Cómics / Sukeban Turbo. Jóvenes, peligrosas y con ganas de gresca
Cómics

Sukeban Turbo. Jóvenes, peligrosas y con ganas de gresca

Sukeban Turbo, la nueva obra de Victor Santos y Sylvain Runberg une el mundo del crimen con las boys band y las películas japonesas de bandas de chicas. ¿Qué más podríamos pedir?

Un grupo de adolescentes forma una banda al estilo de las películas pinky violence japonesas, las Sukeban. Sin control, de juerga constante y con una actitud violenta y agresiva, venden drogas, ganan pasta y queman la vida a tope. Pero las calles no tienen piedad, y van a tener que ser mejores, más peligrosas, para sobrevivir. Un cómic hard boiled inspirado en Japón, escenificado en USA y creado en Europa que funciona como una moto a toda velocidad.

En un instituto de Nueva York, Shelby dirige a las Sukeban Tribe, una banda de barrio, formada por sus amigas. Las viejas películas japonesas sobre las bandas de mujeres que en los 60 dominaron las calles, las sukeban, en contraposición a las de chicos las bancho, sirve de inspiración par su nombre y su objetivo, ser duras, las más temidas, tener pasta rápida, drogas y vivir a tope. Pero el pinky violence (género de las películas de bandas japoneses femeninas) no les contó que para ser las mejores, hay que traicionar, pelear, mentir, y quizás hasta matar. Pero las Sukeban Tribe no tienen problema para hacerlo.

Siylvain Runberg ideó toda la serie usando las mismas influencias que sus personajes, y su puesta en escena es tanto un homenaje a esas películas, como a las de Scorsese, Tarantino o Scorsese. Bandas, mafias, traiciones, violencia y un sentido deformado del honor que dirige a las protagonistas en una espiral interminable sin final. Porque la seducción de ser un gangster, o miembro de una banda, esconde muchas decisiones que pueden costarles el alma. Pero no se quiere quedar el francés en las calles, los áticos de las estrellas musicales también esconde secretos y mentiras que pueden ser tan oscuros con la calle, y el autor no desaprovecha para crear una trama paralela de caída en el olvido y la vergüenza para una estrella, un relato de cómo caen los poderosos, mientras los rebeldes enarbolan las horcas esperando ensertarlos en su ascenso por la cadena alimenticia.

Runberg no gasta esfuerzos en contar nada que no sea necesario. Va directo al grano, necesita el mundo, a las chicas, y el mundo de las boys band, y sus tejemanejes. Dentro de esos pequeños universos desarrolla la acción de cada historia, sin dejar que el lector recupera aliento, cada escena de diálogos puede ser tan tensa y violenta como cuando las Sukeban golpean a unos rivales.

Y si encima tienes a un genial dibujante, notable narrador, con un estilo propio tan definido, y sobre todo, fan de la cultura japonesa, del noir, y de las películas de gangsters como Victor Santos, has conseguido los elementos ideales para una tormenta perfecta. Y es una de esas que no dejan ni las casas en pie.

El valenciano está en lo mejor de su arte, es capaz de contar cualquier cosa, hacerla interesante, mostrar acción sin respiro, y sobre todo, de dotar de personalidad a todos sus personajes. Y si algo necesita un cómic como Sukeban Turnbo, es personalidad. Y Santos se la da, a paladas. Pocas veces encuentras una historia tan agresiva contada tan elegantemente, y con tanta sangre, Runberg proporciona el mundo y la trama, Santos pone el espectáculo y el poder de su pluma, y la combinación es puro noir, puro pinky violence, duro, rápido, sangriento, y con estilo propio.

Encargándose de todo el arte, dibujo y color, Santos ha conseguido dotar de un estilo compacto a toda la obra, con una pátina de marrón sucio, que cubre las imágenes y ensucia el dibujo. Como si del grano de una película química antigua se tratara. Dándole más fuerza si cabe a su estilo, y contrastando el mundo de las Sukeban, más sucio y callejero, con el limpio y luminoso apartamento donde transcurre la vida de su primo el cantante.

Sukeaban Turbo es una carrera hacia el precipicio a toda velocidad, donde no importa quien gana, sino quien “mola” más despeñándose. Agresiva, potente, impresionante y sobre todo, malvada, tanto que no podrás dejar de leerla.