Avatar: Fuego y ceniza sigue dominando las salas de cine y lo hace con esa tranquilidad del gigante que sabe que, pase lo que pase alrededor, el público sigue volviendo a Pandora. En pleno enero, cuando las carteleras suelen caminar sobre hielo fino, la nueva entrega de James Cameron mantiene el pulso firme y deja claro que todavía tiene cuerda para rato.
No es poca cosa. Quinta semana en lo más alto y con una competencia que venía dispuesta a morder fuerte. Pero Avatar: Fuego y ceniza se ha convertido en ese plan seguro que muchos eligen cuando quieren espectáculo en pantalla grande, colores imposibles y esa sensación de “esto no lo veo igual en casa”. ¿No te pasa también?
Avatar: Fuego y ceniza aguanta el tipo cuando otros tropiezan
El gran estreno de la semana era 28 Years Later: The Bone Temple, que aspiraba a destronar al rey azul. No ha sido así. La nueva incursión en el universo infectado se quedó por debajo de lo esperado en su debut, demostrando que ni siquiera unas críticas excelentes garantizan un arranque explosivo cuando el calendario juega en contra.
Mientras tanto, Avatar: Fuego y ceniza sumó otro fin de semana sólido en Estados Unidos y reforzó su dominio global. El dato impresiona: más de 1.300 millones de dólares en todo el mundo. Y eso que ya se nota cierto desgaste respecto a las dos primeras entregas. Aun así, hablamos de cifras que muchas superproducciones solo pueden soñar.
Avatar: Fuego y ceniza
Lo curioso es que la sensación no es de euforia descontrolada, sino de resistencia. Avatar: Fuego y ceniza no arrasa como un tsunami, sino que avanza como una marea constante. Semana tras semana. Sin sobresaltos. ¿No es casi más meritorio eso?
El efecto Cameron y la fidelidad del público
Aquí entra en juego un nombre propio: James Cameron. El director vuelve a demostrar que su cine no se consume deprisa. Sus películas se “habitan”. La gente repite, recomienda, arrastra a otros al cine. Y cuando eso ocurre, el boca a boca se convierte en un aliado imbatible.
Es cierto que Avatar: Fuego y ceniza ya no sorprende como la original de 2009 ni como El sentido del agua, pero sigue ofreciendo algo que no abunda: una experiencia sensorial completa. Pantalla grande, sonido envolvente y ese universo que parece respirar. En enero, eso vale oro.
Un enero frío… salvo para unos pocos
Enero suele ser un mes complicado para la taquilla. Las fiestas quedan atrás, el bolsillo aprieta y los estrenos caminan con cautela. Por eso sorprende todavía más que Avatar: Fuego y ceniza mantenga su posición sin despeinarse demasiado, incluso cuando llegan novedades con buena prensa.
El caso de 28 Years Later: The Bone Temple es revelador. Buenas notas, comentarios positivos y un reparto potente, pero un estreno demasiado cercano a su predecesora ha jugado en su contra. A veces el público necesita respirar entre apocalipsis, aunque estén bien hechos.
28 Years Later: The Bone Temple
En cambio, Pandora funciona casi como refugio. Una escapada visual cuando fuera hace frío y dentro del cine todo brilla. No es magia, pero se le parece bastante.
El resto de la cartelera intenta hacerse hueco
Mientras Avatar: Fuego y ceniza sigue a lo suyo, otros títulos luchan por mantenerse visibles. Zootrópolis 2 continúa dando guerra tras dos meses en cartel, convirtiéndose en un fenómeno sostenido que nadie vio venir con tanta fuerza. Ahí sigue, sumando millones y demostrando que la animación también sabe jugar a largo plazo. Ya lleva 1706 millones en todo el mundo.
Por otro lado, thrillers y dramas adultos encuentran su espacio con resultados más modestos pero dignos. Producciones como The Housemaid o Hamnet confirman que todavía hay sitio para propuestas menos ruidosas, aunque no acaparen titulares.
The Housemaid
El regreso de la Tierra Media y la nostalgia bien medida
Uno de los movimientos más llamativos del fin de semana ha sido el reestreno de la trilogía de The Lord of the Rings trilogy, celebrando el aniversario de La Comunidad del Anillo. Salas llenas, pases especiales y un público entregado que sabe perfectamente lo que va a ver… y aun así quiere repetir.
No ha superado registros anteriores, pero ha vuelto a demostrar que hay sagas que nunca se van del todo. Simplemente esperan el momento adecuado para regresar. Algo que, curiosamente, conecta bastante bien con la filosofía de Avatar: Fuego y ceniza: historias grandes, pensadas para durar.
Taquilla resistente en tiempos extraños
Con el mercado en un momento extraño, donde las cifras medias se encogen y los éxitos se miden con lupa, que una película mantenga el número uno durante cinco semanas dice mucho. No solo de la marca Avatar, sino del tipo de cine que sigue atrayendo al público a las salas.
Puede que Avatar: Fuego y ceniza no alcance los números históricos de sus hermanas mayores, pero se está consolidando como uno de los grandes pilares del año. Y eso, en un enero tan poco amable, tiene mérito doble.
Avatar: Fuego y ceniza, el reinado tranquilo
Al final, la sensación es clara, Avatar: Fuego y ceniza no necesita fuegos artificiales cada fin de semana para demostrar su fuerza. Avanza a su ritmo, deja que los números hablen y observa cómo los demás títulos entran y salen del top con más prisa que fortuna.
Avatar: Fuego y ceniza
Queda por ver hasta dónde llegará y cómo afectará esto a las próximas entregas que Cameron ya tiene en la recámara. Pero, de momento, Pandora sigue siendo ese lugar al que el público vuelve cuando quiere perderse durante tres horas sin mirar el reloj.
Y ahora te toca a ti: ¿crees que Avatar: Fuego y ceniza aguantará más semanas en lo alto o ya empieza a oler a relevo? Cuéntanos qué opinas y no olvides seguirnos en Google News para no perderte ni un solo movimiento de la taquilla.


