El final de Stranger Things no solo cerró una de las series más influyentes de los últimos años. También dejó una sensación rara, de esas que se te quedan pegadas mientras apagas la tele y te quedas mirando el reflejo negro de la pantalla. Ahora sabemos que pudo haber sido muy distinto. Y ojo, porque ese otro final habría levantado bastante más ruido.
Durante años, Stranger Things jugó con la nostalgia, el terror y la amistad como si fueran piezas de Lego perfectamente encajadas. Por eso, cuando la temporada 5 llegó a su desenlace definitivo, muchos esperaban una despedida más luminosa. En lugar de eso, la serie optó por un cierre ambiguo, emocionalmente duro y lleno de silencios incómodos.
El sacrificio de Eleven y el adiós más doloroso
Atención SPOILERS. En el final que llegó a Netflix, Vecna es derrotado, el Upside Down empieza a colapsar… y justo cuando parece que todo va a encajar, aparece el ejército para llevarse a Eleven (Once). No hay celebración, no hay alivio. Solo una decisión imposible y un nudo en el estómago que no se suelta.
Eleven entra en la mente de Mike y le explica que ha decidido desaparecer. No como un acto heroico grandilocuente, sino como algo triste y necesario. Su existencia, cree ella, siempre será un peligro para quienes ama. Así que se despide, cruza el portal y, cuando Jim Hopper hace estallar el C-4, tanto Eleven como el Upside Down parecen borrarse de la realidad.
Es un momento seco, sin música épica de fondo ni discursos largos. Solo pérdida. Stranger Things apostó aquí por el golpe emocional, por dejarte tocado. ¿Funciona? Depende de cómo lo mires… y de lo mucho que te duela ese adiós.
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El salto temporal que lo cambia todo
Dieciocho meses después, la serie da un pequeño giro más. Mike reflexiona sobre algo inquietante: cuando Eleven “murió”, el ejército estaba usando máquinas diseñadas para debilitarla. Sin embargo, ella estaba más fuerte que nunca. Eso le lleva a pensar que, en el último segundo, Kali pudo crear una ilusión para que la verdadera Eleven escapara y encontrara paz.
No hay confirmación, no hay plano final revelador. Solo una idea lanzada al aire. Stranger Things decide no cerrar la puerta del todo. Y ahí es donde empieza el debate interno del espectador. ¿Once vive? ¿Once murió? ¿Importa más la respuesta o el sentimiento que te deja?
El final alternativo que Netflix dejó en el cajón
La cosa se pone realmente interesante con One Last Adventure: The Making of Stranger Things 5, el documental que Netflix estrenó recientemente. Entre imágenes de rodaje y pizarras llenas de ideas, un detalle no pasó desapercibido para algunos espectadores con ojo de halcón. En la sala de guionistas había pistas claras de que el final fue, durante un tiempo, muy diferente.
En esa versión alternativa, Hopper sabía que Eleven iba a fingir su muerte. No era un sacrificio solitario. Ambos compartían un momento silencioso, muy en la línea de Lost in Translation, ese abrazo sin palabras que lo dice todo. Además, Eleven se despedía del grupo a través de un recuerdo feliz. Nada de vacío, nada de incertidumbre.
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En una de las notas del tablero se podía leer claramente: “El is gone (not dead)”. Eleven se va, pero no muere. Es un matiz enorme. Uno que cambia por completo la lectura final de Stranger Things y que habría dejado al espectador con una sonrisa triste, no con un silencio pesado.
Por qué ese final nunca llegó a rodarse
Aquí viene el detalle clave: ese desenlace no es canon. Es una versión temprana. La temporada 5 empezó a rodarse sin un guion completamente cerrado y, en algún punto del proceso, los hermanos Duffer decidieron girar el timón. El resultado fue el final ambiguo que todos conocemos.
De hecho, muchos han señalado señales claras de regrabaciones en la segunda mitad del episodio. Cambios de tono, escenas que parecen añadidas a última hora y un epílogo que se siente casi como un ajuste fino sobre la marcha. Stranger Things no improvisó, pero sí afinó hasta el último momento.
Los Duffer y la decisión de no dar respuestas
Cuando se les preguntó directamente, Ross Duffer fue bastante claro… sin serlo del todo. Reconoció que tienen sus propias interpretaciones, que incluso las han hablado con Millie Bobby Brown, pero que explicar demasiado podría estropear la experiencia. Prefirieron que cada espectador saque sus conclusiones.
Matt Duffer añadió algo interesante: los personajes no saben qué ha pasado realmente, así que el público tampoco debería saberlo. Dar una respuesta cerrada pondría en peligro el sentido del sacrificio de Eleven. Los chicos, como Mike, eligen creer. Y esa elección también forma parte del final.
Es una postura arriesgada, sobre todo para una serie tan masiva como Stranger Things. Pero también es coherente con su esencia. No todo tiene que explicarse. A veces, lo importante es lo que sientes al terminar.
¿Habría sido mejor el otro final?
Aquí viene la gran pregunta. ¿Habría funcionado mejor ese final alternativo más luminoso? Probablemente habría dejado a mucha gente más tranquila. Menos heridas abiertas. Pero también habría sido más previsible, más cómodo. El final oficial, en cambio, duele. Y ese dolor es parte de su identidad.
Stranger Things siempre ha ido de crecer, de perder cosas por el camino, de aceptar que no todo se puede salvar. El cierre ambiguo encaja con esa idea, aunque no sea fácil de digerir. Y quizá por eso sigue dando que hablar.
La temporada 5 de Stranger Things ya está disponible al completo en Netflix, con su final oficial, su versión alternativa enterrada y un montón de emociones que todavía están asentándose.
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