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‘Clase letal. 1988 Los niños del agujero negro’, muchas historias, y ninguna buena para Marcus

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Vuelven los estudiantes más peligrosos a las librerías españolas, con más sangre, más muertes, y un doloroso vistazo al pasado. ‘Clase Letal. 1988. Los niños del agujero negro’ permite a Remender explicar la “jodida” historia de Marcus y María, juntos y por separado.

Segundo volumen de la personal historia de los niños que se entrenan para ser los mejores asesinos del mundo. Rick Remender comienza a explorar la vida de sus personajes y sus personalidades, son asesinos, y empiezan a estar convencidos de ello. Y eso puede ser más peligroso para un adolescente que las drogas gratis. Y el genial Wes Craig sigue ilustrando con su potente estilo esta historia que cada día es más oscura, más truculenta, mejor.

Clase Letal Nº1 -1987- Una juventud Reagan Rick Remender Wes Craig (4)La vida da muchos giros, y la de Marcus en su adolescencia está más que llena de ellos. Terminada su aventura en Las Vegas nuestro protagonista ha conseguido que su vida mejore, tiene novia, María, una asesina latina, ha conseguido un trabajo a media jornada genial, ¡en una tienda de cómics!, y en su especial escuela le va bien. Pero está Saya, esa excitante y atrayente asesina asiática, está “Cara Cabrón” ese tipo que salvó al grupo pero quiere volver a joderles la vida, y sobre todo, está su pasado. Porque no conocemos su mayor crimen, y es grande, pero no el que todos creen, una mentira que encubre una realidad que le persigue.

Y cuando todo parece irse al infierno, hay que actuar, con armas, explosivos, y con muy mala baba.

Porque si lo que pretendía Remender era contar lo “jodida” que es la adolescencia, y de paso llenarla de todo lo que mola, asesinatos, acción, artes marciales, magia negra y un montón de animaladas que amamos sus lectores.

Pero en la adolescencia lo que más duele no son las palizas del entrenamiento, son las decepciones de los amigos, de los amores, y el daño que hacemos sin quererlo. Y Marcus es culpable poco a poco de hacerlo, de dañar su vida y a los que le rodean. Pero no está solo en el lío, Chester ”Cara Cabrón” está ahí para ayudar a hundirlo aún más en sus problemas y recordarle su pasado de mierda. Y la única forma de arreglarlo es matándolo. Y necesita a sus amigos, esos a los que terminará dañando.

Porque no puedes amar a dos mujeres al mismo tiempo, porque no puedes ser un asesino de masas si no has matado a mucha gente, y no puedes mantener una mentira mucho tiempo si la conoce más de una persona.

94a596ddc12470bb67a6ed1c5354e01aRick Remender avanza en la construcción de sus personajes para redondear ‘Clase Letal’, esta visita detiene el avance de la historia para completar su fondo. Dos largos flashbacks, sobre Marcus y sobre María, ayudan a comprender a ambos personajes, también completan su relación, ese extraño circulo que han formado, ya que ambos son marginales, incluso dentro de su grupo propio en el colegio de Artes asesinas.

El americano muestra de donde surgieron muchos de sus miedos y las situaciones que los marcaron, y conducen la situación actual. En el caso de María es mucho más peligroso por lo desequilibrado de su personalidad. Pero para Marcus es el camino para su nueva vida, es la mentira sobre la que se ha construido su futro, y tiene que protegerlo. Para eso necesita a sus amigos y a Saya. Inolvidable, sensual, y misteriosa Saya, la mujer que cualquier adolescente desearía, pero tenerla es para Marcus el principio del fin.

Aunque todo este tomo baja el nivel narrativo de la historia, tenemos los dos flashbacks y el problema amoroso de Marcus, sus nuevas circunstancias y algún giro más de trama. Pero el arco trata fundamentalmente de reparar el error que existe sobre el pasado del protagonista, un error que empezó a asomar en el anterior tomo, con la aparición de Chester “Cara Cabrón”.

Cerrar esa vía centra todo, y lo hace a base d acción, explosiones, y sangre a borbotones, lo que lo hace divertido, poderosos, pero menos redondo que el arco anterior, que se llenaba de las dudas adolescentes y comportamientos perturbados por ellas. Menos consistente, aunque más divertido, una buena pelea sucia y dura también es divertida.

Y si es divertida no es sólo por su historia, el arte de Wes Craig es capaz de convertir una pelea en un gran espectáculo visual. Continúa siendo un gran narrador y domina los momentos menos “violentos” con facilidad, como la escena del concierto, pero es e las peleas donde se luce. Dinámico, de trazo rápido y definido, sencillo y eficaz, sin florituras innecesarias, directo al grano, es capaz de mover la visión del lector donde él quiere y convertir el diseño de página en un baile para los ojos que se convierte en una coreografía pura de pelea en el cerebro.

‘Clase letal. 1988 Los niños del agujero negro’ mantiene el nivel la obra de Remender y Craig, muy apreciable que desarrolle los personajes, aunque sacrifique algo de desarrollo para ello.

Este arco argumental es muy divertido por la acción que remata el tomo, pero no está a la altura del primero y su rompedor inicio. Pero el lector puede estar tranquilo el tomo no desmerece, y además la continuación mejora mucho, porque veremos lo que realmente implica pasar de curso y porque hay alumnos “becados” que no tienen un duro o familias criminales respaldándoles.

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José Carlos Royo
Desde que tengo memoria he leído cómics. Mi madre me compró el primero antes de aprender a leer bien, alguien le contó a la pobre que ayudaba a los niños a acercarse a la lectura. Aún busca a la persona que se lo dijo para agradecérselo apropiadamente, con un garrote. Apasionado del mundo de la viñeta devoro todo cómic que se me pasa por delante. El americano es mi predilección pero el japonés y el europeo también llena mis estanterías. Si le añades los libros, las series de tv y las películas soy lo que hoy día llaman friki, y estoy orgulloso de serlo. Periodista con tendencias televisiva,s cuando me lo permiten hasta escribo. No me caso con nadie y ya sea aburrido, trepidante, intenso o un gasto de papel, un cómic hay que leerlo y comentarlo para que este de verdad vivo.