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Taylor Swift contra Kanye West

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Aparte de una enorme plaga de Pokemons, lo más comentado en internet estas semanas es la guerra abierta entre Taylor Swift y el rapero Kanye West, que como si fuera un tiroteo en una película de John Woo, va alcanzando a todos en medio de un enorme fuego cruzado.

Katy Perry, Tom Hiddleston, Calvin Harris… páginas de cotilleos, revistas de música y millones de cuentas de Twitter se hacen eco de los insultos, las declaraciones de sus relaciones públicas y las amenazas de tomar acciones legales. Y todo se vuelve cada vez más complicado mientras algunos incluso llegan a pensar que nada en esta historia es real.

Para saber lo que ocurre tenemos que acordarnos de la infame ceremonia de los Video Music Awards de 2009, cuando Taylor Swift, que por aquel entonces limitaba su carrera a un country suave y un aspecto de niña buena, ganó el premio a mejor vídeo del año por ‘You Belong to Me.’ Mientras se disponía a dar su discurso, Kanye West saltó al escenario arrebatándole el micrófono para decir que “se alegraba mucho por ella y la iba a dejar terminar, pero que Beyoncé tenía uno de los mejores vídeos de todos los tiempos.” West ya se había ganado la reputación de concederse una gran importancia, y pensó que las reglas básicas de la educación, como dejar que alguien que acababa de ganar un premio diese su discurso de agradecimiento, estaban por debajo de él. El incidente se convirtió en uno de esos temas que reciben el calificativo de “virales”, saliendo incluso una declaración privada de Barack Obama diciendo que era West era un “tonto del culo”. Por supuesto, esto sirvió para que por simpatía o por la publicidad gratuita que recibió, Taylor Swift aumentase su fama y se convirtiese en un rostro reconocible. Desde entonces su estilo ha cambiado y ha dejado las canciones de guitarra por un ritmo mucho más cercano al pop de las grandes masas. Ha acumulado premios y se ha vuelto una figura mucho más pública, llegando al punto de la sobreexposición, algo que siempre amenaza con quemar la carrera de una estrella y que puede ser lo que le ocurra tras los acontecimientos recientes.

Todo lo que Taylor Swift hace, se publica. Desde sus amistades, sus decenas de novios, sus vacaciones, sus fotos con los fans… Twitter e Instagram han acercado a los famosos al gran público, haciendo que en muchas ocasiones, los equipos de relaciones públicas que se encargan de administrar sus imágenes no siempre puedan mantener a sus clientes limpios de escándalos. Su vida personal ha servido de apoyo a su carrera, ya que desde siempre se ha comentado que muchas de sus rupturas sentimentales se convierten en material para nuevas canciones. Incluso ella misma parodió su fama de novia insoportable en su tema Blank Space. Mientras tanto, Kanye West ha contraído matrimonio con Kim Kardashian, cuya profesión es celebrity, una de las personas más seguidas de Instagram, donde el culto a su cuerpo es la sublimación de la vida dorada de Los Ángeles. Kim saltó a la fama tras protagonizar una película porno casera con su ex-novio, y desde entonces ha tenido su propio reality y distintas campañas publicitarias. También ha promovido técnicas de belleza muy poco sanas y ha expuesto en internet todos los aspectos de su vida, convirtiéndose en uno de los matrimonios más famosos y odiados de la industria del espectáculo. Kanye pediría perdón por interrumpir a Taylor, aunque más tarde diría que no lo sentía en absoluto. Quizá eso explique por qué el año pasado intentó arruinarle el discurso a Beck, aunque finalmente se dio media vuelta para bajarse del escenario y se conformó con criticarle entre bastidores.

Lo de Kanye West no se puede negar que es culpa de su ego desmesurado, algo por otra parte normal cuando eres tan rico y famoso. Un poco de arrogancia puede ser justo lo que necesiten personas que tienen unas vidas más extremas que la mayoría, pero algunos deberían saber cuándo parar. West se ha llamado a sí mismo “un genio, la encarnación de Shakespeare y el artista más grande de todos los tiempos”, asegura que su mayor pena es saber que nunca podrá saber qué se siente al verse a sí mismo en directo y una vez incluso gritó a un chico que no se levantó para él en un concierto sin darse cuenta de que era paralítico. La forma más fácil de definir a Kanye es esa noticia falsa que muestra cómo marcó ciento treinta y cuatro puntos en un partido de baloncesto contra niños en silla de ruedas.

