Antes de que James Cameron y Guillermo del Toro se convirtieran en dos de los directores más influyentes del cine moderno, compartieron algo mucho más terrenal que los Oscars, los presupuestos millonarios o los récords de taquilla. Compartieron sofá, cafés interminables… y una obsesión muy concreta: el anime. En concreto, Patlabor, una serie japonesa que hoy cumple casi cuatro décadas y que ayudó a cimentar una amistad creativa legendaria.
Hay historias que explican mejor una carrera que cualquier filmografía. Y esta es una de ellas.
Cuando dos cineastas se reconocen como almas gemelas
A principios de los años 90, Cameron y del Toro no eran todavía los gigantes creativos que hoy llenan salas. Eran dos directores ambiciosos, curiosos, con hambre de ideas y una necesidad casi infantil de compartir referentes. Vivieron juntos durante un tiempo, se pasaban guiones, se daban notas… y se recomendaban obras que les volaban la cabeza.
Ahí entra Patlabor, una serie que del Toro le mostró a Cameron casi como quien comparte un secreto. No era el típico anime de robots gigantes pensado para vender juguetes. Era otra cosa. Algo más incómodo, más adulto, más político. Y eso conectó de inmediato con la manera de entender la ciencia ficción que ambos estaban empezando a construir.
Patlabor: robots, sí… pero con cerebro y conciencia

Pocos recuerdan que Patlabor nació a finales de los años 80 como un proyecto multimedia pionero, concebido en 1988 por el colectivo creativo Headgear, formado por nombres clave de la industria como el guionista Kazunori Itō, el diseñador mecánico Yutaka Izubuchi y el director Mamoru Oshii. El primer paso no fue el anime, sino el manga original, publicado ese mismo año, que ya dibujaba un Japón inquietantemente cercano al real, donde los robots —los llamados Labors— no eran armas míticas, sino herramientas de trabajo usadas en construcción, logística y fuerzas de seguridad, con todo lo que eso implicaba a nivel social, político y laboral.
Ese mismo 1988 llegó la primera OVA, y en 1989 se estrenó la serie de televisión, consolidando una franquicia que rompía de forma consciente con el tono heroico del mecha clásico. Aquí los robots no salvaban el mundo; lo complicaban. El verdadero punto de inflexión llegó con las películas dirigidas por Oshii, especialmente Patlabor 2 (1993), donde la saga dejó casi en segundo plano la acción para adentrarse en una reflexión incómoda sobre el militarismo, la manipulación del poder, la fragilidad del sistema democrático y el miedo colectivo al progreso tecnológico.
No se puede entender Patlabor sin la mirada de Oshii, el mismo creador detrás de Ghost in the Shell y Angel’s Egg. Su obsesión por la identidad, la política y la alienación tecnológica atraviesa toda la franquicia y conecta de forma casi quirúrgica con el cine posterior de James Cameron y Guillermo del Toro. Para ellos, Patlabor nunca fue interesante por los robots en sí, sino por el mundo que construía a su alrededor, por cómo cuestionaba la autoridad, la evolución social y el precio real del progreso. Exactamente las preguntas que ambos acabarían trasladando, años después, al cine occidental.
El intercambio creativo que lo cambió todo

La relación fue bidireccional. Del Toro introdujo a Cameron en Patlabor, y Cameron hizo lo propio con el manga Battle Angel Alita, de Yukito Kishiro. Dos obras distintas, pero con un ADN común: ciencia ficción dura, personajes rotos y mundos donde la tecnología no salva a nadie por sí sola.
De ese cruce de influencias nacerían, años después, proyectos como Alita: Battle Angel, producida y coescrita por Cameron, o Pacific Rim, la carta de amor de del Toro al género mecha y kaiju.
Del Toro nunca ha ocultado que Pacific Rim bebe directamente de Patlabor, pero también de Gundam, Voltron y el cine de monstruos japonés. Aun así, el tono, el peso industrial de los Jaegers y la sensación de “trabajo sucio” heredada de los pilotos conecta directamente con la serie de Oshii.
Lo fascinante es que el círculo se cerró cuando Pacific Rim dio el salto al anime con Pacific Rim: The Black. Una película occidental inspirada por anime que acaba convertida… en anime. Pura retroalimentación creativa.
Cameron, Alita y el anime que aún está por llegar
Para Cameron, Battle Angel Alita fue durante años su proyecto soñado. Aunque finalmente cedió la dirección a Robert Rodriguez, su huella es evidente en cada fotograma. Y sigue insistiendo en que las secuelas llegarán.
Además, Cameron ha reconocido influencias directas del anime en Terminator 2: El día de juicio final, Abyss y especialmente Avatar, donde conviven ecos de La Princesa Mononoke y Ghost in the Shell. Incluso ha fantaseado públicamente con hacer un corto animado de Avatar al estilo The Animatrix. Ojalá algún día.
¿Un Patlabor en acción real? No es tan descabellado

Con la fiebre actual de adaptaciones de anime, Patlabor es una candidata lógica. De hecho, Japón ya lo intentó con The Next Generation: Patlabor, supervisada por el propio Oshii.
Hoy, con Patlabor EZY a punto de estrenarse, el interés por la franquicia vuelve a activarse. Cameron y del Toro no están implicados, pero cuesta no imaginar a cualquiera de los dos liderando una adaptación occidental que respetara el espíritu original y evitara convertirla en otro blockbuster vacío.
Porque si alguien entiende qué hace especial a Patlabor, son ellos.
Dos leyendas que siguen compartiendo referentes
Más allá de si ese proyecto llega o no, lo bonito de esta historia es imaginar a Cameron y del Toro como lo que siempre han sido: dos fans apasionados del anime, recomendándose series, debatiendo ideas y construyendo mundos a partir de referentes compartidos.
A veces, las grandes películas nacen en despachos de Hollywood. Y otras, en un sofá, con un VHS de anime y muchas ganas de hablar de robots, política y humanidad.
¿Te imaginas una película de Patlabor dirigida por alguno de los dos? Cuéntanos qué opinas… y no olvides seguirnos en Google News para no perderte ninguna de estas historias que conectan el cine que amamos con sus raíces más inesperadas.


