Cuando se anunció que la nueva película de Predator cambiaría el punto de vista para centrarse en un joven Yautja como protagonista, buena parte del fandom levantó la ceja con desconfianza. Durante décadas, la saga había funcionado bajo una premisa muy clara: humanos intentando sobrevivir a una cacería imposible. Ahora todo cambiaba.
Lo que pocos esperaban es que ese riesgo terminaría marcando uno de los mayores éxitos de la franquicia.
De la polémica al récord en taquilla
Predator: Badlands llegó rodeada de críticas previas a su estreno. La decisión de convertir a Dek, un joven Yautja interpretado por Dimitrius Schuster-Koloamatangi, en el eje narrativo rompía la dinámica clásica de “humano como presa”. Además, el rediseño estético del personaje generó debate, ya que su silueta más estilizada y sus rastas más cortas se alejaban del perfil imponente que muchos asociaban al cazador definitivo.
Sin embargo, la película respondió con números incontestables. Badlands logró un estreno global de 80 millones de dólares en su primer fin de semana y cerró su recorrido en cines con 184,5 millones en todo el mundo, convirtiéndose en la entrega más taquillera de la marca, incluso por encima de los cruces con Alien.
El mensaje fue claro: el público estaba dispuesto a aceptar una reinvención si la historia funcionaba.
El verdadero triunfo llegó en streaming
Tráiler de Predator: Badlands
El éxito no terminó en la gran pantalla. Según datos oficiales, la película se convirtió en el mayor estreno cinematográfico en la historia reciente de Hulu desde Prey, acumulando cerca de nueve millones de visualizaciones en sus primeros cinco días.
Además, Disney confirmó que la franquicia Predator ha superado los 300 millones de horas consumidas entre las bibliotecas de Hulu y Disney+ a nivel mundial, una cifra que demuestra algo importante: el Yautja no solo sobrevive en cines, sino que prospera en el entorno doméstico.
Este dato es clave porque evidencia un cambio en los hábitos de consumo. Las ventanas teatrales siguen siendo relevantes para los grandes eventos, pero la fidelidad sostenida parece encontrarse en el streaming.
La lección que deja Badlands
Predator: La presa (2022)
El éxito de Badlands refuerza una idea que ya había empezado a consolidarse con Prey: la franquicia funciona especialmente bien cuando experimenta en formatos menos rígidos y con menor presión de taquilla inmediata.
El director Dan Trachtenberg demostró que el universo Predator puede ampliarse desde ángulos inesperados, incluyendo perspectivas alienígenas o contextos históricos distintos. En plataformas digitales, ese margen creativo es mayor, ya que el riesgo financiero está más distribuido que en un estreno tradicional dependiente de su primer fin de semana.
Además, el modelo streaming permite experimentar con lanzamientos sorpresa, como ocurrió con Prey, generando conversación orgánica y manteniendo el aura de misterio alrededor de la marca.
Un universo que puede expandirse en múltiples direcciones
El buen rendimiento de Predator: Killer of Killers, la antología animada centrada en diferentes épocas y cazadores, también refuerza la idea de que el mito Yautja puede adaptarse a estilos y formatos diversos sin perder identidad.
La animación, por ejemplo, abre la puerta a explorar mundos alienígenas o periodos históricos que en acción real serían demasiado costosos, y el formato episódico permitiría profundizar en la cultura Yautja con más detalle del que cabe en un largometraje convencional.
Lo que ha demostrado Badlands no es solo que la saga puede reinventarse, sino que el público está dispuesto a acompañarla en ese viaje si se apuesta por propuestas sólidas y arriesgadas.
Ahora la pregunta no es si Predator sigue siendo relevante, sino cuál será el próximo experimento que llevará al cazador más temido del cine a un nuevo terreno narrativo.
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