Pero también, lo que hace es buscar la forma más rápida y barata de llamar la atención. Aunque no gane ningún premio siempre sabe cómo destacar y conseguir que su nombre y opiniones acaben apareciendo en todas las portadas. No se parece en nada al falso egocentrismo de Noel Gallagher, que asegura ser “un jodido genio”, sino que parece que West se ha creído su papel y ha acabado pidiendo millones de dólares a Mark Zuckerberg para hacer realidad sus sueños de transformar el mundo de la misma forma que Elon Musk, con un detallado plan lleno de palabras como “coches, casas, hologramas, ropa”. Incluso anunció que se presentaría como candidato a la Casa Blanca para el 2020, donde debería vérselas con el actor Will Smith, otro que también lidia con un ego que amenaza con no dejar espacio a nada más. Lo único que puede salvarnos de un debate entre las dos estrellas es que Donald Trump destruya el mundo meses después de ganar las elecciones o, más probablemente, que todo esto quede en el olvido cuando surja una nueva polémica de la que hablar.

Es el caso de ‘Famous’, que aparece en el nuevo disco de Kanye West y donde parece hacer una deconstrucción de la idea de la fama. Lo hace mostrando una cama gigante donde dobles de distintas estrellas (entre ellas su mujer Kim,  el propio Donald Trump, Bill Cosby, Rihanna, él mismo o Taylor Swift) aparecen desnudos. Quizá buscaba molestar a más gente, pero en realidad, los que aparecen representados han optado por tomárselo con humor o no decir nada en absoluto. Pero en cuanto a la letra de la canción, parece que ha decidido ir más allá asegurando que “es posible que Taylor y yo tengamos sexo. ¿Por qué no? Yo hice famosa a esa perra”.

Dejando de lado que no vemos ningún sentido artístico al single de ‘The Life of Pablo’ (disco que anunció como el mejor de la Historia y que protegió en cajas fuertes con medidas de seguridad biométricas antes de filtrarlo él mismo) más que la mera provocación, la frase que menciona los VMA de 2009 es insultante. Por eso podemos comprender que poco después, en la ceremonia de los Grammy del pasado Febrero, Taylor recogiera un premio y aprovechase para lanzar un afectado discurso donde, al borde de las lágrimas, aseguraba a todas las niñas del mundo “que habría gente a lo largo del camino que intentaría dinamitar su éxito y aprovecharse de su talento”, pero que tenían que seguir trabajando y demostrarse a sí mismas que valían para esto. Todos la aplaudieron mientras le daban una vez más la razón por lo que parecía un ataque llevado a cabo por un rapero sin educación que no tenía nada mejor que hacer que insultar a una chica joven e inocente.

El problema es que eso no fue exactamente lo que pasó. Kanye no solo no se disculpó, sino que aseguró que Taylor conocía la frase desde hacía meses y la llamó por teléfono para comentárselo y pedir permiso.  Un representante de Taylor declaró que ella jamás había escuchado la canción o recibido una llamada, pero Kim Kardashian compartió un vídeo en snapchat donde se veía a su marido manteniendo una conversación con la cantante. En él se la puede escuchar dando las gracias por las flores que le regaló meses atrás y por el detalle de consultarla, y daba su consentimiento para seguir adelante “con la frase que quisiera”. Iba a ser polémica, de todas formas, aseguraba también.

