Cuando una serie como The Studio conecta, no lo hace solo por los chistes. Lo hace porque toca una fibra muy concreta: esa mezcla de amor y odio por la industria del entretenimiento. Te ríes, sí, pero también reconoces algo incómodamente real. El ego, el miedo al fracaso, las decisiones absurdas que se toman con traje caro y café frío.
Y cuando termina un episodio, lo normal es pensar: quiero más de este caos. Por suerte, The Studio no está sola. Antes y después de ella, varias series se han atrevido a mirar Hollywood desde dentro, a reírse de su maquinaria y a mostrar lo que pasa cuando el glamour se cruza con la desesperación. Si te ha atrapado la sátira de Seth Rogen, estas historias son el siguiente paso lógico.
Entourage, cuando el éxito parece eterno… hasta que deja de serlo

Durante años, Entourage fue la fantasía definitiva sobre triunfar en Hollywood. Un actor joven, un grupo de amigos inseparables y una ciudad que parece diseñada para cumplir deseos. Pero bajo esa superficie de lujo y fiestas constantes, la serie esconde algo más interesante: la fragilidad del éxito.
Cada temporada deja claro que en Hollywood nada está garantizado. Una película puede hundirse, un agente puede desaparecer y una carrera puede cambiar en cuestión de semanas. Con un reparto encabezado por Adrian Grenier y Jeremy Piven, la serie fue un fenómeno de audiencia en HBO y se convirtió en una referencia obligada para entender cómo la industria puede elevarte… y soltarte sin previo aviso.
Si The Studio te gusta por mostrar la presión constante de tomar decisiones que afectan a muchas vidas, Entourage te enseña el otro lado: lo que ocurre cuando esas decisiones caen sobre un actor que aún cree que todo va a ir bien.
La franquicia: cuando el cine de superhéroes se convierte en una pesadilla corporativa
La Franquicia de HBO Max serie
Otra serie que encaja como un guante si te ha atrapado The Studio es La franquicia, una sátira feroz ambientada en el rodaje de una gran película de superhéroes que, sobre el papel, debería ser un éxito asegurado… y que en la práctica es un caos absoluto.
La serie sigue al equipo técnico y creativo encargado de sacar adelante una nueva entrega de una franquicia ficticia al estilo Marvel o DC, atrapados entre exigencias absurdas del estudio, cambios constantes de guion, decisiones dictadas por el marketing y la presión de construir “universo” en lugar de contar una buena historia. Todo ello mientras el rodaje se convierte en una sucesión de incendios creativos difíciles de apagar.
Lo más interesante de La franquicia es que no se ríe solo de los ejecutivos, sino también del propio sistema de las grandes sagas modernas: películas diseñadas por comité, obsesión por las conexiones entre títulos, miedo constante a enfadar a los fans y una sensación permanente de que nadie tiene realmente el control. El resultado es una comedia incómodamente cercana a la realidad actual del cine de superhéroes.
Al igual que The Studio, la serie encuentra su fuerza en mostrar cómo el amor por el cine acaba chocando frontalmente con la lógica industrial. Los personajes intentan hacer bien su trabajo, pero están atrapados en una maquinaria que prioriza calendarios, marcas y expectativas por encima de cualquier impulso creativo.
Si The Studio retrata el infierno desde los despachos, La franquicia lo hace desde el barro del rodaje. Y juntas forman un retrato demoledor —y muy divertido— de por qué hacer cine comercial hoy en día puede ser una auténtica pesadilla.
30 Rock, el caos televisivo llevado al límite

