Cómics / Reseña PANINI COMICS High Crimes. No puedes escapar de la persona que eres
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Reseña PANINI COMICS High Crimes. No puedes escapar de la persona que eres

La cima del Monte Everest es el sueño de muchos de los que disfrutan subiendo a la montaña, de los que tienen la piel curtida por la radiación solar que azota al alcanzar cierta altitud. Panini Comics nos lleva con High Crimes hasta Nepal para envolvernos en una trama oscura que revela lo que llevamos dentro de nosotros.

La diosa que habita en la montaña

La escalada es un deporte de riesgo donde cada persona libra sus propias batallas. No importa si vamos en grupo, si cuentas con una mano tendida para superar un saliente. Allí arriba suceden muchos momentos de soledad, donde conseguir dar un paso hacia delante se convierte en una odisea que plantea toda suerte de preguntas. El reto no es solo físico, la guerra contra la montaña no se libra a base de fuerza en brazos y piernas, es una epopeya que solo una mente estructurada y poderosa puede llevar al éxito.

Las fuerzas se acaban por encima de los 8.000 metros, solo queda el empuje, la obstinación, lanzar los dados y contra todo pronóstico alcanzar esa cima que nos hemos planteado como meta. Subir a esos gigantes megalíticos es una metáfora de la propia vida. Un pequeño descuido, un infortunio, una ecuación cuyos decimales no sean exactos y el suelo puede desaparecer bajo nuestros pies. La caída es una muerte segura, no hay barreras que nos protejan, nuestro cuerpo es un enemigo más. La montaña se cobra su peaje y lo hace en su máxima expresión. No todos los que parten regresan con la misión cumplida, algunos ni siquiera pueden contarlo.

La cima a la que queremos llegar

Haskell Price y Suzanne Jensen tienen un negocio de recuperación de cadáveres de escaladores que dejaron su vida en la ascensión al Everest. Podríamos hacer diatribas interminables sobre la conveniencia o no de su actividad, sobre la ética de su actividad equiparable a la de los ladrones de tumbas, profanadores de cuerpos que no consiguieron regresar. Su precio por devolver a las familias lo que queda de sus seres queridos no es barato, el trabajo para conseguirlo tampoco es ni mucho menos sencillo. Pero el camino que Zan Jensen ha recorrido para llegar a ese punto de su existencia terrenal tampoco es baladí.

Christopher Sebela plantea en High Crimes un guion inteligente y repleto de claroscuros. La protagonista fue una snowborder de prestigio con varias medallas obtenidas en competiciones como los Juegos Olímpicos. Como las consiguió es harina de otro costal. Lo hizo bajo los efectos de sustancias dopantes. Perdió el derecho obtenido por aquellas victorias pero se negó a deshacerse de esos metales a los que aferra una parte de sí misma. Zan no está cerca de ser perfecta, es una mujer repleta de cicatrices que no consigue cerrar. Atormentada por su pasado ahoga sus penas en drogas y alcohol sin apenas lograr silenciar a sus propios demonios.

Si a todo esto le añadimos una enorme dosis de suspense ante el hallazgo de un cadáver cerca de la cima del Everest, por parte de Price, del que consigue rescatar, aparte de material orgánico (una mano) para identificar al cuerpo, un diario bastante completo… nos encontramos con los elementos perfectos para una historia de espías digna de lo mejor del género, sin escrúpulos, solo importa silenciar los cabos sueltos, no dejar versos que puedan destapar las sibilinas intenciones y secretos de aquellos que lo controlan todo desde las sombras.

Recreando la soledad de la pared de hielo

El dibujo de Ibrahim Moustafa recrea a la perfección la crudeza y la dureza que rodea la dificultad de recorrer el camino sembrado de trampas que lleva hasta la cima de la montaña más alta de la Tierra. Deja ver las aristas del alma de sus protagonistas, el empuje y el abandono, las motivaciones tanto para seguir adelante como para dejarse ir. Asistimos a la recreación visual de una ascensión peligrosa donde la muerte puede estar esperando en cada paso, tras un saliente, al cruzar una grieta del glaciar o tras un pequeño salto. La paleta de color pasa de lo lóbrego a la ausencia de filtros por la falta de atmosfera. Una bofetada de realidad absoluta, sin esconderse detrás de trampantojos, descarnado pero nunca soez.

High Crimes nos habla de un intento de redención por parte de más de un protagonista, por parte de la señorita Jensen pero también por el agente Sullivan Mars. Algunas veces se puede asistir con convencimiento a un espectáculo que nos consiga remover las entrañas. Sebela y Moustafa lo consiguen, aunque todavía no se vea la luz al final del túnel, aunque la montaña no nos devuelva la sonrisa, aunque nuestra alma no quede en paz.