La lámpara saltaba una y otra vez en la pantalla mientras ajustábamos cada movimiento con cuidado, como si estuviéramos dentro de un estudio de animación real y no en una sala de exposiciones en Zaragoza, y en ese instante se hizo evidente que lo que propone La Ciencia de Pixar no es simplemente una muestra para mirar, sino una experiencia pensada para entender, tocar y vivir cómo se construyen algunas de las historias más importantes del cine moderno.
Así se vive Pixar desde dentro en Zaragoza
La inauguración de la exposición en CaixaForum Zaragoza no se siente como un evento institucional al uso, sino como una puerta de entrada a un universo creativo que normalmente permanece oculto tras la pantalla, y que aquí se abre sin filtros para cualquier visitante dispuesto a ir un paso más allá del simple “me gusta esta película”.
Desde el primer momento queda claro que el objetivo no es solo mostrar curiosidades o personajes icónicos, sino explicar de forma tangible cómo una idea termina convirtiéndose en una producción compleja que combina arte, tecnología y emoción de una forma casi quirúrgica, y lo hace además con una capa interactiva que marca la diferencia frente a otras exposiciones similares.
No hablamos de paneles informativos o vitrinas estáticas, sino de módulos que invitan a experimentar con los mismos conceptos que utilizan los equipos de Pixar en su día a día, lo que convierte el recorrido en algo mucho más cercano a un laboratorio creativo que a un museo tradicional.
Cuando te conviertes en parte del proceso creativo
Hay un momento que define perfectamente la experiencia, y es cuando dejas de observar y pasas a crear, porque en uno de los espacios interactivos acabamos animando en stop motion la mítica lámpara del estudio, ese símbolo que todos reconocemos antes incluso de que empiece cualquier película de Pixar, y que aquí cobra una nueva dimensión cuando eres tú quien controla su movimiento fotograma a fotograma.
Ese tipo de interacción no es un simple añadido, sino el núcleo de la propuesta, porque la exposición está diseñada para que el visitante entienda los procesos desde dentro, no como conceptos abstractos, sino como decisiones concretas que afectan al resultado final de una escena.
De hecho, uno de los grandes aciertos es cómo se trasladan conceptos técnicos complejos a experiencias intuitivas, permitiéndote jugar con la iluminación, modificar expresiones faciales o ajustar movimientos para comprobar en tiempo real cómo pequeños cambios pueden alterar completamente la emoción que transmite un personaje.
La clave está en los ocho pasos que lo explican todo

El recorrido está estructurado en ocho ámbitos que replican el pipeline real de producción de una película de animación, desde el modelado hasta el renderizado final, pasando por fases como el rigging, la simulación o la iluminación, y cada uno de estos bloques está pensado para que el visitante no solo entienda qué ocurre, sino por qué ocurre.
En la parte de modelado, por ejemplo, puedes comprobar cómo un simple boceto se convierte en una escultura digital tridimensional que luego será la base de todo lo demás, mientras que en el área de animación se hace evidente la enorme cantidad de trabajo que hay detrás de algo tan aparentemente sencillo como un gesto o un movimiento.
Uno de los aspectos que más sorprende es la simulación, donde procesos como el comportamiento del agua o del cabello se explican desde un punto de vista casi científico, mostrando cómo se utilizan principios físicos reales para lograr resultados creíbles en pantalla, lo que desmonta completamente la idea de que la animación es solo “dibujar bonito”.
Y cuando llegas al renderizado, la escala del trabajo se vuelve casi difícil de asimilar, porque hablamos de procesos que pueden requerir millones de horas de cálculo, algo que redefine completamente la percepción que tenemos sobre el esfuerzo técnico detrás de estas películas.
La pregunta clave que lo cambia todo
Durante la presentación tuvimos la oportunidad de plantear una cuestión que flotaba en el ambiente desde el principio: cómo había sido posible construir una exposición de este nivel, y fue Javier Hidalgo, director de Exposiciones y Actividades de Ciencia de la Fundación «la Caixa», quien ofreció una respuesta que añade una capa completamente nueva a la experiencia.
Tal y como explicó, el origen de La Ciencia de Pixar se remonta a una idea que tardó años en tomar forma, impulsada por la conexión entre el antiguo director del Museum of Science de Boston y responsables de Pixar, que vieron el potencial de trasladar al público todo el conocimiento técnico y creativo que normalmente queda oculto en la producción cinematográfica.
El proceso no fue rápido ni sencillo, ya que la exposición necesitó cerca de siete años de desarrollo para conseguir traducir conceptos extremadamente complejos en experiencias accesibles e interactivas para todos los públicos, algo que explica por qué el resultado final tiene ese nivel de detalle y coherencia.
El éxito en Estados Unidos fue tan grande que obligó a tomar una decisión poco habitual dentro del mundo expositivo: duplicar la muestra para permitir su circulación internacional, lo que ha hecho posible que ahora pueda disfrutarse en Zaragoza mientras la versión original continúa su recorrido en territorio estadounidense.
