Retro-crítica a El show de Truman: la caverna actual Retro-crítica a El show de Truman: la caverna actual
Críticas de cine

Retro-crítica a El show de Truman: la caverna actual

El show de Truman se estrenó en 1998, dirigida por Peter Weir y protagonizada por Jim Carrey, Laura Linney y Noah Emmerich.

Truman Burbank es un hombre corriente y algo ingenuo que ha vivido toda su vida en uno de esos pueblos donde nunca pasa nada. Sin embargo, de repente, unos extraños sucesos le hacen sospechar que algo anormal está ocurriendo. Todos sus amigos son actores, toda su ciudad es un plató, toda su vida está siendo filmada y emitida como el reality más ambicioso de la historia. Así arranca El show de Truman una película inolvidable.

El show de Truman explora la idea de vivir en una simulación,

un mundo irreal dirigido por alguien malévolo, una idea ya explorada por Matrix y basada en El mito de la caverna de Platón. Partamos de la base de la película, que es el guion. Tenemos un guion original, brillante y auténtico, uno de los mejores de la década de los 90’s. Es una historia que es más que eso, tiene un trasfondo inquietante, que te hará pensar y te dejará una sensación incómoda, cuyo único punto débil es el tercer cuarto de la cinta, que realentiza un tempo brillante, y aunque es el punto flojo, el resto es sublime. En el guion comprobamos como el extraordinario ser humano es capaz de destrozar 36 años de la vida de un hombre inocente, con el fin de satisfacer su imperfecta vida a costa de un prototipo perfecto de vida pacífica y sin problemas.

La dirección de Weir es brillante,

una dirección más que inspirada, que logra hacer fácil lo difícil. Weir tuvo la suerte de contar con una de las mejores actuaciones del siempre gigante Jim Carrey, que demostró todas sus tablas haciendo un Truman más creíble en cada acción. Resulta cómico  ir descubriendo al mismo tiempo que Truman cómo va notando los detalles que delatan una falsa vida, un montaje televisivo.
Además podemos ver los anuncios que van metiendo los personajes en las conversaciones,los anuncios en cubierto. Especialmente con su mujer, una Laura Linney totalmente desquiciada en su papel, que lo borda a la perfección.

En el apartado técnico podemos decir que está a la altura,

ver cómo pasan de plano a plano y cómo ocurre en el metraje final es fantástico, así como esa sensación de rutina que logra conseguir un montaje perfecto. Sin duda alguna, estamos ante una película de culto.

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