Hay películas de robos… y luego está Ruta de Escape (Crime 101), que entra derrapando como si Michael Mann hubiera dejado las llaves puestas y alguien con muy buen gusto hubiese decidido darse una vuelta por Los Ángeles.
Bart Layton —sí, el de American Animals— cambia el tono semidocumental por puro neón nocturno y olor a gasolina quemada. Y el resultado es un thriller de joyas, pistolas Glock y miradas intensas que no quiere ser el típico “heist movie” simpático. Aquí no hay bromitas estilo Ocean’s Eleven. Aquí hay walkaway money y la pregunta maldita: ¿de verdad sabes retirarte cuando toca?
Hemsworth versión “¿y si fuera el próximo Bond?”
Chris Hemsworth interpreta a Mike Davis en Ruta de escape (en algunos pases lo llaman simplemente Mike), un ladrón de diamantes tan meticuloso que parece operar con bata de cirujano invisible. Roba limpio, rápido y sin disparar… si puede evitarlo. Conduce coches negros que parecen susurrar “soy caro” y se mueve por la autopista 101 como si fuera su pista privada.
Durante los primeros minutos piensas: —Vale, Marvel nos ha quitado a Thor pero nos está dando un James Bond con barba. Pero no. Lo interesante es que Hemsworth no juega solo a la pose. Bajo esa fachada de tipo frío hay ansiedad, trauma y una incomodidad constante con el mundo de lujo en el que se mueve. Es un tipo que quiere el gran golpe final para retirarse… pero igual no sabe quién sería sin el riesgo. Y eso mola.
Mark Ruffalo como el Columbo que nadie respeta
Si Hemsworth es el depredador elegante, Mark Ruffalo es el detective desaliñado con cerebro de francotirador. Lou Lubesnick es el último policía honesto en un LAPD retratado como una empresa que quiere cerrar casos como quien cierra ventas trimestrales.
Ruffalo camina encorvado, habla suave, sonríe casi siempre… y de repente te mete una pregunta que te desmonta el alma. Es un Columbo moderno atrapado en una ciudad que ya no cree en caballeros andantes. Cada escena suya tiene ese rollo “parezco inofensivo, pero te estoy desmontando pieza a pieza”. Es una delicia verlo jugar en este terreno.
Halle Berry y el techo de cristal con diamantes
© 2025 Amazon MGM Studios Content Services LLC
Halle Berry interpreta a Sharon, ejecutiva de seguros que huele los fraudes como un tiburón huele sangre. Pero está atrapada en una empresa dominada por dinosaurios con traje caro. Lleva 11 años esperando ser socia y cada vez le pasan por delante una versión más joven y “vendible”.
Lo interesante es que la película no la usa como simple enlace entre policía y criminal. Berry le da rabia, ambición y frustración real. Cuando estalla, la sala vibra. Y sí, el hecho de que esté conectada tanto con el ladrón como con el poli es un poco “solo en el cine”, pero la actriz lo vende con tanta convicción que compras el pack completo.
Barry Keoghan: el caos con moto y pelo teñido
Si la película tiene un comodín loco, ese es Ormon, interpretado por Barry Keoghan. Es el sustituto joven que el jefe del crimen (Nick Nolte, en modo viejo lobo con voz de whisky) mete en la ecuación cuando Mike empieza a dudar. Ormon va en moto ruidosa, tiene el pelo rubio chillón y cero autocontrol. Es el futuro sin código moral. Es el tipo que dispara primero y pregunta nunca.
Cada vez que aparece, sube la tensión. No sabes si va a arruinar el plan o prenderle fuego. Probablemente ambas cosas.
Los Ángeles como personaje (modo neón activado)
Layton filma L.A. como si fuera un tablero de ajedrez iluminado por farolas. Hay persecuciones que parecen improvisadas, con giros de volante que dan sensación de “esto no estaba coreografiado, esto está pasando”. Las referencias a Michael Mann (Heat, Thief) son evidentes. También hay ecos de Bullitt y del cine criminal setentero. Pero Ruta de Escape no es un homenaje vacío. Es más introspectiva, más centrada en personajes que en balas. Sí, dura casi dos horas y veinte minutos. Sí, se toma su tiempo. Y sí, se agradece.
Más estudio de personajes que festival de explosiones
Si vienes buscando solo tiros y explosiones cada cinco minutos en Ruta de escape, igual te impacientas. Aquí el crimen importa, pero los criminales importan más. Mike quiere construir orden en un mundo corrupto. Lou quiere mantener su integridad cuando todo alrededor se vende. Sharon quiere que su valor no dependa de su edad o su sonrisa. Es un thriller, sí. Pero también es una película sobre obsolescencia, dinero y autoestima en una ciudad donde tu coche vale más que tu currículum. Y eso le da un filo inesperado.
El gran golpe final: tensión en estado puro
El clímax de Ruta de escape en el Beverly Wilshire Hotel es puro nervio. Identidades intercambiadas, engaños en capas, armas apuntando y ese silencio previo al disparo que te deja clavado en la butaca. No es solo quién gana el tiroteo. Es quién revela quién es realmente cuando todo se desmorona. Y ahí la película pega el zarpazo emocional.
Ruta de Escape (Crime 101) no es un simple thriller de robos con actores guapos. Es un neo-noir elegante, con alma, gasolina premium y personajes que respiran más allá del atraco.
Hemsworth demuestra que puede hacer mucho más que empuñar un martillo mágico. Ruffalo se marca uno de sus polis más sabrosos. Berry aporta fuego contenido. Y Keoghan… bueno, Keoghan siempre es peligro puro. No es perfecta. A veces se mira demasiado al espejo de Michael Mann. Pero cuando pisa el acelerador, deja una marca de neumático humeante en el asfalto. Y oye, pocas películas de crimen actuales tienen tanta personalidad.
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Ruta de escape (Crime 101)
NOTA CINEMASCOMICS
TOTAL
Un thriller con código propio… pero recuerda: el problema del “dinero para retirarte” es que tienes que saber retirarte.




