Hay películas que no piden perdón por lo que son. The Wrecking Crew (Los hermanos demolición) es una de ellas. Acción deslenguada, testosterona desatada, chistes de otra época y dos montañas humanas reventándolo todo como si estuviéramos otra vez en los gloriosos años 80 y 90, cuando el cine de acción no tenía complejos… ni terapeutas. Bueno, casi.
Porque esta película protagonizada por Jason Momoa y Dave Bautista es, al mismo tiempo, un homenaje descarado al buddy cop clásico y una versión ligeramente pasada por el diván del siglo XXI. Y ese choque es precisamente lo que la hace tan divertida como irregular.
Dos bestias del cine de acción… por fin juntas
Que Momoa y Bautista no se hubieran cruzado antes en una película así era casi un delito cinéfilo. Ambos han sido dioses, guerreros, superhéroes y tipos muy serios con problemas emocionales, pero nunca habían compartido pantalla en condiciones. The Wrecking Crew viene a subsanar ese error histórico y lo hace sin sutilezas.
Aquí interpretan a Jonny y James Hale, dos hermanastros separados por años de rencor, decisiones mal tomadas y un padre ausente que, cómo no, aparece muerto al inicio de la historia. A partir de ahí, el manual del género se abre solo: investigación, hostias como panes, discusiones fraternales y una conspiración criminal que escala sin frenos.
Momoa es Jonny, un policía de Oklahoma que bebe más de la cuenta, rompe reglas como si fueran galletas y vive instalado en el caos. Bautista es James, ex Navy SEAL, padre de familia, disciplinado y con una ira interior perfectamente embotellada. Son polos opuestos. Y funcionan de maravilla.
Hawái, corrupción y un villano con acento sospechoso

La acción se traslada pronto a Hawái, el hogar familiar, y la película aprovecha el escenario sin pudor: planos aéreos, playas de postal y una sensación constante de “paraíso podrido”. Porque sí, aquí también hay un subtexto sobre la corrupción, la gentrificación y los intereses criminales que se esconden tras las sonrisas turísticas.
El gran villano es Marcus Robichaux, interpretado por Claes Bang, un empresario con nombre francés, acento británico y cara de que disfruta siendo despreciable. No es especialmente profundo, pero tampoco lo necesita. Bang entiende el encargo y se lo pasa en grande siendo el tipo al que apetece ver caer… muy fuerte.
El guion de Jonathan Tropper es más listo de lo que parece a simple vista. Insinúa más de lo que desarrolla y juega a tocar temas interesantes sin dejar que interfieran demasiado con lo importante: la pareja protagonista y el festival de violencia coreografiada.
Acción bruta, sudorosa y con ecos del pasado
Aquí es donde The Wrecking Crew se gana buena parte de su público. La dirección de Ángel Manuel Soto es enérgica, clara y sin miedo al exceso. Cada pelea se siente pesada, física, dolorosa. Los golpes duelen. Los cuerpos pesan. Nadie sale limpio.
Hay influencias claras del cine de Jackie Chan en el caos controlado y del estilo moderno tipo John Wick en la coreografía, pero también homenajes evidentes —quizá demasiado— a escenas míticas como el famoso pasillo de Oldboy. Funciona, sí, pero deja la sensación de que ya hemos pasado por ahí demasiadas veces.
Aun así, la película aprovecha su calificación R con gusto. Hay sangre, huesos que crujen y una violencia que no se disfraza de videojuego. Es cine de acción de toda la vida, sin filtros y sin pedir permiso.
Humor gamberro… y chistes que huelen a naftalina

El gran problema de The Wrecking Crew está en su humor. Cuando acierta, acierta de verdad, sobre todo en los intercambios entre Momoa y Bautista, que se nota que se lo están pasando en grande. Su química es real, palpable y contagiosa.
Pero cuando falla, falla por viejo. Algunos chistes sobre el físico de ciertos personajes o confusiones culturales parecen sacados directamente de otra década. En una película que intenta modernizar el género con terapia emocional y esposas psicólogas, ese humor chirría más de lo que debería.
No arruina la experiencia, pero sí la lastra en momentos concretos, recordándonos que este “regreso al pasado” no siempre sabe qué dejar atrás.
Dos estrellas en su hábitat natural
Donde no hay discusión posible es en el carisma del dúo protagonista. Momoa está en su salsa como bala perdida encantadora. Bautista demuestra, una vez más, que es mucho mejor actor de lo que algunos siguen creyendo, aportando contención, presencia y un timing cómico sorprendentemente fino.
Ambos consiguen que la relación fraternal sea creíble incluso cuando el guion no profundiza todo lo que podría. Y cuando llega el inevitable enfrentamiento físico entre ellos, bajo la lluvia y a puñetazo limpio, la película alcanza uno de sus momentos más disfrutables. Es absurdo, exagerado… y muy satisfactorio.
Un placer culpable que sabe a franquicia
The Wrecking Crew no va a reinventar el cine de acción ni pretende hacerlo. Es un placer culpable bien ejecutado, consciente de sus limitaciones y orgulloso de sus excesos. Tiene problemas de tono, algún chiste caducado y una trama que podría haberse pulido más, pero también tiene algo que muchas producciones actuales han olvidado: personalidad.
El final cierra lo suficiente como para dejar buen sabor de boca, pero también abre la puerta a una secuela que, si aprende de los errores, podría ser incluso mejor. La base está ahí. El dúo también. Y eso, en un género que vive de la química y el carisma, es media batalla ganada.
The Wrecking Crew ya está disponible en Prime Video. Ahora la pregunta es sencilla: ¿te apetece este regreso gamberro al cine de acción sin complejos o prefieres que el género siga yendo al terapeuta? Cuéntanoslo y síguenos en Google News para más cine sin filtros.
The Wrecking Crew
NOTA CINEMASCOMICS
TOTAL
Divierte, tiene carisma y sabe a cine de acción de otra época, pero sus limitaciones narrativas y su humor desfasado le impiden dar el salto a algo realmente memorable. Ideal para fans del género… y para apagar el cerebro durante dos horas.


