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‘The 3 Rs’: un minuto del universo surrealista de David Lynch

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La complejidad del universo Lynch puede comprimirse en un minuto. Así lo demuestra su cortometraje The 3 Rs, el tráiler promocional del festival de cine Viennale de 2011.

Antes de descifrar estos presuntamente caóticos 60 segundos, creo que deberíais tener en cuenta una serie de aspectos en el caso de que no conozcáis ninguna de sus obras. David Lynch no es un director de cine, es un artista y para más inri, un artista dadaísta.

Creo que la mejor forma de exponer el mundo de Lynch es mediante la identificación de sus obras con sueños. La intervención de lo onírico en sus obras no se limita únicamente a su apariencia, a su iluminación, imagen… La sensación que tienes tras ver alguna de sus películas o series es similar al aturdimiento que experimentas en el momento en el que despiertas. Sus películas provocan desconcierto, intentos en vano de ordenar ideas, imágenes y sonidos, de otorgarles un significado…

Películas que son sueños extravagantes e incoherentes, retorcidos, desagradables, extremadamente lentos, ridículamente rápidos y angustiosos que pretenden desvelar nuestros deseos reprimidos. No hay conexión aparente con el espectador, cuyo papel queda relegado al de un simple testigo. La comprensión o la satisfacción del público no parecen ser los objetivos primordiales de Lynch. 

Analicemos ahora el minuto dadaísta que se nos ofrece en The 3 Rs. Estos segundos pueden ser traducidos como una crítica al sistema educativo. El propio título hace referencia  a las “tres R” del modelo educacional: reading, writing, arithmetic.

Fotograma de 'The 3 Rs', obra de David Lynch
Fotograma de ‘The 3 Rs’, obra de David Lynch

Durante el corto estaremos continuamente acompañados por el zumbido de unas moscas invisibles pero que inconscientemente nos molestan y provocan desagrado. Mientras, una voz en ‘off’ pregunta por el número de piedras que un hombre tiene en las manos. A pesar de ser claramente dos, los alumnos parecen desconcertados y apuntan distintas cantidades. Esto puede ser interpretado como un reproche hacia el sistema educativo, incapaz de instruir correctamente sobre cuestiones evidentes.

Seguidamente, se presenta una escena en la que a un patito de goma se le corta la cabeza con unas tijeras. David Lynch culpabiliza a los colegios de cortar la creatividad, la originalidad y la inocencia a sus alumnos. El hombre que sujetaba las piedras aparecerá al final arrodillado y con un martillo simulando aplastar algo que entendemos como niños, estudiantes.

No es la primera vez que Lynch aborda el tema de la educación. Ya lo hizo en los años 60 con el cortometraje TheAlphabet, donde refleja literalmente el nacimiento del alfabeto y la macabra forma en la que se nos inculca.

Por supuesto, esto son solo interpretaciones. Quizá para vosotros ambos cortometrajes giren alrededor de otras ideas y tendrán la misma validez. Como habéis podido observar, Lynch es uno de los directores más controvertidos y peculiares. Sea o no de vuestro agrado, os recomiendo que no rechacéis sus propuestas únicamente porque el surrealismo que entrañan. A veces, el valor de las películas reside en lo que te hacen sentir, no en lo que puedas comprender.

Desde que tengo uso de razón siempre me he sentido atraído por el dibujo, los cómics y sobre todo el cine, culpa de esta afición la tiene “Star Wars: Episodio IV”, me sentí fascinado por la gran cantidad de naves espaciales que aparecían en ella y todo el mundo creado por George Lucas, la escena de la nave corellia perseguida por un crucero imperial que avanzaba hasta llenar la pantalla fue impactante. La música de John Williams era pegadiza y fácil de recordar, ya para entonces recuerdo mis colecciones de cromos y los muñecos de la saga. Otra gran influencia han sido los cómics, en concreto las ediciones de Vertice de Spiderman, La patrulla X, Los Vengadores, Los 4 fantásticos, con los que aprendí a dibujar copiando las viñetas de John Romita Sr. y Jack Kirby. Así que no era de extrañar que terminase estudiando en la escuela de artes de Zaragoza.