Durante meses fue una sensación incómoda que muchos compartían en voz baja. Capitán América: Brave New World tenía todos los ingredientes para marcar una nueva etapa en el UCM, pero acabó quedándose a medio camino. La primera película de Sam Wilson como Capitán América prometía un thriller político con identidad propia… y terminó diluyéndose en un conflicto poco inspirado contra Red Hulk y El Líder.
Ahora, Marvel ha decidido rehacer esa idea desde otro frente. Sin cámaras, sin alfombras rojas y sin compromisos de blockbuster. Y el resultado es, sencillamente, mucho mejor.
El “remake” que nadie esperaba llega desde los cómics
La segunda oportunidad no ha llegado en forma de película, sino en las viñetas. Concretamente, en la nueva etapa de Captain America escrita por Chip Zdarsky. Una reinterpretación moderna que recupera al Capitán América original, Steve Rogers, y lo sitúa en un contexto político tan incómodo como actual.
La premisa es potente desde el arranque. Steve despierta en un mundo posterior al 11-S, marcado por el miedo, la paranoia y el uso del poder como excusa moral. Un escenario perfecto para explorar, ahora sí, qué significa realmente llevar el escudo.
Latveria, Red Hulk y dos ideas opuestas de libertad

Tras los acontecimientos de One World Under Doom, Latveria se encuentra sumida en el caos político. Dos bandos reclaman la intervención de Steve Rogers, cada uno con una visión radicalmente distinta del futuro del país… y del mundo.
Por un lado está Nick Fury Jr., que ha reconstruido SHIELD como una fuerza pequeña, quirúrgica y bajo mandato internacional. Su objetivo es claro: neutralizar las armas de destrucción masiva ocultas en el castillo de Doom antes de que caigan en malas manos.
Por el otro, aparece Thunderbolt Ross, ahora convertido en Red Hulk, decidido a imponer lo que él considera una “democracia real” en Latveria. A cualquier precio.
Capitán América contra América
Aquí es donde el cómic hace lo que la película no supo o no se atrevió a hacer. Steve Rogers rechaza a Ross y se une a Fury, dejando claro que su misión no es conquistar ni dominar, sino proteger a la gente, incluso si eso significa enfrentarse a su propio país.
Ross, fiel a su ideología, no lo acepta. Para él, si no estás con América, estás contra América. Y cuando el poder entra en juego, la fuerza bruta se impone. El choque entre Capitán América y Red Hulk no es solo físico: es un enfrentamiento entre lo que América es y lo que debería ser.
La historia política que el cine prometió… y no cumplió
Brave New World estaba diseñada como un thriller político. Un presidente cuestionable, un nuevo Capitán América buscando su lugar y una nación dividida. Pero todo quedó reducido a un conflicto superficial, sin consecuencias reales ni reflexión profunda.
El cómic de Zdarsky, en cambio, abraza ese conflicto sin miedo. Steve Rogers representa una América idealista, incómoda, siempre dispuesta a señalar sus propias contradicciones. Red Hulk encarna la visión opuesta: el poder como justificación moral, la fuerza como garantía de libertad.
Es una historia cargada de tensión ideológica, con apuestas claras y sin respuestas fáciles. Exactamente lo que muchos esperaban ver en la gran pantalla.
Acción, ideología y un Capitán América en estado puro
En términos de poder, Steve no tiene nada que hacer contra Red Hulk. Y aun así, pelea. Porque alguien tiene que hacerlo. Porque hay vidas en juego. Porque rendirse no es una opción. Ese es el núcleo del personaje y lo que esta etapa entiende a la perfección. No se trata de ganar la batalla, sino de defender un principio, aunque eso signifique quedar solo.
El mejor ejemplo de que Marvel aún sabe contar estas historias
Esta nueva etapa de Captain America demuestra algo evidente: Marvel sigue sabiendo contar grandes historias políticas y superheroicas cuando se lo propone, solo que ahora parece hacerlo mejor en los cómics que en el cine.
El enfrentamiento entre Steve Rogers y Red Hulk se está perfilando como una de las historias más intensas del personaje en años. Un relato que utiliza la acción para hablar de ideología, poder y responsabilidad, sin caer en discursos vacíos. Quizá no sea la versión que llegó a los cines… pero sí es la que muchos esperaban.
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