En el Universo Cinematográfico de Marvel, hay batallas que se ganan con golpes… y otras que se deciden con sellos oficiales, agentes armados y órdenes administrativas. Con el reciente estreno de Wonder Man, esa segunda vía ha cobrado un protagonismo inesperado. La serie no solo introduce nuevas capas sobre la fama, el espectáculo y los superpoderes, sino que vuelve a poner en primer plano a una organización que lleva años creciendo en la sombra: Damage Control.
Lejos de limitarse a limpiar escombros, el Departamento de Control de Daños se ha convertido en uno de los actores más influyentes del UCM moderno. En Wonder Man su presencia es constante, determinante y profundamente incómoda. Y no es casualidad. Marvel lleva tiempo construyendo a esta organización como el verdadero poder institucional frente a héroes cada vez más humanos, frágiles y cuestionados.
Control de Daños: cuando los superhéroes se van, ellos mandan
En un mundo donde los Vengadores pueden destruir una ciudad antes de la hora de comer, alguien tiene que poner orden, pasar factura y decidir qué se hace con los restos. Ahí entra Damage Control, una entidad creada para gestionar las consecuencias de las peleas entre dioses, monstruos y vigilantes en mallas.
En los cómics, Control de Daños funciona como una empresa privada especializada en reconstrucción, seguros y recuperación de tecnología peligrosa. En el UCM, su versión evolucionada —el Department of Damage Control— es directamente un organismo gubernamental, con autoridad legal, recursos militares y capacidad para detener a superhumanos.
La diferencia es clave. Y explica por qué ahora mismo da más miedo que muchos villanos.
El origen en los cómics: burocracia entre ruinas

Control de Daños apareció por primera vez en 1985, en Marvel Age Annual #4, creada por Dwayne McDuffie y Ernie Colón. Ya desde su debut, la idea era tan simple como brillante: la actividad superheroica generaba más de 20.000 millones de dólares en daños anuales. Aquello no podía quedar sin explotar.
Dirigida por Anne Marie Hoag, la empresa estaba formada por trabajadores sin poderes, pero con algo igual de importante: conocimientos financieros, sangre fría y capacidad para tratar con Hulk sin perder los nervios.
En 1989, la organización obtuvo serie propia, con un tono casi satírico que mostraba el lado más absurdo de vivir en un mundo donde cada semana hay una invasión alienígena.
Tony Stark, Kingpin y el negocio del desastre
Uno de los momentos más turbios de su historia llegó cuando Tony Stark y Wilson Fisk compraron la empresa al 50%. Stark se retiró rápido, incómodo con la deriva moral del proyecto. Fisk, fiel a su estilo, también salió… por desconfianza interna.
El verdadero escándalo estalló durante Civil War (2006). Se descubrió que Control de Daños había suministrado tecnología a villanos como Nitro para provocar destrucción y luego beneficiarse de los contratos de reconstrucción. El resultado fue una guerra personal liderada por Wolverine, que casi lleva a la empresa a la quiebra.
Tras expulsar al inversor corrupto Walter Declun, Hoag recuperó el control y la organización inició un lento proceso de redención, colaborando estrechamente con S.H.I.E.L.D..
El salto al UCM: nace el Departamento de Control de Daños

En el cine, Control de Daños irrumpe con fuerza en Spider-Man: Homecoming. La película arranca tras la Batalla de Nueva York, cuando el gobierno crea el Departamento de Control de Daños junto a Stark Industries para gestionar los restos de la invasión Chitauri.
Este movimiento deja fuera a contratistas privados como Adrian Toomes, empujándolo a convertirse en el Buitre. Desde el principio, Marvel deja claro el mensaje: las decisiones burocráticas también crean villanos.
De limpiar escombros a cazar vigilantes
En Spider-Man: No Way Home, Control de Daños cruza una línea clara. Tras la muerte de Mysterio, sus agentes arrestan a Peter Parker y a su entorno, actuando como policía política del superhéroe. El caso solo se cae gracias a Matt Murdock. A partir de ahí, el organismo deja de ser secundario y pasa a ser una amenaza latente.
Ms. Marvel, She-Hulk… y ahora Wonder Man

En Ms. Marvel, el Departamento de Control de Daños deja claro que ya no se limita a recoger restos ni a asegurar zonas calientes. Su persecución de Kamala Khan marca un punto de inflexión: el organismo actúa como policía preventiva de superhumanos, movido más por el miedo que por la justicia. La redada en el instituto de Jersey City, ejecutada sin órdenes claras y con fuerza desproporcionada, muestra hasta qué punto el DODC está dispuesto a cruzar líneas cuando cree que la situación lo justifica. No es solo una caza de brujas, es un aviso: cualquiera con poderes puede convertirse en objetivo.
Ese mensaje se refuerza todavía más en She-Hulk: Abogada Hulka, donde Control de Daños da un salto cualitativo en su estructura. Aquí ya no hablamos de agentes sobre el terreno, sino de infraestructura carcelaria. La prisión supermax para superhumanos, diseñada específicamente para contener poderes extraordinarios, simboliza la institucionalización del miedo. El caso de Emil Blonsky es revelador: incluso un villano reformado sigue siendo tratado como una amenaza latente, atrapado en un sistema que no cree en segundas oportunidades, solo en el control absoluto.
Sin embargo, es en Wonder Man donde el verdadero alcance del Departamento de Control de Daños se vuelve más inquietante. La serie muestra una faceta menos visible pero mucho más peligrosa: el poder administrativo. Control de Daños no necesita desplegar armas ni levantar muros. Le basta con bloquear permisos, cancelar contratos, vetar carreras y presionar desde despachos anónimos. Su influencia se extiende al mundo del espectáculo, condicionando quién puede trabajar, quién es considerado un riesgo y quién queda fuera del sistema sin explicación pública.
En Wonder Man, Control de Daños se convierte en el reflejo más realista del UCM actual: una amenaza silenciosa, legal y perfectamente justificada sobre el papel. No destruye ciudades, pero decide quién tiene derecho a existir dentro del sistema. Y eso, en un universo de superhéroes, resulta más inquietante que cualquier invasión alienígena.
El verdadero poder del UCM moderno
Control de Daños no es un villano tradicional. No quiere conquistar el mundo ni destruirlo. Quiere gestionarlo. Y eso lo hace mucho más peligroso. Representa el miedo institucional al poder individual, la burocracia llevada al extremo y la idea de que, en un mundo de dioses, el mayor enemigo puede ser un despacho. Marvel lo sabe y lo está colocando con cuidado como una pieza clave del futuro urbano del UCM.
Porque cuando los superhéroes se marchan… el Control de Daños se queda. ¿Te parece una organización necesaria o el auténtico antagonista silencioso de Marvel? Cuéntanos qué opinas y síguenos en Google News para no perderte nada del UCM.




