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Reseña MARVEL Viuda Negra: Morir por la espada. Una breve etapa que merece ser recordada

Cuando una nueva serie abierta comienza llegan los temores sobre ventas, relevancia o como puede afectar el futuro a un personaje como la Viuda Negra. Panini Comics afronta el tomo final en tapa blanda de esta genial etapa de Natasha Romanoff.

Viuda Negra: Morir por la espada. El sentimiento de pertenencia

Para la Viuda Negra la vida no ha sido sencilla. Se crío para ser forjada como una de las espías más letales del otro lado del Telón de Acero, orgullo de la Madre Patria que era la Rusia comunista de la época que la vio nacer. Pronto sus alianzas e intereses la alejaron de la Sala Roja, ese lugar que a tantas jovencitas ha visto transformarse en monstruos cuyo objetivo siempre es meter un proyectil entre las cejas de aquel al que marcan como su enemigo, extraer la información necesaria sin descubrirse, como bellas y educadas damiselas ocultas tras una cortina que no deja ver sus verdaderas intenciones, aquello para lo que fueron entrenadas.

Natasha hace tiempo que abandonó aquel lugar, ha tenido aliados, amantes y sido miembro de importantes grupos de superhéroes. Por sus manos han pasado hombres como Matthew Murdock, Clint Barton o más recientemente Bucky Barnes. Ha conocido lo que es liderar a Los Vengadores y de forma breve, mientras apenas conseguíamos aprender que intentaban contarnos Kelly Thompson y Elena Casagrande en aquellos primeros episodios de la serie, hemos visto como conseguía una familia, un marido y un hijo, James y Stevie, algo a lo que aferrarse, aunque resultase ser un constructo falso.

La retrocontinuidad convertida en adalid

Ahora, en este violento y repentino arco argumental que da final a una serie que realmente merecía la pena, sobre todo por la evolución que estaba sufriendo Natasha más la gran cantidad de personajes que la rodeaban, empezando por la Viuda Blanca, esa Yelena Belova que siempre aspirará a ser su sucesora, aunque sus métodos no sean los mismos, esa rebelde con o sin causa que rompe con todo, como buen personaje que altera todo para dejarlo igual que estaba anteriormente. Es un placer verlas en acción, discutir por cual lleva la voz cantante, ser conscientes de todo aquello que las une aunque lo nieguen hasta el día del juicio final por la tarde.

Ambas, y el resto de sus acompañantes, se las van a tener que ver con Cuchilla Viviente, un rival a la altura al que no podemos encontrar en ninguna referencia anterior. Kelly Thompson crea aquí el perfecto ejercicio de retrocontinuidad a base de flashbacks que le colocan en anteriores encuentros ante Natasha, unos enfrentamientos que a ella le costó superar, prácticamente una némesis nacida casi hace sesenta años, desde que el personaje apareciese por primera vez en Tales of Suspense # 52 USA, con fecha de portada de enero de 1964, siendo rival de Iron Man.

Un equipo completo y complejo

Condensar personalidades tan dispares como las de ambas Viudas con el Soldado de Invierno, Ojo de Halcón (Clint Barton), además de Anya Corazón y Lucy Nguyen, que han venido a representar a esas jóvenes que reciben la formación necesaria para ser parte de las espías más peligrosas del comic, no es sencillo, pero en manos de Kelly Thompson todo fluye, incluso las desavenencias entre los personajes, lo que diferencia a cada uno de ellos, sus motivaciones y sentimientos. Apenas quince entregas que han dado para mucho pero han dejado ganas de algo más.

Elena Casagrande ha estado inmensa a lo largo de este poco más de un año de publicaciones, acompañada en este último tomo de Viuda negra por las colaboraciones de Rafael De Latorre y por Rafael T. Pimentel, los dos de origen brasileño. Al final una obra con un comienzo tan potente y con un desenlace repleto de momentos de elevado nivel creativo deja unas sensaciones encontradas. Por una parte que podía haber sido mucho más grande, una etapa prácticamente definitoria de los personajes principales. Por otra nos deja satisfechos, mejor poco y bueno que perdernos en el tiempo con tal de alargar la explotación de la gallina de los huevos de oro. Un gran broche a la etapa Thompson/Casagrande mientras se nos desliza una lagrimita por lo que pudo ser una vida feliz para una Natasha Romanoff que también lo merece.

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