Además, Hidalgo dejó un detalle que conecta directamente con la esencia de Pixar y que redefine cómo entendemos su forma de trabajar, ya que más allá del talento artístico, en sus producciones participan perfiles de lo más variados, desde ingenieros hasta biólogos o expertos en física, porque su objetivo siempre ha sido lograr que incluso lo imposible resulte creíble en pantalla.
Y, sin embargo, pese a toda esa complejidad técnica, la idea más importante sigue siendo la más sencilla: todo empieza con una buena historia, y sin ella, ningún avance tecnológico tiene sentido.
Una exposición que rompe récords en Zaragoza
Pero si hay un dato que marca un antes y un después en CaixaForum Zaragoza, es su duración. Durante la inauguración, Ricardo Alfós, director del centro, explicó que esta exposición no solo es especial por su contenido, sino también por su ambición en el tiempo, ya que estará abierta hasta marzo de 2027, algo que rompe completamente con la dinámica habitual de este tipo de muestras.
Según señaló, montar una exposición de estas características requiere una inversión técnica y logística tan grande que mantenerla solo unos meses no tendría sentido, y además existe la certeza de que el interés del público se mantendrá durante todo ese periodo, hasta el punto de que, como él mismo apuntó con cierta ironía, cuando cierre “seguramente habrá gente que siga preguntando si todavía se puede visitar”.
Ese planteamiento convierte a La Ciencia de Pixar en una de las apuestas culturales más potentes y duraderas que han pasado por Zaragoza en los últimos años, consolidando al centro como un punto de referencia para grandes exposiciones internacionales.
Mucho más que una visita: todas las actividades que amplían la experiencia

Uno de los grandes valores de esta propuesta es que no termina al salir de la sala, sino que se expande con una programación de actividades que refuerzan todo lo que has aprendido dentro.
Durante los próximos meses se desarrollará un ciclo de cine familiar con algunas de las películas más emblemáticas del estudio, como Bichos, Monstruos, S. A., Los Increíbles o Up, donde además cada sesión contará con una introducción previa para ayudar a interpretar mejor las claves de cada historia y un espacio de debate posterior pensado para compartir la experiencia en familia.
A esto se suma una de las citas más interesantes para quienes quieren ir un paso más allá: la conferencia Animación 3D: entre el arte y la ciencia, donde profesionales del sector explicarán en directo cómo se construyen este tipo de producciones y cómo estas herramientas se aplican también en ámbitos como la publicidad o los efectos visuales.
Pero quizás lo más alineado con el espíritu de la exposición son las visitas-taller, especialmente la propuesta Historias animadas, en la que después de recorrer la muestra los participantes crean su propio clip animado, entendiendo en primera persona cada una de las fases del proceso creativo.
Además, se han diseñado diferentes formatos de visita adaptados a todos los públicos, desde recorridos guiados hasta experiencias familiares o packs que combinan la exposición con propuestas gastronómicas temáticas, lo que refuerza la idea de que estamos ante una experiencia completa, no solo una exposición tradicional.
Por qué esta experiencia encaja perfectamente en 2026
En un contexto donde el público ya no se conforma con consumir contenido de forma pasiva, sino que busca entender cómo se crea, este tipo de propuestas encajan perfectamente con una nueva forma de relacionarse con el entretenimiento, en la que la curiosidad y el aprendizaje tienen cada vez más peso.
La Ciencia de Pixar no solo responde a esa necesidad, sino que lo hace desde una posición privilegiada, apoyándose en una de las compañías más influyentes de la historia del cine de animación para ofrecer una mirada que pocas veces se ha mostrado con este nivel de detalle.
Y lo hace además desde Zaragoza, reforzando la idea de que este tipo de experiencias ya no están reservadas únicamente a grandes capitales internacionales, sino que pueden formar parte del circuito cultural local con propuestas de primer nivel.
La sensación al salir lo dice todo
Hay algo que cambia después de recorrer la exposición, y es la forma en la que vuelves a mirar una película de Pixar, porque ahora cada escena, cada gesto y cada detalle tiene un significado diferente cuando sabes todo lo que hay detrás.
Esa es probablemente la mayor virtud de la muestra, que no se limita a entretener durante el recorrido, sino que deja una huella que se mantiene después, transformando la manera en la que entiendes el cine de animación.
Y es en ese punto donde la experiencia termina de cerrar el círculo, porque ya no se trata solo de haber visto cómo funciona Pixar, sino de haberlo experimentado en primera persona, hasta el punto de que esa lámpara que salta al inicio de cada película deja de ser un simple logo para convertirse en algo mucho más cercano.
En definitiva, una exposición que no solo explica cómo se hacen las películas, sino por qué seguimos conectando con ellas décadas después, y que demuestra que, detrás de cada historia que nos emociona, hay mucho más que animación: hay ciencia, hay talento y, sobre todo, hay una idea que lo cambia todo.
La exposición La Ciencia de Pixar ya puede visitarse en CaixaForum Zaragoza y estará disponible hasta el 28 de marzo de 2027
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