, capitalismo, deseo y hambre de grandeza. El ping-pong es solo la excusa.
Timothée Chalamet, o cómo ser insoportable y magnético a la vez
Timothée Chalamet interpreta a Marty Mauser, inspirado muy libremente en el legendario jugador real Marty Reisman. Y cuando decimos “libremente” queremos decir que Safdie ha cogido la esencia del tipo y la ha pasado por una centrifugadora a máxima potencia.
Marty es un charlatán flacucho, con bigote ridículo, gafas de empollón y una seguridad en sí mismo que roza lo clínico. Es arrogante, manipulador, egoísta y profundamente irritante. Y aun así… no puedes dejar de mirarlo. Chalamet está desatado, hiperactivo, sudoroso, verbalmente agresivo y con una energía que parece ilegal en al menos tres países.
Hay momentos en los que quieres abrazarlo. Otros en los que quieres tirarlo por una ventana. Eso suele ser buena señal.
Un “biopic deportivo” que odia los biopics deportivos

Si esperas entrenamientos, discursos inspiradores o montajes motivacionales, estás en la película equivocada. Marty Supreme dinamita todas las reglas del género. Aquí no hay mentor sabio, ni redención limpia, ni épica de superación clásica.
Marty no aprende. Marty insiste. Pierde, grita, estafa, humilla, vuelve a intentarlo y se convence de que el mundo le debe algo. Es más Uncut Gems que Rocky, más ataque de pánico que cuento edificante. Y eso la hace fascinante.
Gwyneth Paltrow entra, mira el caos… y lo entiende todo
La gran sorpresa es Gwyneth Paltrow, que sale del retiro para interpretar a Kay Stone, una vieja estrella de cine que ve a Marty con una mezcla de deseo, ternura y lástima. Ella es el contrapunto perfecto: calma frente a espasmo, experiencia frente a hambre.
Cada escena con Paltrow baja medio grado la temperatura… justo antes de que Safdie vuelva a subirla a once. Su presencia no solo funciona: ancla emocionalmente una película que podría haberse ido al abismo del exceso sin red.
Racismo, sexo, mal gusto y risas incómodas (sí, todo junto)

Marty Supreme no es una comedia amable. Es grosera, incómoda y deliberadamente provocadora. Hay chistes que te hacen reír y luego preguntarte si deberías haberlo hecho. Hay momentos sexuales absurdos, decisiones morales indefendibles y escenas que parecen diseñadas para que alguien abandone la sala.
Safdie no busca gustar. Busca atacar. Y lo hace con un montaje histérico, cámara pegada a la cara de los actores y una banda sonora ochentera que no debería funcionar… pero funciona de forma diabólica.
¿De qué va realmente la película?
Va del sueño americano cuando nadie te ha dicho “no” nunca. De un tipo convencido de que el talento justifica cualquier comportamiento. De un país que confunde confianza con grandeza y ruido con éxito. Marty es un imbécil. Pero es un imbécil muy americano. Y ahí está el verdadero golpe de Safdie.
¿Cansa? Sí. ¿Importa? No tanto
No vamos a mentir: es larga. Muy larga. Hay tramos donde la película se recrea en su propio delirio. Pero también hay algo hipnótico en ese exceso, como si Safdie quisiera que el espectador sintiera el agotamiento mental de su protagonista. Cuando termina, estás cansado. Pero también estás convencido de haber visto algo distinto, incómodo y vivo.
Marty Supreme es una locura controlada, una comedia histérica disfrazada de biopic deportivo y la confirmación de que Chalamet está dispuesto a caer mal con tal de ser interesante. No es para todos los públicos. No es cómoda. No es elegante.
Pero es cine con mala leche, sudor y personalidad. Y eso, hoy en día, vale oro. Si te gusta el cine que te zarandea, entra sin miedo. Y si no… mejor no abras la puerta.
Marty Supreme
NOTA CINEMASCOMICS
TOTAL
No es perfecta ni pretende serlo. Es excesiva, agotadora y deliberadamente incómoda, pero también valiente, distinta y con un Timothée Chalamet en modo kamikaze, firmando una de las interpretaciones más arriesgadas de su carrera. Marty Supreme no busca gustar a todo el mundo. Busca dejar huella. Y lo consigue.


