Todo apunta a que The Last of Us ya tiene marcado su punto y final en HBO, y lo curioso es que la decisión llega con más calma que dramatismo. Menos cliffhanger corporativo y más “sabemos lo que queremos contar y hasta dónde”.
Desde hace meses se respiraba esa sensación rara, como cuando una serie camina segura hacia su destino. The Last of Us ha ido quemando etapas sin prisas, pero con una determinación clara. La segunda temporada dejó medio juego contado y una promesa: la historia no se iba a estirar como un chicle solo porque funciona.
Una decisión sobre The Last of Us que se venía cocinando a fuego lento
Durante mucho tiempo, los responsables creativos defendieron que harían falta dos temporadas más para adaptar todo el segundo videojuego de Naughty Dog con el mimo que merece. No era una pose. La estructura del juego, con cambios de punto de vista y saltos emocionales, pedía espacio, aire y paciencia.
Ese plan empezó a sonar diferente cuando Neil Druckmann anunció que daba un paso atrás en su implicación directa con la serie. No fue una salida abrupta ni un portazo. Fue más bien un “hasta aquí he llegado” muy meditado, justo después de cerrar la segunda temporada.
HBO
Druckmann explicó que necesitaba centrar toda su energía en Naughty Dog y en sus próximos proyectos, incluido un nuevo videojuego que ya suena a apuesta grande. Aun así, dejó claro que co-crear The Last of Us para HBO había sido uno de los grandes hitos de su carrera, algo que se nota en cada episodio emitido.
¿Influyó realmente la salida de Druckmann?
Esa es la gran pregunta que flota en el ambiente. Oficialmente nadie ha dicho que su marcha haya recortado la vida de The Last of Us. Pero cuando el capitán creativo se baja del barco, es normal que el rumbo se ajuste. No para peor, sino para cerrar bien el viaje.
Desde HBO, el mensaje ha sido sorprendentemente honesto. Casey Bloys, uno de los grandes nombres de la cadena, dejó caer que todo indica que la tercera temporada será la última, aunque la decisión final sigue en manos de los showrunners. Traducción libre: el final está escrito, solo falta ponerle fecha.
HBO
Un final potente que ya está sobre la mesa
La segunda temporada no se anduvo con rodeos y terminó justo donde tenía que hacerlo. El enfrentamiento en el teatro, la violencia seca, la sensación de que nadie sale limpio. The Last of Us volvió a demostrar que no juega a tranquilizar al espectador, sino a incomodarlo.
La escena final fue un puñetazo emocional. Abby irrumpe, Jesse cae casi sin aviso y Ellie se ve obligada a confesarlo todo para salvar a Tommy. No hay discursos épicos, solo rabia acumulada. El disparo suena y la pantalla se va a negro. Silencio incómodo. Justo después, Seattle, día uno.
Ese salto atrás no es gratuito. La tercera temporada de The Last of Us se centrará, como en el juego, en la perspectiva de Abby. Un movimiento arriesgado, sí, pero también uno de los más interesantes a nivel narrativo. Cambiar el foco obliga a replantearlo todo, incluso a los personajes que creías entender.
Una temporada distinta, pero no menos intensa
Que la historia se cuente desde otro punto de vista no significa que se pierda conexión con Ellie o con Joel. De hecho, los propios creadores han dejado caer que lo visto hasta ahora no es el final emocional de esos personajes. Hay heridas que todavía no han terminado de sangrar.
Craig Mazin ha sido claro: aún no hemos visto lo último de Bella Ramsey, Kaitlyn Dever o Isabela Merced. Incluso personajes que creías fuera de juego podrían regresar de formas inesperadas. En The Last of Us, la memoria pesa tanto como la acción.
Menos temporadas, más sentido narrativo
Aquí viene lo interesante. Que The Last of Us termine en su tercera temporada no suena a cancelación encubierta ni a cierre apresurado. Suena a decisión creativa. A saber parar antes de que la fórmula se desgaste, algo que no todas las grandes series se atreven a hacer.
Con algunos ajustes, el tramo final del segundo juego puede contarse perfectamente en una sola temporada. Compacta, intensa y sin relleno. Justo lo que ha definido a The Last of Us desde el principio: episodios que importan, escenas que dejan poso y silencios que dicen más que los diálogos.
Además, cerrar la historia en alto refuerza su identidad. No necesita spin-offs inmediatos ni temporadas de transición. Necesita un final coherente, duro si hace falta, pero honesto con todo lo que ha construido. ¿No es eso lo que se le pide a una serie así?
HBO y la confianza en sus creadores
Que HBO permita este tipo de cierre dice mucho de la relación con sus equipos creativos. No hay presión pública por estirar la marca, al menos de momento. The Last of Us ha sido un éxito, sí, pero también un proyecto tratado con respeto casi quirúrgico.
Mientras otras adaptaciones juegan a no cerrarse puertas, aquí parece que la puerta ya tiene pomo, cerradura y fecha para girarse. Y, sinceramente, da bastante tranquilidad. Mejor un final que se recuerde que una serie eterna que se diluye.
Si todo se confirma, The Last of Us se despedirá sabiendo exactamente qué quiere ser. Y eso, en televisión, es casi un lujo. Ahora la pelota está en el tejado de la tercera temporada. ¿Estará a la altura del viaje? Todo indica que sí.
Y ahora te toca a ti: ¿prefieres un final cerrado y potente o te quedarías a vivir más tiempo en este mundo postapocalíptico? Cuéntanos qué esperas de la última temporada y no olvides seguirnos en Google News para no perderte nada de lo que venga después.