Si hay una serie que entiende el estrés creativo como una forma de vida, es 30 Rock. Tina Fey transformó su experiencia en la televisión en una comedia despiadada sobre guionistas agotados, estrellas imposibles y ejecutivos que hablan en términos de marca incluso cuando se trata de personas.
Lo brillante de 30 Rock es que nunca baja el ritmo. Cada episodio es una sucesión de problemas que se solapan, se contradicen y estallan a la vez. Alec Baldwin, como el ejecutivo Jack Donaghy, es el complemento perfecto a la neurosis creativa de Fey, y juntos construyen uno de los retratos más afilados del negocio televisivo.
Si en The Studio te engancha esa sensación de “todo está a punto de venirse abajo”, aquí la vas a encontrar multiplicada por diez… y con más chistes por minuto.
The Larry Sanders Show, el espejo incómodo de la fama

Mucho antes de que la televisión se volviera meta, The Larry Sanders Show ya estaba diseccionando el ego, la inseguridad y la necesidad de aprobación que definen el mundo del espectáculo. Garry Shandling interpreta a un presentador de late night que parece seguro frente a las cámaras, pero que se desmorona en cuanto se apagan los focos.
La serie alterna lo que ve el público con lo que ocurre detrás del escenario, y ahí es donde está la magia. Las sonrisas se convierten en reproches, los aplausos en ansiedad y la fama en una jaula dorada. Es una comedia más contenida que The Studio, pero también más venenosa.
Si lo que te ha atrapado de la serie de Rogen es su capacidad para mostrar la vulnerabilidad detrás del poder, The Larry Sanders Show es una parada obligatoria.
Extras, el lado más cruel del sueño de ser actor

Con Extras, Ricky Gervais decidió mirar la industria desde el escalón más bajo: el de los actores secundarios que sueñan con un papel que nunca llega. Su protagonista encadena castings humillantes, papeles ridículos y encuentros con estrellas que, en lugar de ayudar, acentúan la distancia entre el éxito y el anonimato.
La serie juega con cameos de grandes celebridades interpretándose a sí mismas, pero siempre desde la ironía. Aquí nadie sale realmente bien parado. El mensaje es claro: el estrellato no garantiza la felicidad, y la falta de él tampoco te protege del ridículo.
Si The Studio te gusta por su humor incómodo y su retrato poco amable del negocio, Extras te va a golpear justo donde más duele… mientras te hace reír.
The Comeback, cuando la industria te expone sin piedad

Puede que The Comeback sea la más silenciosa de todas, pero también una de las más certeras. Lisa Kudrow interpreta a una actriz que intenta relanzar su carrera mientras es grabada por un equipo de reality. El resultado es un retrato devastador de cómo Hollywood consume, recicla y descarta a sus propias estrellas.
No busca el chiste constante. Busca la incomodidad. Cada episodio te recuerda que la exposición tiene un precio y que el sistema rara vez protege a quienes ya no están de moda. Con el paso del tiempo, la serie ha ganado prestigio como una obra adelantada a su época, especialmente en un mundo dominado por la cultura del contenido y la viralidad.
Si en The Studio te interesa esa tensión entre imagen pública y realidad privada, aquí la vas a encontrar llevada a un terreno todavía más doloroso.
Todas hablan de lo mismo, aunque lo cuenten distinto
Estas series funcionan como compañeras perfectas de The Studio porque comparten una misma idea: la industria del entretenimiento es un lugar fascinante, creativo y profundamente agotador. Da igual si eres ejecutivo, guionista, actor o figurante. El sistema siempre exige más de lo que promete.
Lo que cambia es el punto de vista. The Studio corre, grita y colapsa. Otras observan, se burlan o aprietan lentamente. Pero todas entienden que detrás del glamour hay personas intentando sobrevivir a una maquinaria que nunca se detiene.
Si te has reído con The Studio, aquí tienes más historias para seguir explorando ese lado oscuro —y divertidísimo— de Hollywood. Y lo mejor es que, una vez entras, cuesta mucho salir.
¿Has visto alguna de estas series? ¿O The Studio te ha abierto
la puerta a este tipo de historias?
Cuéntanos cuál te ha marcado más y síguenos en Google News para no perderte nuestras
recomendaciones más cinéfilas.