El vídeo demuestra que Taylor Swift sabía lo que se avecinaba y hace quedar muy falso ese discurso en los Grammys. También demuestra que en realidad, ambos cantantes no son ni mucho menos enemigos, como se les vende habitualmente, y mantienen (o mantenían) una relación amigable y cercana. Mientras el equipo legal de Taylor se plantea demandar a Kim y Kanye por hacer pública una grabación sin su consentimiento, la verdad es que ella queda como alguien que, aprovechándose de la publicidad gratuita de ‘Famous’, decidió jugar el papel de víctima arrojando a las vías del tren al rapero. Esto ocurre al mismo tiempo que otro ex de Taylor, Calvin Harris, la acusa de haber controlado su relación a través de su equipo de publicistas y buscar formas de dañar su reputación. Harris ha sacado hace poco una canción con Rihanna llamada ‘This is what you came for’, y Taylor ha asegurado que en realidad ella es la autora del tema, donde apareció con pseudónimo. La semana después de dejar a Harris, Taylor empezó una relación con el actor Tom Hiddleston, con quien se le ha visto por distintas partes del mundo besándose en la playa, yendo de camping, montando en helicóptero, sentados en una terraza y con él llevando un falso tatuaje y una camiseta que dice “AMO A T. S.”.

Y una vez más, todo es muchísimo más falso de lo que parece. Si usásemos la lógica, comprenderíamos que es normal que Taylor Swift haya colaborado en una canción de su novio. Estaban juntos y se dedican a lo mismo, así que lo extraño sería que no hablasen de trabajo o se enseñasen sus proyectos. La necesidad de decir ahora que ella es responsable de la canción sí que parece un golpe bajo, pero no llega al extremo de su relación con Tom Hiddleston, que tiene todo el aspecto de un montaje llevado a cabo por relaciones públicas, o para grabar un vídeoclip supuestamente “robado” y que está siendo recogido por las hordas de paparazzis que siempre van con ellos. Además, que la propia agencia de fotógrafos se encargue de enviar a las webs y revistas imágenes claramente posadas y románticas hace pensar que en realidad lo que se busca con esta relación es lo de siempre, generar contenido y buscar una publicidad que en muchos casos es gratuita. No sería la primera vez que vemos un movimiento parecido. Y eso nos hace pensar en el álbum Lemonade de Beyoncé donde criticaba a su marido por una aventura extramatrimonial. El disco, que fue catalogado como un himno a las mujeres empoderadas y libres, resultó no serlo tanto cuando se supo que Jay Z no solo es productor del mismo, sino que estuvo presente en el rodaje de los videoclips. No se niega que los problemas del matrimonio sean reales, pero a la hora de dar un campanazo con el disco del año, toda publicidad es poca.

Nunca hay que creerse todo lo que digan los famosos. Ni siquiera en entrevistas personales. Muchas de ellas son encuentros destinados a promocionar un disco o una película, y de vez en cuando tienen que hacer ruido para que se hable de ellos. Mucho de lo que se comenta no es noticia, son rumores y cotilleos que poco o nada tienen que ver con su trabajo, pero les sirve para aparecer en webs como TMZ, con un tráfico inmenso. Pero esto no es nuevo. En la década de los ochenta, mientras Michael Jackson preparaba su disco BAD, se planteó que la canción que da título al álbum fuese un dueto con Prince. Mientras se preparaban las negociaciones se ideó toda una campaña de marketing en la que aparecerían en los medios declaraciones de ambos criticándose duramente con la idea de establecer en la mente del público una rivalidad. ¿Era cierto que se odiaban? ¿Se habían robado la novia el uno al otro? Al final, la canción sería la culminación publicándose no por sorpresa, sino cuando todo el mundo estaba pendiente de ellos y esperando que dijeran algo. Al final el proyecto no salió adelante porque ambos tenían el ego demasiado grande como para ceder y encontrar una colaboración sincera entre ambos. Lo único que ha cambiado es que ahora Snapchat, Twitter e Instagram hacen que el contenido esté disponible en segundos, y las agencias ya no sean quienes controlen totalmente las vidas de sus clientes. Y a pesar de que gran parte de lo que se ha contado aquí pueda pertenecer a otra de esas campañas de publicidad, lo cierto es que ahora podemos entrever algo de la verdad por medio directo de los afectados.

Y  que a veces, el bueno de la historia es Kanye West.