Cómics

Reseña PANINI COMICS Providence Omnibus. El género de terror también le sienta muy bien a Alan Moore

Es curioso que a veces ciertas obras cobren sustancia gracias a las situaciones personales de sus autores. Los problemas con el fisco llevaron a Alan Moore a pergeñar Providence, una historia que Panini Comics recopila en un solo volumen a todo lujo.

En algún lugar de R’lyeh

Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) nació y falleció en Providence, en el estado de Rhode Island, Estados Unidos. Fue un escritor muy influido por otros autores pero su legado ha influido sobre muchísimos más que, alentados por él mismo, engrandecieron la cosmogonía de sus mitos acerca de unos dioses primigenios que esperaban en sus sepulturas a que llegase el momento de volver a levantarse y expandir su terror visceral por toda la Tierra. “En su morada de R’lyeh, el muerto Cthulhu espera soñando”, letanía que los seguidores en la ficción empleaban para referirse a su adorado señor. Alan Moore emplea su gran conocimiento de la obra de Lovecraft para entregarnos a una orgía de maldad. Que devuelve al cómic la grandeza que en otros medios ha alcanzado esa herencia dejada por el atormentado escritor.

La mitología creada por Lovecraft es compleja y a la vez completa. Repleta de adoradores que buscan presenciar con regocijo la llegada de sus señores de ultratumba. De horrores cuyos nombres apenas podemos pronunciar, de actos sacrílegos y ritos propios de sectas autodestructivas, de aquellos que creen en la voracidad de un terror tentacular que está destinado a tragárselos. De investigadores que se juegan su salud física y mental por entender que es lo que sucede tras semejantes seres ocultos con legiones de devotos. Porque Lovecraft nos dejó un miedo inherente a lo que está por llegar. A temer lo que está en las sombras, a lo que se oculta en lugares remotos e incluso en lo más profundo de los océanos.

Cthulhu fhtagn

Moore termina conjugando la obra como dos historias diferenciadas divididas en tres publicaciones diferentes pero del todo conectadas y compatibles, hasta el punto de que los doce episodios de Providence, que se puede considerar una especie de Watchmen en cuanto a estructura, pueden leerse a modo de secuela (porque así fue publicada en su momento) pero por los hechos que narra también sirve perfectamente de precuela. Mientras los dos números de The Courtyard y las cuatro entregas de Neonomicon transcurren relativamente en un presente actual, principios del Siglo XXI. Providence nos remonta a la primera mitad del siglo XX. Con las secuelas de la Primera Guerra Mundial y la aprobación de la Ley Seca en Estados Unidos.

El espíritu del terror psicológico por algo superior que escapa a nuestro control es heredero directo de las obras de Lovecraft. Pero ambas historias tienen ritmos diferentes, más directo cuando estamos en el presente y más pausado durante Providence. Con la inclusión de partes en prosa entre episodio y episodio que rompen un tanto el ritmo de lectura pero aportan datos interesantes que no encontramos en la parte dibujada. Aun así el interés que despiertan es enorme. Tanto si hablamos de los agentes del FBI Aldo Sax y Merril Brears como si lo hacemos del reportero, y aspirante a escritor, Robert Black. Su viaje hacia la locura, hacia la demencia. Hacia la falta de salud mental que supone aceptar ciertas verdades del llamémosle Universo de Lovecraft enriquecen la lectura y caminan de la mano hasta del propio Howard, que tiene reservado su papel.

Nyarlathotep y Yog Sothoth

La parte visual de semejante obra recayó sobre los hombros de Jacen Burrows. Un dibujante que ha desarrollado la mayor parte de su carrera para la editorial estadounidense Avatar Press. Ya tuvimos la oportunidad de conocerle en Crossed junto a los guiones de otro grande del medio, Garth Ennis. Burrows utiliza una mezcla entre el realismo y lo onírico a través de una sucesión, a veces, interminable de viñetas horizontales en constante sucesión, compartimentando la página en tres o cuatro viñetas. Esa aparente monotonía no desluce el resultado pero no sorprende al lector con composiciones arriesgadas o elaboradas.

Aun así no hay mucho que reprocharle pues nos imbuye en una iconografía muy conseguida de horrores con tentáculos y sin ellos, así como la fuerza de algunas de las imágenes que nos deja, que aunque en su mayor parte dejan lo implícito como conductor de la narrativa también juegan con la fantasía más desbordada que puedan generar las visiones sobrenaturales. Una edición muy completa en un tamaño enorme que conjunta todo de forma impecable. Un tomo ómnibus muy recomendable tanto si quieres acercarte a la obra de Lovecraft como si quieres disfrutar de un Alan Moore en plenitud de facultades y con un enorme respeto por el legado de uno de los autores de terror más reconocidos, aunque en vida no obtuviese ese reconocimiento.

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