Durante un tiempo parecía que las identidades secretas estaban condenadas a desaparecer en los cómics. El cine empujó fuerte en esa dirección, pero Venom acaba de recordar por qué ese misterio sigue siendo gasolina pura para las mejores historias. Y ojo, porque el cambio que se avecina no es pequeño.
La serie de cómics actual ha decidido darle la vuelta a todo justo cuando parecía que ya lo había probado todo. Nueva dinámica, amenazas más personales y una villana que no viene a jugar limpio. Si pensabas que Venom ya no podía sorprenderte, agárrate, porque aquí hay giro serio.
Cuando la identidad secreta vuelve a ser un problema real para Venom
Durante años, Marvel coqueteó con la idea de que todo el mundo supiera quién se escondía bajo la máscara. Funcionó un tiempo, pero algo se perdió por el camino. El peligro ya no estaba en la calle, sino en casa. Y ahí es donde Venom vuelve a clavar el colmillo.
La etapa escrita por Al Ewing demuestra con claridad por qué una identidad secreta sigue siendo una bomba narrativa. Cuando alguien sabe quién eres de verdad, cada decisión pesa el doble. No se trata solo de salvar la ciudad, sino de proteger tu vida.
En este caso, el problema tiene nombre propio: Madame Masque. Ella sabe que Mary Jane es Venom, y no piensa guardarse esa información. Nada de discursos grandilocuentes. Aquí la amenaza es directa, incómoda y muy personal.
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Mary Jane, Venom y un punto de no retorno
La historia deja claro que la etapa de experimentos ha terminado. Se acabó el rodeo, se acabó el “Spider-Venom” y vuelve la sensación de peligro constante. Con el regreso del dibujante Carlos Gómez, la serie recupera músculo visual y un tono más oscuro.
Madame Masque no ataca desde la distancia. Le dice a Mary Jane que abandone Nueva York o pagará el precio por seguir siendo Venom allí. Y cuando una villana cumple lo que promete, todo cambia. No es una amenaza al azar, es una advertencia con consecuencias.
Aquí Venom deja de ser solo fuerza bruta y pasa a ser una carga emocional. Cada paso tiene repercusiones. Cada decisión afecta a personas que no llevan simbiontes. ¿No crees que eso es justo lo que necesitaba la serie para dar un salto adelante?
El regreso inesperado de Paul y lo que significa
Uno de los movimientos más curiosos de esta etapa es el retorno de Paul Rabin. Cuando parecía que había salido definitivamente de la ecuación, reaparece, pero desde un lugar distinto. Ya no como pareja, sino como amigo. Y eso cambia más cosas de las que parece.
La relación entre Paul y Dylan Brock añade una capa sorprendentemente humana. Hay una escena pequeña, casi cotidiana, que funciona porque se siente real. No todo es épica, también hay silencios, costumbre y cierta normalidad incómoda alrededor de Venom.
Ewing juega con esa incomodidad con bastante mala leche. Incluso se permite bromear con el origen dimensional de Paul, algo que normalmente se ignora. Detalles así hacen que la serie respire, que no sea solo golpes y tentáculos por todas partes.
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Madame Masque disfruta siendo la villana
Lo mejor de todo es cómo se retrata a Madame Masque. Aquí no hay redención ni zonas grises. Ella disfruta siendo mala. Le encanta manipular, destruir y recordarle a Mary Jane que tener el poder de Venom no te hace intocable.
Su forma de atacar es quirúrgica. No va a por la ciudad, va a por lo que duele. El apartamento de Paul acaba hecho añicos como mensaje claro: mientras sigas siendo Venom en Nueva York, yo decidiré qué pierdes a continuación.
Este enfoque convierte a Madame Masque en una amenaza distinta. No busca dominar el mundo, busca control. Y eso, en un cómic de Venom, resulta mucho más inquietante de lo habitual.
Flash Thompson y una jugada con mucha mala idea
Entre tanta tensión hay espacio para una escena brillante con Flash Thompson. Un café tranquilo se convierte en aviso en clave, usando código Morse para revelar que Mary Jane lleva un rastreador encima. Detalles así elevan la historia.
Lejos de entrar en pánico, Mary Jane decide darle la vuelta a la situación. Utiliza el rastreador como cebo, localiza el origen de la señal y lleva a Venom directo al avispero. Es una jugada arriesgada, pero muy coherente con el personaje.
Además, sirve para mostrar a Madame Masque en otro nivel, moviendo hilos dentro de A.I.M. y eliminando competencia sin pestañear. Aquí nadie está a salvo y eso se nota en cada página.
Venom entra en una nueva era más personal y peligrosa
Este arco deja claro que Venom ha encontrado un nuevo motor narrativo. Menos espectáculo vacío y más consecuencias reales. La acción sigue ahí, pero ahora duele más, porque sabemos quién puede salir perdiendo cuando todo se derrumba.
Mary Jane ya no puede esconderse detrás del simbionte. Ser Venom implica sacrificar cosas, asumir riesgos y aceptar que hay villanos que juegan sucio. Y eso, curiosamente, hace que la serie se sienta más viva que nunca.
Si esta es la dirección que va a seguir Venom, el futuro pinta intenso, incómodo y muy divertido de leer. Ahora la pregunta es tuya: ¿te convence este nuevo rumbo o echas de menos el caos más salvaje? Cuéntanoslo en comentarios y no olvides seguirnos en Google News para no perderte el próximo giro venenoso.


